HERMOSILLO, Sonora.- Tras tres años sin encontrar un empleo estable, Ana Guadalupe Martínez Gómez, de 37 años, decidió retomar una tradición familiar para generar ingresos. La residente de Hermosillo comenzó hace cinco semanas a preparar y vender nieve de pitaya en el bulevar Xólotl, en la colonia Cuauhtémoc Indeur. Esta actividad le permite cubrir las necesidades de sus dos hijos, Michelle Noemí Yépiz Martínez, de 20 años, y Abel Mateo Martínez Gómez, de 5.
La decisión surgió por la falta de oportunidades laborales formales. Antes de quedarse sin trabajo, Ana había laborado en empresas, incluida una de uniformes donde desarrolló habilidades como diseñadora. Esas competencias ahora las aplica en la elaboración de lonas y carteles para promocionar su puesto. Su experiencia previa en ventas también influyó en la forma de atender a los clientes que se acercan diariamente.
De la recolección familiar al negocio actual
La idea de vender nieve de pitaya proviene de los recuerdos de su infancia en Ures, Rayón y Carbó. Durante esas salidas con abuelos y tíos, la familia recolectaba la fruta directamente de las plantas. Ana describe ese proceso como una actividad que combinaba el trabajo con momentos de convivencia, lo que le permitió desarrollar un aprecio por el sabor de la pitaya. Hoy utiliza esa misma fruta, adquirida a proveedores de Carbó, para elaborar el producto que ofrece.
El procedimiento incluye retirar las espinas, extraer la pulpa y someter la mezcla a congelación en máquinas. Cada jornada Ana traslada los garrafones desde el sector Surponiente de la ciudad hasta su ubicación actual. Al inicio preparaba tres garrafones diarios; actualmente vende entre uno y dos según la demanda de vecinos de colonias como Altavista, Cuauhtémoc y Nuevo Hermosillo.

Condiciones para operar en la vía pública
El puesto opera bajo la sombra de un mezquite y con una malla que reduce la exposición directa al sol. Ana mantiene una hielera con agua y bebidas para hidratarse durante las horas de mayor temperatura. Estos ajustes forman parte de las medidas que ha adoptado para sostener la actividad en un entorno de altas temperaturas características de Hermosillo.
Los clientes incluyen jóvenes que regresan con familiares y adultos que se han convertido en compradores habituales. Ana ha señalado que recibe respaldo de vecinos y también de elementos de seguridad que han pasado por el lugar. Esa aceptación le ha permitido mantener el punto de venta sin interrupciones desde el inicio.
Perspectivas una vez que concluya la temporada
La temporada de pitaya se extiende solo algunas semanas más. Ana ha expresado que dejará de ofrecer este producto con cierta nostalgia debido al apoyo recibido, pero planea conservar el espacio en el bulevar Xólotl. Su intención es continuar con la venta de aguas de sabores una vez que finalice el ciclo de la fruta. Esta transición busca mantener la fuente de ingresos sin depender exclusivamente de un producto estacional.
Durante los tres años previos, Ana probó otras opciones como la venta de playeras, hielitos, chelines y pepiguates. Cada una de estas actividades respondió a la necesidad de cubrir gastos familiares en ausencia de un salario fijo. El actual emprendimiento representa la opción más reciente dentro de esa búsqueda continua de alternativas.
El caso de Ana refleja cómo algunas personas en Hermosillo combinan recuerdos personales con habilidades adquiridas en empleos anteriores para enfrentar periodos prolongados de desempleo. Su trayectoria muestra un proceso de adaptación que incluye el uso de recursos disponibles y la identificación de un producto con demanda local durante el verano.
