La discusión sobre Shein y Temu dejó de ser únicamente un asunto de precios bajos y compras individuales por internet. En el 38° Congreso Nacional de Exportadores, realizado en Cartagena, la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex) pidió a la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (Dian) reforzar la vigilancia sobre el comercio electrónico transfronterizo. La solicitud se centra en posibles fenómenos de ilegalidad y competencia desleal que, según los empresarios, pueden afectar a compañías que producen, importan y tributan bajo las reglas del mercado colombiano.
El reclamo: controles focalizados sobre el comercio transfronterizo
Ronald Bakalarz, presidente de la junta directiva de Analdex, sostuvo que las plataformas han alterado el equilibrio competitivo mediante un “aparente abuso” de los mecanismos habilitados para los envíos internacionales de bajo valor. Su petición no fue la de bloquear el comercio digital, sino la de utilizar información, tecnología y controles aduaneros para identificar operaciones que representen un riesgo real de incumplimiento, subvaloración, fragmentación de pedidos o evasión de obligaciones.
La precisión importa porque el comercio electrónico transfronterizo cumple una función legítima: amplía la oferta para los consumidores, reduce barreras de entrada y conecta a pequeños vendedores con mercados internacionales. Sin embargo, su crecimiento también ha puesto bajo presión sistemas aduaneros diseñados para supervisar cargas concentradas y no millones de paquetes individuales. Cuando el control no evoluciona al ritmo de las transacciones, la ventaja logística puede convertirse en una ventaja regulatoria para quienes eluden costos que sí enfrentan los actores formales.

La competencia no se resuelve con una prohibición
El principal desafío para la Dian consiste en separar la innovación comercial de las prácticas que distorsionan el mercado. Un endurecimiento indiscriminado de controles podría elevar tiempos y costos para consumidores, emprendedores y empresas que usan correctamente los canales digitales. Pero una supervisión insuficiente también profundiza la desventaja de comerciantes nacionales que asumen aranceles, IVA, costos de almacenamiento, nómina, seguridad social y requisitos de calidad.
Por ello, el planteamiento de Analdex apunta a una fiscalización basada en riesgo. La entidad podría cruzar datos sobre frecuencia de envíos, valor declarado, origen, tipo de mercancía, destinatarios recurrentes y patrones de pago para detectar operaciones atípicas. Esa estrategia permitiría concentrar recursos en los casos de mayor probabilidad de irregularidad, en lugar de convertir cada compra internacional en un trámite lento. La tecnología, en este escenario, no es un complemento administrativo: es la condición para que la regulación sea proporcional y aplicable.
La respuesta china desplaza la discusión hacia el modelo de negocio
El embajador de China en Colombia, Zhu Jingyang, respondió a las críticas defendiendo la capacidad competitiva de Shein y Temu. Afirmó que desacreditar esos modelos sin examinar las razones de su éxito no demuestra madurez y sugirió que las empresas deben aprender de sus competidores. Su intervención introdujo un contrapeso relevante: estas plataformas no solo compiten por eventuales vacíos regulatorios, sino también por una estructura basada en datos, publicidad digital, cadenas de suministro ágiles, producción ajustada a la demanda y una relación directa con el consumidor.
La observación no elimina las dudas sobre el cumplimiento de reglas comerciales y tributarias. Sí obliga a reconocer que la respuesta empresarial no puede limitarse a pedir mayor control estatal. Los comerciantes locales y las marcas tradicionales enfrentan un cambio de hábitos de consumo: compradores que comparan precios en tiempo real, esperan catálogos amplios y aceptan plazos de entrega mayores a cambio de descuentos. Una política pública eficaz debe proteger la competencia leal sin preservar ineficiencias operativas mediante barreras artificiales.
Exportar exige condiciones internas, no ventas ocasionales
Bakalarz conectó la controversia con una preocupación más amplia sobre la capacidad exportadora del país. “Exportar no es vender lo que sobra”, afirmó, al reclamar seguridad, estabilidad jurídica y económica, infraestructura, energía confiable, talento, financiación e instituciones coordinadas. La frase resume una dificultad estructural: las ventas externas sostenibles dependen de que las empresas puedan planear inversiones y escalar producción durante años, no de aprovechar excedentes temporales o una coyuntura cambiaria favorable.
El dirigente también cuestionó la incertidumbre tributaria y advirtió que las decisiones de instalar plantas, ampliar líneas de producción o convertir a Colombia en plataforma regional se calculan en horizontes de diez a quince años. Bajo esa lógica, la discusión sobre plataformas digitales es apenas una parte de un problema mayor. Una compañía que enfrenta crédito costoso, inseguridad en corredores logísticos, energía incierta y reglas cambiantes tiene menos margen para competir tanto en mercados externos como frente a importaciones de bajo costo.
Financiación y logística, dos cuellos de botella para las pymes
Analdex señaló que una tasa de interés situada en 12% encarece el capital de trabajo, con efectos particularmente severos sobre las pequeñas y medianas empresas. Para una pyme exportadora, financiar inventarios, pagar insumos antes de cobrar una venta internacional y cubrir variaciones de la tasa de cambio puede determinar la viabilidad de una operación. De ahí la petición para que Bancóldex, el Fondo Nacional de Garantías y la banca privada amplíen mecanismos de factoring internacional, seguros y coberturas cambiarias.
La propuesta tiene una implicación práctica: la competitividad no se mide solo en la puerta de la aduana. Un exportador puede tener un producto con demanda, pero perder una orden por falta de liquidez, demoras logísticas o costos financieros superiores a los de sus rivales. Mejorar el acceso al crédito y reducir riesgos comerciales puede producir resultados más duraderos que incentivos aislados, especialmente en sectores con ciclos productivos largos o destinos de pago diferido.
La Vuce como prueba de una reforma más profunda
El cierre de la intervención de Analdex se concentró en modernizar la Ventanilla Única de Comercio Exterior, Vuce. Bakalarz planteó que debe dejar de ser una suma de formularios digitales para convertirse en el “sistema operativo” del comercio exterior colombiano. La diferencia es sustancial: digitalizar un procedimiento no necesariamente elimina duplicidades, requisitos innecesarios ni falta de coordinación entre entidades. Una verdadera plataforma integrada debería permitir intercambio de datos, trazabilidad de trámites y decisiones más rápidas para los operadores cumplidos.
China, por su parte, mantuvo abierta la perspectiva de nuevas inversiones y producción local, incluidos proyectos de ensamblaje de electrodomésticos. Esa posibilidad depende de la relación económica de Colombia con China y Estados Unidos, pero también de la claridad de sus reglas internas. El debate sobre Shein y Temu revela, así, una tensión que el país tendrá que resolver: controlar con rigor las prácticas irregulares, aprovechar la transformación digital y construir un entorno donde producir, invertir y exportar desde Colombia resulte competitivamente viable.
