Análisis de riesgos del dólar en República Dominicana para 2026

La cotización del dólar estadounidense cerró el 29 de junio a 59 pesos dominicanos, marcando una baja diaria del 0,47 %. Aunque el movimiento inmediato parece limitado, la trayectoria proyectada hacia 2026 introduce variables que podrían alterar el equilibrio macroeconómico del país. El análisis de UBS y las estimaciones del Banco Central revelan un escenario de depreciación controlada que, si bien respalda el crecimiento, también expone sectores vulnerables a fluctuaciones abruptas.

Efectos sobre el turismo y la balanza de pagos

Una depreciación gradual del peso puede abaratar los servicios dominicanos para visitantes extranjeros y reforzar los ingresos por turismo, que representan una fuente clave de divisas. Sin embargo, la misma tendencia encarece las importaciones de bienes intermedios que requiere la hotelería, desde alimentos hasta equipamiento. Si la Reserva Federal mantiene tasas elevadas por más tiempo, el flujo de capital hacia economías emergentes podría reducirse, limitando la recuperación esperada del sector.

Las remesas, que compensan el déficit en cuenta corriente, también enfrentan riesgos. Una apreciación sostenida del dólar en el mercado global podría desincentivar el envío de dólares desde Estados Unidos si los migrantes perciben menor poder adquisitivo local. Esta dinámica introduce incertidumbre sobre si los superávits de servicios y remesas seguirán cubriendo el déficit proyectado entre 2 % y 2,5 % del PIB.

Presupuesto fiscal y presión sobre la deuda

El presupuesto suplementario de 2025 elevó el gasto de capital y amplió el déficit global al 3,5 % del PIB. Para 2026, el Ministerio de Hacienda apunta a reducirlo a 3,2 % con un superávit primario de 0,5 %. Esta meta depende de que el crecimiento del PIB alcance el 4 % impulsado por tasas de interés más bajas. Si la depreciación del peso se acelera por encima de las proyecciones del Banco Central (66,35 pesos en septiembre de 2026), el servicio de la deuda denominada en dólares se encarecería, erosionando el margen fiscal.

La deuda pública bruta, estimada en torno al 58 % del PIB, podría mantenerse estable solo si no ocurren shocks externos. Un evento climático severo, común en el Caribe, podría obligar a gasto extraordinario y elevar la relación deuda-PIB más allá de los niveles considerados sostenibles por los inversores.

Volatilidad cambiaria y decisiones de política monetaria

La volatilidad actual del 12,98 %, superior al promedio de referencia del 11,17 %, indica que el mercado cambiario ya opera con mayor inestabilidad. Las decisiones simultáneas del Banco Central dominicano y la Reserva Federal generan un margen estrecho para la política local. Una reducción agresiva de tasas en República Dominicana para estimular la demanda interna podría acelerar la salida de capitales y presionar aún más el tipo de cambio.

Por otro lado, mantener tasas altas para defender el peso encarecería el crédito interno y frenaría la inversión productiva que UBS considera necesaria para alcanzar el crecimiento proyectado. Esta disyuntiva limita el margen de maniobra de las autoridades monetarias.

Inversión extranjera y sectores estratégicos

La inversión extranjera directa estimada entre 3,5 % y 4 % del PIB se concentra en turismo, comercio, industria, energía e inmobiliario. Un entorno de depreciación controlada puede resultar atractivo para inversores que buscan activos en moneda local devaluada. No obstante, la misma volatilidad puede disuadir proyectos de largo plazo que requieren estabilidad cambiaria para calcular retornos en dólares.

Si los desafíos de gobernabilidad o eventos climáticos se materializan, los flujos de capital podrían desviarse hacia economías con marcos regulatorios más predecibles. Esto afectaría especialmente al sector energético, donde los contratos suelen estar denominados en dólares y cualquier retraso en pagos locales genera tensiones contractuales.

Incertidumbres externas y escenarios alternativos

El informe de UBS mantiene una visión optimista, pero advierte sobre riesgos típicos de mercados emergentes. Un fortalecimiento inesperado del dólar global hacia finales de 2026, combinado con menor dinamismo en Estados Unidos, podría reducir tanto el turismo como las remesas simultáneamente. En ese escenario, el déficit por cuenta corriente superaría fácilmente el 2,5 % del PIB, obligando al Banco Central a intervenir con reservas internacionales.

La estabilidad política y las políticas pro-mercado se mencionan como soportes del crecimiento. Sin embargo, cualquier cambio en el equilibrio legislativo tras las próximas elecciones podría alterar el ritmo de ejecución del presupuesto suplementario y modificar las expectativas de los inversores. La combinación de factores internos y externos configura un panorama donde el crecimiento del 4 % no está garantizado y depende de la capacidad de respuesta ante choques que aún no se han materializado.

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