Apagones alcanzarán al 72 % de Cuba

La Habana, 7 ago (EFE).- Cuba afrontará este viernes una de sus jornadas de mayor déficit eléctrico del año, con una afectación simultánea prevista de hasta el 72 % del país durante el pico de demanda de la tarde-noche. Los datos de la estatal Unión Eléctrica (UNE), cotejados por EFE, anticipan que la capacidad disponible será de apenas 940 megavatios frente a una demanda máxima estimada de 3.250 megavatios. Para evitar desconexiones desordenadas, el sistema deberá retirar de servicio unos 2.340 megavatios, una brecha que refleja la gravedad de la crisis energética que atraviesa la isla.

El cálculo supone que, en el momento de mayor consumo, menos de tres de cada diez megavatios requeridos podrán ser atendidos por la generación disponible. La UNE suele comunicar estas previsiones como “afectación” porque las empresas eléctricas aplican cortes programados o rotativos para equilibrar la red. Sin embargo, la magnitud anunciada limita el margen para distribuir el suministro entre territorios y anticipa interrupciones prolongadas en buena parte del país.

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La situación llega después de varios meses de deterioro acelerado. Cuba arrastra una crisis energética profunda desde mediados de 2024, vinculada al envejecimiento de su infraestructura, a décadas de insuficiente inversión y a la escasez de combustible. En lo que va de 2026 se han reportado siete apagones nacionales, episodios en los que el sistema eléctrico se desconecta completamente y cuya recuperación exige restablecer de forma gradual la generación y las redes de distribución.

Una brecha de generación difícil de cubrir

La limitación principal está en las plantas termoeléctricas, que aportan alrededor del 40 % de la matriz energética cubana y utilizan fundamentalmente crudo nacional. Nueve de las 16 unidades de generación existentes no estarán operativas este viernes, según la información oficial, por averías o mantenimientos. La indisponibilidad de más de la mitad de esos bloques reduce de manera sustancial la capacidad de respuesta precisamente en las horas de mayor consumo doméstico, comercial y de servicios.

Las termoeléctricas son instalaciones que requieren paradas periódicas y reparaciones complejas. Cuando los mantenimientos se posponen por falta de recursos, repuestos o financiamiento, el riesgo de fallos aumenta y las salidas de servicio pueden prolongarse. En el caso cubano, la fragilidad de esas unidades se combina con una demanda que no desaparece: aun con la actividad económica limitada, los hogares dependen de la electricidad para refrigeración, bombeo de agua, cocción cuando existen medios eléctricos y comunicaciones.

El segundo componente crítico son los grupos generadores distribuidos y otras unidades que funcionan con diésel y fueloil importados. Esta fuente representaba otro 40 % del mix energético, pero se encuentra paralizada por la falta de combustible. El problema ya existía antes de 2026, debido a la escasez de divisas para comprar carburantes en el exterior, y se ha agravado desde enero por el bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos, según la información recogida por EFE.

La presión sobre hogares y provincias

Las interrupciones no se reparten de forma homogénea. En La Habana, donde se concentra una parte relevante de la población, las instituciones estatales y la actividad económica, los cortes por déficit de generación permiten habitualmente apenas unas tres horas continuas de servicio al día. En las provincias, los apagones pueden superar las 40 horas seguidas. Esa diferencia territorial incrementa las dificultades para conservar alimentos, mantener pequeños negocios y acceder con regularidad a servicios que dependen de equipos eléctricos.

La previsión para este viernes no implica necesariamente que todos los municipios queden sin corriente al mismo tiempo ni durante idéntico lapso. La afectación se administra según la disponibilidad real, las averías que puedan surgir y las prioridades fijadas para infraestructura esencial. Pero el déficit previsto deja poco espacio para que esa gestión reduzca las molestias: una capacidad de 940 megavatios solo cubre una fracción de la demanda calculada para la tarde-noche, cuando el consumo residencial suele elevarse.

Además de las consecuencias cotidianas, los apagones prolongados presionan a las redes locales y obligan a las familias a buscar alternativas para cocinar, iluminarse o conservar productos básicos. También afectan a actividades productivas y de servicios, cuya continuidad depende de generadores propios o de horarios inciertos. La repetición de déficits tan altos convierte una contingencia operativa en un factor persistente para la vida económica y social de la isla.

Combustible, renovables e inversión pendiente

El 20 % restante de la matriz se obtiene mediante gas y fuentes renovables, principalmente energía solar, con apoyo chino en varios proyectos. Estas fuentes ayudan a diversificar la generación y pueden reducir el consumo de combustibles líquidos, pero su escala actual no compensa la indisponibilidad térmica ni la paralización de los generadores alimentados con importaciones. La energía solar, además, aporta más durante el día y no resuelve por sí sola el pico de demanda de la tarde-noche sin almacenamiento suficiente.

Las necesidades de combustible ilustran el desequilibrio. Diversas estimaciones citadas por EFE sitúan el consumo requerido de Cuba en algo más de 100.000 barriles diarios de petróleo para cubrir sus necesidades energéticas. La producción nacional ronda los 40.000 barriles diarios, por lo que el país depende del exterior para completar más de la mitad de ese volumen. Cuando se restringen las importaciones, el impacto se traslada rápidamente a la generación distribuida, al transporte y a otras actividades estratégicas.

Expertos independientes estiman que el saneamiento integral del Sistema Eléctrico Nacional requeriría entre 8.000 y 10.000 millones de dólares. Esa cifra abarca la reparación o sustitución de centrales envejecidas, mejoras en las redes, nueva capacidad renovable y mecanismos para asegurar combustible y mantenimiento. La distancia entre esa necesidad y los recursos disponibles explica por qué las medidas de emergencia pueden aliviar déficits puntuales, pero no eliminan las causas estructurales.

Para este viernes, la evolución dependerá de que la generación prevista se mantenga y de que no se produzcan nuevas averías. La advertencia de la UNE sitúa, no obstante, el problema en una escala excepcional: el sistema deberá operar con una capacidad muy inferior a la demanda nacional. Mientras persistan los fallos de las termoeléctricas y la restricción de combustibles importados, la recuperación estable del suministro seguirá condicionada por soluciones financieras, técnicas y logísticas de mayor alcance.

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