Argentina evitó una eliminación prematura en los octavos de final del Mundial 2026 al derrotar 3-2 a Egipto en un encuentro marcado por la irregularidad y la capacidad de reacción. El vigente campeón del mundo enfrentó una situación complicada desde el primer tiempo, cuando el equipo africano tomó la iniciativa con un planteamiento ofensivo que descolocó las expectativas previas.
El planteamiento egipcio desestabiliza a la Albiceleste
Desde el inicio, Egipto optó por presionar alto y buscar espacios detrás de la defensa argentina. Al minuto 15, Yasser Ibrahim cabeceó un centro preciso para adelantar a su selección. Este gol obligó a Argentina a modificar su esquema y asumir riesgos mayores en la construcción del juego. La Albiceleste, acostumbrada a controlar el ritmo en partidos anteriores, debió adaptarse a un escenario donde la posesión ya no garantizaba superioridad.
La respuesta llegó mediante una falta dentro del área que derivó en penal. Lionel Messi se hizo cargo de la ejecución, pero Ahmed Shobeir adivinó la trayectoria y mantuvo la ventaja egipcia. Este momento evidenció las dificultades de Argentina para convertir oportunidades claras bajo presión.

La segunda mitad y el ajuste táctico africano
Egipto cambió su estrategia tras el descanso, retrasando líneas y apostando por transiciones rápidas que aprovecharan la velocidad de Mohamed Salah. Aunque un gol de Mostafa Ziko fue anulado por falta previa, el equipo africano logró el 2-0 poco después. En ese tramo, Argentina mostraba dificultades para generar peligro constante y parecía encaminada hacia la salida del torneo.
La entrada en juego de mayor verticalidad permitió a Lionel Messi encontrar un pase clave hacia Cristian Romero. El central conectó de cabeza para descontar y modificar el impulso del partido. A partir de ese momento, la Albiceleste incrementó la intensidad en las llegadas y redujo los espacios que Egipto había explotado.
El empate de Messi y el gol definitivo
Al minuto 83, Messi recibió el balón en zona intermedia y definió con potencia para igualar el marcador. Este tanto, fruto de una lectura individual precisa, devolvió la confianza colectiva al equipo argentino. Los minutos finales mostraron un escenario de espacios abiertos donde ambos conjuntos acusaban el desgaste físico.
Argentina aprovechó una recuperación para lanzar un contraataque que culminó con un centro de Lautaro Martínez hacia Enzo Fernández. El mediocampista cabeceó sin marca para sellar el 3-2. La secuencia reflejó la capacidad del equipo para mantener la concentración hasta el final pese a las adversidades acumuladas.
Perspectivas para la siguiente fase
Con esta victoria, Argentina se clasificó a cuartos de final y enfrentará al ganador del cruce entre Suiza y Colombia. El partido ante Egipto reveló tanto las vulnerabilidades defensivas como la resiliencia ofensiva del plantel. El próximo rival requerirá un análisis detallado de transiciones y juego aéreo, aspectos que el equipo sudamericano deberá ajustar para sostener su objetivo de revalidar el título.
