Aunque México quedó fuera del Mundial 2026, el Ángel de la Independencia se tiñó de celeste y blanco. Cerca de 300 hinchas argentinos ocuparon el emblemático monumento en Paseo de la Reforma tras la remontada 2-1 de su selección ante Inglaterra. La zona, habitual escenario de festejos locales, se convirtió en escenario de otra afición que impuso su color sin resistencia visible.

El hecho revela cómo Ciudad de México funciona como espacio compartido durante grandes torneos. Colombianos e ingleses ya habían usado el mismo punto; ahora los argentinos lo reclamaron. Esta rotación de banderas en un mismo monumento muestra que la afición visitante no solo celebra resultados, sino que reconfigura temporalmente el paisaje urbano sin necesidad de permiso oficial.
Una capital que recibe colores ajenos
El tricolor mexicano cedió protagonismo de forma natural. En lugar de tensión, se observó una continuidad de la fiesta: el mismo espacio que vibró con la eliminación local ahora amplificó la euforia sudamericana. Este patrón indica que los grandes eventos deportivos generan una especie de neutralidad simbólica en sitios icónicos, donde la identidad nacional se presta y se recupera según el resultado del día.
