Arquitectura antisísmica: claves para resistir terremotos

Madrid, 30 jun (EFE).- Los recientes sismos en Venezuela han puesto de relieve cómo decisiones técnicas adoptadas en la fase de diseño pueden marcar la diferencia entre el colapso total y la preservación de vidas. Construir sobre suelos firmes, emplear hormigón armado con armadura metálica y optar por volúmenes compactos son algunas de las estrategias que la arquitectura contemporánea aplica para mitigar el impacto de movimientos telúricos de gran magnitud.

Eugenia del Río, secretaria del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, explica que el objetivo no consiste en impedir todo movimiento, sino en controlar la respuesta estructural. “El edificio debe absorber energía sin llegar al colapso”, señala. Esta premisa, aplicada desde la elección del terreno hasta el detalle de los acabados, define el margen de seguridad que separa un edificio habitable de una ruina tras un evento sísmico.

El terreno como primer elemento estructural

La capacidad portante del suelo determina cómo se transmiten las ondas sísmicas. Terrenos rocosos disipan mejor la energía que los suelos arcillosos o arenosos, donde la licuefacción puede convertir el subsuelo en un fluido inestable. En zonas costeras venezolanas, donde el nivel freático es elevado, los ingenieros deben recurrir a pilotes que anclen la cimentación en estratos más profundos y estables. Esta solución encarece la obra, pero reduce drásticamente el riesgo de desplazamientos diferenciales que provocan grietas irreparables.

Materiales con ductilidad controlada

El hormigón armado sigue siendo el material preferido en regiones sísmicas porque combina alta resistencia a compresión con la ductilidad que aporta la armadura de acero. La madera estructural, más ligera, también ofrece buen comportamiento cuando se emplea en sistemas debidamente conectados. En cambio, los muros de mampostería sin refuerzo carecen de capacidad de deformación y suelen fallar de forma frágil, como se observó en múltiples edificaciones antiguas de Venezuela.

Un error recurrente consiste en proyectar plantas bajas diáfanas destinadas a comercios o aparcamientos. Estas “plantas blandas” concentran deformaciones excesivas y generan un efecto de columna corta que multiplica los daños. La norma actual en España y en países con normativa sísmica limita estos espacios o exige refuerzos adicionales en los pilares.

Geometría y mantenimiento: factores decisivos

Las formas simples y regulares distribuyen mejor las fuerzas horizontales. Voladizos pronunciados, cambios bruscos de altura o plantas en L generan concentraciones de tensión que aceleran el deterioro. Del Río advierte que incluso edificios que parecen intactos tras el sismo pueden ocultar daños estructurales graves y requerir inspección individual antes de permitir el acceso.

El coste adicional de aplicar criterios antisísmicos en obra nueva oscila entre un 5 y un 15 % según la zona, una cifra que se multiplica cuando se trata de reforzar estructuras existentes. La diferencia, sin embargo, resulta menor que el precio de la reconstrucción posterior a un colapso. En Venezuela, donde muchos inmuebles fueron levantados antes de la entrada en vigor de normas modernas o carecen de mantenimiento, la vulnerabilidad acumulada explica la magnitud de los daños registrados por la NASA mediante imágenes satelitales.

Lecciones para la reconstrucción

La fase de búsqueda y retirada de escombros debe ir acompañada de una evaluación sistemática de cada edificio. Las normas sísmicas que se apliquen en la reconstrucción exigirán limitar huecos de fachada, reforzar dinteles y garantizar la continuidad de los sistemas de arriostramiento. Arquitectos españoles han ofrecido ya su colaboración voluntaria, conscientes de que la transferencia de conocimiento técnico puede acelerar la adopción de soluciones probadas.

El doblete sísmico del 25 de junio, con magnitudes 7,2 y 7,5, ha dejado un saldo provisional de decenas de miles de edificaciones afectadas. La experiencia acumulada en otras regiones sísmicas demuestra que la combinación de suelo adecuado, materiales dúctiles y geometría regular sigue siendo la estrategia más eficaz para reducir pérdidas humanas y económicas. Aplicar estos principios de forma consistente representa la diferencia entre una catástrofe recurrente y una gestión del riesgo que permita a las comunidades recuperarse con mayor rapidez.

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