Un residente de Chicago denunció que varias ratas le mordieron el rostro mientras dormía en su departamento de Rogers Park. El hecho ocurrió hace aproximadamente tres semanas, según relató Heriverto Hernandez a la cadena Fox32. El hombre afirmó que había reportado durante meses la presencia de roedores en el edificio sin que la administración tomara medidas efectivas.
El incidente se suma a una serie de quejas sobre condiciones de habitabilidad en complejos residenciales de la ciudad, donde el control de plagas y el mantenimiento estructural suelen generar tensiones entre inquilinos y propietarios. Hasta el momento, las versiones de las partes involucradas difieren en aspectos clave y no existe resolución oficial de autoridades sanitarias o judiciales.
El relato del afectado
Hernandez explicó que regresó exhausto de su jornada laboral y se acostó como de costumbre. Alrededor de las 3:00 de la madrugada sintió a los roedores sobre su cara. “Dormía por la noche. Trabajo en la ciudad y estaba realmente cansado. Me fui a dormir y las ratas me atacaron sobre las 3 de la madrugada. Los sentí en mi cara y los aparté”, declaró al medio estadounidense. El inquilino aseguró que el episodio se produjo tras reiteradas denuncias previas sobre la infestación en el complejo habitacional.
El testimonio coincide con reportes similares que han surgido en otras zonas urbanas de Estados Unidos, donde edificios antiguos enfrentan dificultades para mantener sistemas de control de plagas eficaces. Rogers Park, al norte de Chicago, concentra varios complejos construidos hace décadas que requieren intervenciones frecuentes de fumigación y sellado de grietas.

Atención médica recibida
Tras el ataque, Hernandez acudió a un centro médico donde le administraron una vacuna profiláctica contra la rabia y un tratamiento con antibióticos para prevenir infecciones secundarias. Según la información difundida, uno de sus ojos permanecía irritado días después del incidente. No se han publicado actualizaciones posteriores sobre su estado de salud ni sobre posibles secuelas a largo plazo.
Los casos de mordeduras de roedores en entornos urbanos suelen requerir este tipo de protocolo preventivo debido al riesgo de transmisión de patógenos como Leptospira o hantavirus. Sin embargo, la falta de datos oficiales sobre el número de infestaciones reportadas en el edificio impide dimensionar la magnitud del problema más allá del testimonio individual.
Quejas colectivas y respuesta de la administración
Hernandez forma parte de Fuerzas Activas de la Damen, un sindicato vinculado a la All-Chicago Tenant Alliance. La organización sostiene que otros residentes también han reportado ratas, cucarachas y deficiencias en el mantenimiento general del inmueble. Según la agrupación, estas quejas fueron presentadas previamente a la empresa gestora sin obtener respuestas satisfactorias.
Por su parte, ARK Management, responsable del edificio, rechazó las acusaciones y señaló que Hernandez enfrentaba un proceso de desalojo por adeudo de renta correspondiente a ocho meses. La empresa afirmó haber ofrecido al inquilino la opción de mudarse a una unidad renovada dentro del mismo complejo. En un comunicado, la compañía expresó su compromiso de “mejorar el edificio, abordar problemas de larga duración y proporcionar viviendas seguras y de calidad”, e identificó la falta de comunicación con algunos residentes como uno de los principales obstáculos.
Perspectiva legal y obligaciones del propietario
El abogado Jake Marshall-Braun, que representa a varios inquilinos del complejo, recordó que las responsabilidades del propietario en materia de mantenimiento y control de plagas persisten independientemente del estado contractual de los arrendatarios. “La responsabilidad del propietario de mantener su edificio no termina cuando un inquilino está atrasado en el alquiler o en procedimientos de desahucio”, declaró al medio local. Esta postura refleja un principio jurídico habitual en Illinois, donde las normas de vivienda exigen condiciones mínimas de salubridad incluso durante disputas por pago.
El conflicto ilustra tensiones estructurales presentes en el mercado de alquiler de Chicago. Los procesos de desalojo por falta de pago suelen coincidir con reclamos de inquilinos sobre condiciones deficientes, lo que genera interpretaciones divergentes sobre quién debe asumir primero la solución de problemas de plagas. Las autoridades locales cuentan con mecanismos de inspección, aunque su aplicación depende de denuncias formales y de la capacidad de respuesta de las agencias correspondientes.
Hasta la fecha no se ha informado de una investigación oficial ni de pronunciamientos por parte de la Departamento de Salud Pública de Chicago o instancias judiciales que determinen responsabilidades definitivas. El caso permanece como un enfrentamiento de versiones entre el testimonio del afectado, las explicaciones de la administración y las demandas colectivas de otros residentes.
