Los precios del petróleo rebotaron con fuerza en la apertura de los mercados asiáticos luego de que el ejército de Estados Unidos informara haber interceptado varios misiles balísticos lanzados por Irán contra fuerzas estadounidenses en Medio Oriente. El movimiento cortó de tajo una racha de tres jornadas consecutivas de pérdidas que había llevado a los referenciales a ceder hasta 18 por ciento en ese lapso, en un contexto de pausa temporal en los hostilidades y señales de menor demanda global.
En la sesión nocturna del martes en Asia, el Brent avanzaba 3.9 por ciento, hasta 85.26 dólares por barril, mientras el West Texas Intermediate (WTI) ganaba 4.55 por ciento y se ubicaba en 82.87 dólares. El comunicado del Comando Central de Estados Unidos subrayó que sus fuerzas permanecen “vigilantes”, aunque no precisó la ubicación exacta del objetivo que Teherán habría intentado atacar. El anuncio bastó para reactivar el premio de riesgo geopolítico que los mercados habían comenzado a descontar.

Horas antes, el panorama era otro. El martes, los futuros del Brent retrocedieron 6.28 dólares, o 7.11 por ciento, para cerrar en 82.08 dólares el barril. El WTI perdió 3.35 dólares, equivalente a 4.06 por ciento, y terminó en 79.26 dólares. La mezcla mexicana de exportación se ubicó en 75.17 dólares por barril, con una baja de 4.02 dólares o 5.08 por ciento. Con esa tercera jornada a la baja, el descenso acumulado alcanzó 18.45 por ciento para el Brent, 14.11 por ciento para el WTI y 18.01 por ciento para el crudo mexicano.
Optimismo diplomático choca con nuevos ataques
La caída previa se apoyaba en dos pilares. Por un lado, la pausa temporal en los ataques entre Estados Unidos e Irán alimentó la expectativa de una desescalada. Por otro, crecieron las señales de una demanda global menos robusta de lo anticipado. Gabriela Siller, directora de Análisis de Banco Base, apuntó que las presiones a la baja también respondían a la especulación de que Irán y Omán se encuentran en conversaciones para reanudar el cruce de buques a través del Estrecho de Ormuz, arteria por la que transita una fracción crítica del suministro petrolero mundial.
Expertos de Banorte coincidieron en que los precios extendieron pérdidas fuertes a medida que crecía el optimismo sobre posibles pláticas entre Washington y Teherán para poner fin al conflicto. Advirtieron, no obstante, que la cautela no desaparece: el tránsito por el Estrecho de Ormuz se mantiene prácticamente detenido, lo que deja al mercado expuesto a cualquier resurgimiento de la tensión.
Analistas de Scotiabank recordaron que el presidente Donald Trump afirmó que Estados Unidos sostiene “buenas conversaciones” con Irán, aunque advirtió que podría reanudar los ataques si las negociaciones fracasan. Al mismo tiempo, milicias respaldadas por Teherán atacaron a aliados estadounidenses en el Golfo, y las imágenes satelitales mostraron daños en dos centros de datos de Amazon en Baréin, lo que reforzó las afirmaciones iraníes de haber ejecutado esos golpes. El contraste entre la retórica diplomática y los hechos en el terreno explica la volatilidad extrema de las últimas sesiones.
OPEP+ frena alzas y mira hacia 2027
En paralelo al vaivén geopolítico, la Organización de Países Exportadores de Petróleo y sus aliados (OPEP+) se prepara para suspender sus aumentos graduales de producción a partir de septiembre y durante el resto de 2026. Cuatro fuentes del grupo indicaron que la alianza necesita nuevas conversaciones antes de fijar las cuotas de 2027. La pausa pondría fin a varios meses de incrementos de bombeo que, en la práctica, se quedaron en gran medida sobre el papel, porque la guerra en Irán obligó a miembros de Medio Oriente a recortar exportaciones reales.
Es probable que siete miembros clave —Arabia Saudita, Rusia, Irak, Kuwait, Argelia, Kazajistán y Omán— elevan el 2 de agosto su objetivo de producción en unos 188,000 barriles diarios para septiembre, la misma cifra aplicada en junio, julio y agosto. Ese ajuste completaría la retirada gradual del recorte de 1.65 millones de barriles diarios acordado en 2023, cuando el grupo aún contaba con Emiratos Árabes Unidos, que abandonó la OPEP en mayo pasado.
“No habrá más cambios durante el resto del año. Se mantendrán los niveles actuales de producción hasta que las nuevas cuotas entren en vigor en enero de 2027”, señaló una de las fuentes, todas bajo condición de anonimato. Aclararon que aún no existe una decisión definitiva. Ni la OPEP ni las autoridades rusas respondieron a solicitudes de comentarios.
Capacidad, cuotas y el fantasma del superávit
La política de producción para 2027 estará condicionada por factores externos e internos. El grupo mantiene vigente una última ronda de recortes de 2 millones de barriles diarios, heredada de 2022 y aplicable a la mayoría de los miembros hasta finales de 2026. Además, una de las fuentes indicó que la OPEP+ realiza una revisión de la capacidad de producción de sus integrantes, base sobre la cual se establecerán las referencias de 2027. Sin ese resultado, el bloque no definirá los siguientes pasos.
Algunos productores, entre ellos Irak, presionan para elevar sus cuotas individuales y reflejar una mayor capacidad instalada. Ese debate podría poner a prueba la cohesión de la alianza. A ello se suma el panorama de mercado que proyecta la Agencia Internacional de la Energía: un superávit significativo en 2027, cuya magnitud dependerá de si se reanudan los flujos por el Estrecho de Ormuz. Si el corredor marítimo vuelve a operar con normalidad y la oferta adicional de la OPEP+ se materializa, el exceso de barriles podría reaparecer con fuerza.
En lo que va del año, pese a la corrección reciente, el crudo mexicano aún sube 40.19 por ciento, el Brent 34.89 por ciento y el WTI 38.04 por ciento. Esas ganancias acumuladas reflejan el premio de riesgo que el conflicto ha inyectado a los precios desde el inicio de las hostilidades. El rebote asiático de esta madrugada confirma que cualquier escalada militar sigue siendo capaz de borrar en horas las apuestas a la distensión.
El mercado queda así atrapado entre dos fuerzas opuestas: la esperanza de un entendimiento diplomático que reabra rutas y libere oferta, y la evidencia de que los misiles y los ataques a infraestructura civil y militar continúan. Mientras el Estrecho de Ormuz siga prácticamente cerrado y las conversaciones entre Washington y Teherán no produzcan hechos verificables, la volatilidad en el crudo permanecerá como la norma, no como la excepción.
