La Junta Directiva del Banco de la República se reúne este viernes 31 de julio en la última sesión del organismo durante el gobierno de Gustavo Petro. El mercado se encuentra dividido entre un incremento de 50 o 75 puntos básicos que podría situar la tasa de interés en 12,50% o 12,75%. Esta decisión marcaría también el nivel final del actual ciclo de endurecimiento monetario antes de un periodo prolongado de estabilidad.
La última reunión bajo el actual gobierno
La decisión se dará a conocer hacia las 1:15 p. m. en un contexto donde el dólar ha caído hasta 3.097 pesos, por debajo del piso de 3.100 y en niveles mínimos desde abril de 2019. Ese movimiento ha reactivado el interés sobre los mecanismos con los que el emisor puede intervenir en el mercado cambiario. La mayoría de las encuestas de expectativas apunta a un incremento de 50 puntos básicos. Según Anif, el 66,7% de los analistas prevé ese ajuste, que ubicaría la tasa en 12,50%. La Encuesta de Opinión Financiera de Fedesarrollo y la BVC, así como la encuesta mensual del propio banco central, muestran una expectativa similar tanto para julio como para el cierre del año.
Divisiones entre analistas y entidades financieras
El banco emisor tendrá la misión de definir si el costo del dinero sube de nuevo y hasta qué punto. Esta decisión afecta el crédito, el consumo, la inversión y el ritmo de convergencia de la inflación hacia la meta del 3%. La sesión también cierra un ciclo de fricciones entre el Gobierno del presidente Petro y el emisor, marcadas por tensiones y la amenaza de que el ministro de Hacienda no asistiera a la junta. Esa controversia llegó a los tribunales y el Consejo de Estado suspendió provisionalmente la norma que exigía su presencia obligatoria. Otra particularidad es que dejará definido el nivel de tasa con el que iniciará su mandato Abelardo de la Espriella.

Argumentos a favor de un ajuste mayor
El debate no se limita a un ajuste de julio, sino que puede redefinir la discusión futura de la política monetaria, que pasaría del tamaño de las subidas al tiempo durante el cual se mantendrá una postura restrictiva. Entre quienes prevén un movimiento mayor está Bancolombia, cuyo equipo de investigaciones espera un aumento de 75 puntos básicos hasta 12,75%. En su análisis, esa decisión respondería a un panorama inflacionario que seguirá deteriorándose durante el segundo semestre por la persistencia de mecanismos de indexación, la solidez de la demanda interna, el ajuste de tarifas reguladas y choques de oferta sobre alimentos. Las expectativas de inflación para el cierre del año están en 6,52%, muy por encima de la meta del 3%.
Postura de otros bancos internacionales
Deutsche Bank reafirmó un escenario de alza de 50 puntos básicos y sostuvo que el banco central todavía tiene margen para endurecer la política porque la economía colombiana mostró solidez, apoyada en el Indicador de Seguimiento a la Economía de mayo, que avanzó 4,1%. En la misma línea, Amif registró tres entidades que esperan un aumento de 75 puntos básicos. Banco Itaú proyecta una tasa terminal de 13% al cierre del año, mientras Banco de Bogotá anticipa una referencia máxima más alta en los próximos meses y menos recortes en 2027 a partir de las expectativas de inflación y tasas que refleja el mercado de deuda pública.
Efectos inmediatos en hogares y empresas
Para los hogares y las empresas el efecto de una tasa alta es inmediato. Según un informe de KPMG en Colombia, las familias enfrentan créditos de consumo, tarjetas y préstamos de vivienda más costosos, lo que las obliga a aplazar decisiones de gasto de mayor valor. En las empresas el impacto recae sobre el capital de trabajo y las obligaciones a tasa variable. Fabián Echeverría, socio risk consulting de KPMG en Colombia, advirtió que ese encarecimiento reduce el margen para operar, invertir, contratar o expandirse. El escenario base de Bancolombia plantea que, si la junta decide cerrar el ciclo en julio, la tasa podría permanecer estable en 12,75% hasta el primer semestre de 2027. Solo una reducción sostenida de las presiones sobre los componentes más persistentes del índice de precios al consumidor abriría espacio para un ciclo gradual de recortes.
Instrumentos disponibles para el mercado cambiario
Más allá de las tasas, el banco central cuenta con instrumentos para intervenir el mercado cambiario. De acuerdo con la Resolución Externa No. 1 de 2018, puede comprar o vender divisas para regular la liquidez del mercado financiero, asegurar el funcionamiento normal de los pagos internos y externos, evitar fluctuaciones indeseadas de la tasa de cambio y acumular o desacumular reservas internacionales. El esquema de flotación cambiaria en Colombia rige desde septiembre de 1999. Antes de eso operó una banda cambiaria establecida en 1994, bajo la cual el emisor vendía o compraba dólares en los extremos fijados para contener variaciones bruscas de la tasa de cambio. La reglamentación actual autoriza operaciones como venta de opciones put y call a tasas de mercado mediante subasta, venta de divisas de contado con contratos FX swap y venta de divisas mediante contratos forward de cumplimiento financiero.
Estas herramientas permiten al emisor actuar con flexibilidad ante movimientos excesivos del dólar sin alterar el esquema de flotación. La experiencia de la banda cambiaria anterior muestra que las intervenciones en los extremos ayudaban a contener la volatilidad, aunque el actual sistema otorga mayor discrecionalidad al banco central. En un entorno donde la inflación sigue por encima de la meta y las expectativas permanecen elevadas, la decisión de julio no solo cierra un ciclo de alzas sino que también establece las condiciones bajo las cuales se evaluarán futuros recortes.
