Las expectativas privadas sobre la economía mexicana mostraron una mejoría marginal en agosto, aunque todavía reflejan un escenario de expansión moderada y con obstáculos importantes. La Encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado, elaborada por el Banco de México (Banxico), ubicó en 1.30 por ciento la previsión de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) para el cierre de 2026, frente al 1.20 por ciento estimado en julio.
El ajuste representa un incremento de 0.10 puntos porcentuales y constituye una señal de mayor confianza en el desempeño de la actividad durante el año. Sin embargo, el avance no modifica el diagnóstico de fondo: los analistas anticipan una economía con bajo dinamismo, cuya capacidad de crecimiento permanece condicionada por factores institucionales, externos y de demanda interna.
Una mejora puntual que no cambia el panorama de bajo crecimiento
En la encuesta participaron 41 grupos de análisis y consultoría, tanto nacionales como extranjeros. Para 2027, la expectativa se mantuvo sin cambios en 1.80 por ciento, lo que sugiere que la revisión al alza para 2026 responde más a una corrección de corto plazo que a una transformación de las perspectivas estructurales.
La proyección para 2028, en cambio, descendió de 2.0 a 1.92 por ciento. También se redujo ligeramente el pronóstico promedio de crecimiento para los próximos 10 años: pasó de 1.83 por ciento en julio a 1.80 por ciento en agosto. La combinación de estos datos plantea una lectura dual: existe una percepción algo menos negativa sobre el cierre inmediato de 2026, pero no se observa una aceleración sostenida de la economía mexicana en el horizonte de mediano y largo plazo.

La gobernanza continúa como el principal riesgo
El mayor obstáculo identificado por los especialistas fue el grupo de factores relacionados con la gobernanza, mencionado en 41 por ciento de las respuestas. En esta categoría se incluyen la inseguridad pública, la corrupción, la incertidumbre política interna, la impunidad y otros problemas vinculados con el Estado de derecho.
Aunque la proporción bajó desde el 44 por ciento registrado en julio, la gobernanza se mantiene claramente como la principal preocupación para el crecimiento. La reducción de tres puntos no implica que el riesgo haya desaparecido, sino que otros factores ganaron peso relativo en la evaluación de los analistas.
Dentro de este conjunto se observó una mejoría en la percepción sobre la inseguridad pública: en agosto fue señalada por 15 por ciento de las respuestas, frente a 21 por ciento un mes antes. No obstante, aumentaron las menciones relacionadas con la corrupción y la incertidumbre política interna. Esto indica que la preocupación no se limita a la violencia o a la seguridad cotidiana, sino que abarca la calidad institucional y la previsibilidad de las decisiones públicas.
Presiones externas y debilidad doméstica completan el mapa de riesgos
Las condiciones externas ocuparon el segundo lugar entre los grupos de factores que podrían limitar la expansión, con 26 por ciento de las respuestas, el mismo nivel que en julio. La política de comercio exterior concentró 15 por ciento de las menciones, mientras que la inestabilidad política internacional aumentó de 5 a 6 por ciento.
En contraste, la debilidad del mercado externo y de la economía mundial fue mencionada por 2 por ciento de los especialistas, un punto porcentual menos que en la encuesta previa. El resultado sugiere que, en agosto, los analistas otorgaron mayor importancia a las decisiones de política comercial y a la incertidumbre geopolítica que a una desaceleración general de la economía global.
El tercer grupo correspondió a las condiciones económicas internas, que concentraron 25 por ciento de las respuestas, frente a 22 por ciento en julio. El incremento estuvo asociado principalmente a la ausencia de cambio estructural en México, con 10 por ciento; la debilidad del mercado interno, con 7 por ciento, y la incertidumbre sobre la situación económica nacional, con 5 por ciento.
El desafío es convertir la revisión positiva en una tendencia
La encuesta muestra que el ajuste de 2026 debe interpretarse con cautela. Una mejora de una décima puede reflejar una mayor resiliencia de la actividad en el corto plazo, pero no basta para confirmar una recuperación robusta. La estabilidad de la previsión para 2027 y la reducción de las expectativas para 2028 refuerzan la idea de que los especialistas no anticipan, por ahora, un cambio significativo en la trayectoria de crecimiento.
La persistencia de los riesgos de gobernanza también tiene efectos económicos concretos: puede elevar los costos de operación, retrasar inversiones, reducir la confianza empresarial y limitar la productividad. Del mismo modo, un mercado interno débil restringe el consumo y dificulta que la economía compense eventuales choques provenientes del exterior.
El dato más relevante de agosto no es únicamente que el pronóstico para 2026 haya subido a 1.30 por ciento, sino que la revisión ocurre dentro de un escenario de crecimiento potencial reducido. Para que la mejora se consolide, tendría que acompañarse de mayor certidumbre institucional, fortalecimiento de la demanda interna y condiciones externas menos adversas. Sin esos cambios, el avance de las expectativas podría mantenerse como un ajuste aislado y no como el inicio de una fase sostenida de expansión.
