En el condado de Steuben, Nueva York, la granja Lent Hill Dairy Farm ha puesto en marcha un sistema que transforma el estiércol de más de cuatro mil vacas y residuos alimentarios en gas natural renovable. Este combustible se destina directamente a una instalación de minería de criptomonedas ubicada en el mismo predio. El proyecto, desarrollado junto a Ag-Grid Energy, constituye el primer caso documentado en Estados Unidos donde el biogás generado en una lechería se utiliza para alimentar operaciones de computación intensiva.
Los dos digestores anaeróbicos procesan diariamente más de 170.000 litros de material orgánico. El biogás resultante se emplea para generar electricidad que alimenta servidores dedicados a minería de criptomonedas. Rashi Akki, fundadora de Ag-Grid Energy, ha señalado que el modelo podría replicarse en tambos de tamaño medio para abastecer pequeños centros de datos orientados a inteligencia artificial, aprovechando conexiones de fibra óptica ya existentes en zonas rurales.
Contexto de la demanda energética
Los centros de datos consumen actualmente el 4,9 % de la electricidad en Estados Unidos. Proyecciones de la industria indican que esta proporción podría duplicarse hacia 2030. Empresas tecnológicas buscan fuentes de energía que no sobrecarguen la red eléctrica convencional. Microsoft ya ha firmado acuerdos en California para utilizar gas natural renovable como respaldo en algunas de sus instalaciones. Patrick Serfass, director ejecutivo del American Biogas Council, considera que el biogás puede complementar la demanda de energía constante y de alta capacidad que requieren estas infraestructuras.

Estados Unidos ha desarrollado solo entre el 10 % y el 15 % de su capacidad potencial de biogás. Los subsidios públicos han impulsado la expansión de digestores. El programa californiano Low-Carbon Fuel Standard financia cerca de doscientos proyectos en dieciséis estados. La Inflation Reduction Act de 2023 destinó más de 150 millones de dólares a iniciativas de biogás, mientras que Michigan aprobó bonos por más de 100 millones de dólares para este tipo de instalaciones.
Críticas sobre impacto ambiental
Investigadores y organizaciones comunitarias cuestionan tanto la eficacia climática como las consecuencias de estos proyectos. Sarah D’Onofrio advierte que el gas natural renovable puede mezclarse con gas convencional sin requerir cambios en la infraestructura, lo que permite a las empresas presentar el suministro como sustentable sin reducir emisiones de forma significativa. El beneficio real, según D’Onofrio, exige una transición hacia fuentes limpias en lugar de sustitutos renovables de combustibles fósiles.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos ha señalado que el digestato, subproducto de los digestores, puede contaminar más que el estiércol sin procesar. Brent Kim, del Johns Hopkins Center for a Liveable Future, describe los subsidios como un incentivo perverso que podría hacer que el valor del estiércol supere al de la leche. Un estudio de su equipo concluye que los digestores reducen emisiones de metano a corto plazo pero pueden aumentar las de amoníaco y otros contaminantes.
Resistencia local y efectos en comunidades
En Wisconsin, el condado de Kewaunee registró un aumento del 58 % en el tamaño de los rodeos desde la instalación de digestores. Datos de Friends of the Earth muestran que las lecherías con esta tecnología incrementaron sus hatos un 3,7 % anual, una tasa 24 veces superior a la de granjas sin digestores. En Lind, Wisconsin, residentes rechazaron en 2024 un proyecto de Vanguard Renewables tras más de un año de oposición debido a preocupaciones por emisiones, tráfico de camiones y contaminación del agua.
Productores rurales como Lynn Henning en Michigan han señalado que cuando el estiércol se vuelve más valioso que la leche, cambia el sentido de la actividad agropecuaria. Kathy Morrison, también de Michigan, ha relatado que la cercanía a un digestor a gran escala deterioró su calidad de vida por el olor persistente del digestato. Morrison no rechaza la tecnología en versiones pequeñas y controladas, pero cuestiona los proyectos de gran escala orientados principalmente al lucro.
El World Resources Institute estima que los digestores reducen solo alrededor del 25 % del metano generado por el almacenamiento de estiércol. Mientras tanto, los animales criados en establecimientos industriales en Estados Unidos generan anualmente 427 millones de toneladas de estiércol, con efectos documentados sobre la calidad del aire y el agua en zonas rurales. La entrada de los centros de datos añade una nueva variable a este equilibrio ya tensionado entre desarrollo económico, subsidios públicos y protección ambiental.
