El Decreto 242 de 2026 firmado por el alcalde Carlos Fernando Galán marca un punto de inflexión en la planificación urbana de Bogotá al establecer la Actuación Estratégica Calle 72. Esta iniciativa abarca 140 hectáreas entre la avenida Caracas y la carrera 68, desde la calle 68 hasta la 74, y proyecta su ejecución durante 25 años bajo la coordinación de RenoBo y la Secretaría Distrital de Planeación.
Antecedentes de deterioro y fragmentación urbana
Durante décadas el corredor de la calle 72 experimentó un proceso de degradación ambiental y social que limitó su potencial como eje de conexión entre el centro y el occidente de la ciudad. El déficit de espacio público alcanzaba niveles críticos, con apenas 27.000 metros cuadrados efectivos, mientras la arborización disminuía notablemente hacia el occidente. La fragmentación peatonal y la escasez de vivienda social generaron una zona desconectada de los sistemas de transporte masivo, a pesar de su proximidad a las futuras líneas del Metro y las troncales de Transmilenio.
Experiencias similares en ciudades latinoamericanas, como el corredor de la avenida Paulista en São Paulo o la renovación del eje Alameda en Santiago de Chile, demuestran que intervenciones integrales pueden revertir décadas de abandono cuando se combinan vivienda, espacio público y conectividad. En Bogotá, la falta de un plan coherente había perpetuado un círculo vicioso de baja inversión y deterioro progresivo.
Articulación con sistemas de transporte y visión integral
La estrategia vincula directamente el corredor con las líneas 1 y 2 del Metro de Bogotá y las troncales de Transmilenio sobre Caracas, NQS y avenida 68. Esta integración responde a una necesidad estructural: convertir la calle 72 en un nodo metropolitano capaz de absorber flujos diarios de usuarios y residentes. La creación de 7,15 kilómetros de cicloinfraestructura y 48 cruces peatonales busca reducir la dependencia del automóvil privado, un desafío persistente en la capital colombiana.

La participación ciudadana previa, que incluyó recorridos y mesas de trabajo con comerciantes y vecinos, permitió identificar demandas específicas como la renaturalización del Canal Salitre. Este enfoque participativo diferencia el proyecto de intervenciones anteriores que solían ignorar el tejido social existente.
Impactos en vivienda y dinámica social
La construcción de 12.485 viviendas, incluidas unidades VIS y VIP, representa una respuesta directa al déficit habitacional en zonas bien localizadas. A diferencia de proyectos que generan desplazamiento indirecto, el plan contempla mecanismos para preservar el uso residencial y evitar la expulsión de residentes de menores ingresos. El fortalecimiento del equipamiento educativo en la Institución Educativa Distrital Francisco de Paula Santander y la adición de 2.000 metros cuadrados de equipamiento cultural amplían las oportunidades de integración social a lo largo de dos décadas.
Estudios de casos como el proyecto de renovación en el barrio Restrepo muestran que la introducción simultánea de vivienda asequible y espacio público reduce la segregación socioespacial cuando se mantiene el equilibrio entre usos residenciales y comerciales. La meta de generar 39.400 empleos locales refuerza esta lógica al anclar la actividad económica en la zona intervenida.
Efectos ambientales y de espacio público a largo plazo
La recuperación del Canal Salitre mediante parques lineales y corredores verdes constituye uno de los componentes más significativos desde la perspectiva ecológica. La siembra de 2.190 árboles y la ampliación del espacio público hasta 64.070 metros cuadrados buscan mitigar el efecto isla de calor y mejorar la conectividad ecológica entre barrios residenciales. Estos cambios responden a patrones observados en intervenciones similares en Medellín, donde la renaturalización de corredores fluviales elevó la calidad ambiental y atrajo inversión sostenida sin desplazar población vulnerable.
La adecuación de 5,64 kilómetros de vías pacificadas y la ampliación de la arborización hacia el occidente crean condiciones para una movilidad más segura y un entorno urbano más resiliente ante eventos climáticos extremos. En un horizonte de 15 a 25 años, estos elementos pueden traducirse en reducción de costos de salud pública asociados a contaminación y falta de áreas verdes.
Consecuencias económicas y proyección metropolitana
El gerente de RenoBo ha señalado que el corredor se consolidará como eje económicamente vibrante, promoviendo inversiones sin desplazar el uso residencial. La proximidad a sistemas de transporte masivo incrementa el valor potencial del suelo de manera controlada, siempre que se mantengan instrumentos de captura de plusvalía y regulación de densidades. La experiencia de corredores como la avenida 68 demuestra que una planificación anticipada puede evitar burbujas inmobiliarias si se preserva una proporción adecuada de vivienda social.
A escala metropolitana, el proyecto refuerza la estrategia de policentralidad de Bogotá al activar un eje intermedio entre el centro histórico y las zonas occidentales en expansión. Esta articulación puede aliviar presión sobre el centro y contribuir a una distribución más equilibrada de oportunidades laborales y servicios.
El éxito dependerá de la continuidad de las políticas durante los próximos 25 años, la coordinación efectiva entre entidades distritales y la capacidad de ajustar el plan ante cambios demográficos o económicos. La combinación de vivienda, espacio público, movilidad sostenible y recuperación ambiental ofrece una base sólida para que la calle 72 evolucione de corredor degradado a referente de renovación urbana integral en América Latina.
