Rusia lanzó un ataque masivo con misiles y drones contra Kiev, matando a nueve personas e hiriendo a al menos treinta. El golpe alcanzó dieciocho edificios residenciales, una escuela y varias infraestructuras, mientras cinco distritos registraron incendios. El alcalde Vitali Klitschko describió la noche como “horrible” y señaló que los sistemas de defensa aérea ucranianos solo interceptaron uno de los veintisiete misiles balísticos Iskander disparados.

La baja tasa de intercepción refleja la escasez de misiles para los sistemas Patriot suministrados por Estados Unidos. Esta limitación técnica convierte cada ataque en una prueba directa de la capacidad ucraniana para sostener su espacio aéreo sin refuerzos inmediatos de munición.
Reacción diplomática
Dos misiles cayeron cerca de la embajada de Lituania, rompiendo ventanas y dañando colectores solares sin herir personal. El canciller lituano convocará al representante ruso para protestar y exigirá más apoyo militar y sanciones para obligar a Moscú a negociar. El incidente añade presión sobre los aliados occidentales para acelerar entregas de interceptores.
Las afirmaciones rusas sobre objetivos militares no pudieron verificarse de forma independiente, pero el patrón de ataques a zonas urbanas y sedes diplomáticas refuerza la narrativa ucraniana de que la defensa aérea insuficiente sigue siendo el punto más vulnerable del frente.
