El Gobierno brasileño anunció el comienzo de la eliminación progresiva de los subsidios a los combustibles que se habían implementado para contrarrestar el efecto del conflicto en Medio Oriente sobre los precios internos. La medida comienza con una reducción en el apoyo al diésel desde el miércoles, mientras que un ajuste equivalente para la gasolina se comunicará en los próximos días. El Ministerio de Hacienda justificó la decisión por la caída de las cotizaciones internacionales del crudo, con el Brent regresando a niveles cercanos a 80 dólares, similares a los registrados antes del conflicto en Irán.
Los subsidios, aprobados en abril, incluían ayudas directas a productores e importadores de diésel, beneficios para el gas licuado de petróleo y exenciones tributarias para el combustible de aviación. El secretario ejecutivo Rogério Ceron enfatizó que el objetivo es desmontar un programa diseñado como temporal para evitar distorsiones permanentes en las cuentas públicas.

Efectos sobre la cadena de transporte y la agricultura
El retiro progresivo del subsidio al diésel afecta directamente a sectores intensivos en este combustible. El transporte de cargas y la agricultura, que representan cerca del 35% del consumo total de diésel en Brasil, enfrentarán un incremento gradual en sus costos operativos. Datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística muestran que el diésel representa entre el 22% y el 28% de los costos logísticos en el sector agroexportador. Un aumento sostenido de 8% a 12% en el precio al consumidor final podría trasladarse a los precios de la soja y el maíz, afectando la competitividad de Brasil frente a Argentina y Estados Unidos en los mercados internacionales.
Las cooperativas agrícolas del sur del país ya han manifestado preocupación por la erosión de márgenes en un contexto donde los precios internacionales de commodities permanecen volátiles. El ajuste gradual anunciado por el Gobierno busca mitigar choques abruptos, pero la experiencia de 2022 demuestra que incluso incrementos moderados pueden generar presión inflacionaria en los alimentos si no se acompañan de medidas compensatorias.
Repercusiones en la aviación y el GLP doméstico
El sector aéreo brasileño, que recibió exenciones tributarias específicas durante el período de subsidios, verá encarecerse nuevamente el combustible de aviación. Las aerolíneas de bajo costo, que operan con márgenes reducidos, podrían verse obligadas a revisar rutas regionales o trasladar parte del aumento a las tarifas. El impacto no se limita al transporte de pasajeros: el movimiento de carga aérea, que creció 14% en 2025, también enfrentará mayores costos.
En el caso del gas licuado de petróleo, las familias de menores ingresos que dependen de este insumo para cocinar experimentarán un alza moderada pero acumulativa. Aunque el retiro es gradual, el Fondo Monetario Internacional ha señalado que la inflación brasileña podría mantenerse por encima del objetivo durante varios trimestres antes de converger al 3% hacia 2028. Este escenario complica la meta de reducir la pobreza energética en regiones del norte y nordeste.
La perspectiva del FMI y la política fiscal
El informe del FMI destaca la resiliencia de la economía brasileña y proyecta un crecimiento del PIB del 2,5% a mediano plazo. Sin embargo, el organismo insiste en la necesidad de reformas fiscales que reduzcan la deuda pública y recomienda destinar los ingresos extraordinarios del petróleo al ahorro. Brasil, como productor neto de crudo, se encuentra relativamente protegido ante alzas en los precios internacionales, pero la eliminación de subsidios representa una oportunidad para mejorar la sostenibilidad fiscal.
El Banco Central redujo recientemente la tasa básica de interés al 14,5% anual. La normalización del mercado petrolero podría otorgar mayor margen de maniobra a la autoridad monetaria, siempre que no resurjan tensiones geopolíticas. El riesgo principal radica en una posible reversión del cronograma de retiro si el Brent supera nuevamente los 95 dólares por barril de manera sostenida.
Riesgos de volatilidad y escenarios futuros
La decisión del Gobierno brasileño asume que la estabilización actual del mercado internacional es duradera. No obstante, cualquier escalada en el conflicto de Medio Oriente o interrupciones en el suministro desde otros productores podrían obligar a reactivar parcial o totalmente los subsidios. El Ministerio de Hacienda ha indicado que mantiene un monitoreo constante y que el cronograma podrá revisarse ante deterioros del escenario geopolítico.
Un segundo riesgo proviene de la transmisión de precios internos. Si los productores de diésel e importadores deciden adelantar compras ante la expectativa de mayores costos futuros, podría generarse una distorsión temporal en los inventarios y presionar los precios al alza antes de lo previsto. La experiencia de países vecinos que eliminaron subsidios de forma más abrupta muestra que los efectos sobre la inflación pueden extenderse entre seis y nueve meses.
A largo plazo, la normalización del mercado de combustibles podría favorecer la transición energética si los recursos fiscales liberados se destinan a incentivos para biocombustibles y electrificación del transporte pesado. Sin embargo, la falta de señales claras sobre el uso de estos ahorros genera incertidumbre entre inversores del sector de energías renovables.
