Brasil formalizó este lunes la solicitud de consultas con Estados Unidos ante el mecanismo de solución de diferencias de la Organización Mundial del Comercio (OMC), en respuesta a los aranceles anunciados por la Administración de Donald Trump sobre una amplia gama de productos brasileños. El Ministerio de Relaciones Exteriores confirmó que la medida busca impugnar gravámenes del 25% impuestos por supuestos prácticas comerciales desleales, así como tasas de hasta 12,5% vinculadas a denuncias sobre trabajo forzoso en cadenas de suministro.
La petición, presentada en Ginebra, constituye el primer paso obligatorio del procedimiento de la OMC y abre un plazo para que ambas partes intenten una solución negociada antes de que Brasil pueda solicitar la formación de un panel arbitral. Brasil calificó las medidas estadounidenses de “injustificadas e incompatibles” con el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio de 1994 y con las normas del propio sistema de solución de controversias.

La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) publicó el 15 de julio de 2026 la resolución que establece el arancel del 25% sobre varios productos brasileños, con entrada en vigor definitiva el 22 de julio, apenas dos días antes del vencimiento del arancel global temporal del 10% impuesto por Trump. La investigación que dio origen a la medida se abrió en julio de 2025 y señaló, entre otras acusaciones, una aplicación insuficiente de normas anticorrupción, deforestación ilegal y el sistema de pagos instantáneos Pix, al que Washington atribuye un perjuicio a las compañías estadounidenses de tarjetas de crédito.
Alcance de los gravámenes y productos afectados
La orden final mantuvo exenciones para la carne de res, el café, los aviones y otros bienes estratégicos, pero amplió la lista de productos gravados a azúcar, maquinaria agrícola, ropa, maquinaria eléctrica y papel. Los nuevos aranceles no se superponen a los ya existentes de la Sección 232 sobre acero, aluminio, cobre y automóviles. Según el ministro de Comercio brasileño, Marcio Elias Rosa, alrededor del 18% de las exportaciones de Brasil hacia Estados Unidos —equivalentes a unos 7.000 millones de dólares— quedarán sujetas a los nuevos gravámenes.
Paralelamente, Brasil fue incluido en una investigación separada de la Sección 301 de la USTR centrada en posibles vínculos con trabajo forzoso en cadenas de suministro de decenas de países. Esa investigación dio lugar a gravámenes de hasta 12,5% que también figuran en la solicitud de consultas presentada ante la OMC. El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva había anticipado públicamente que llevaría el caso al foro multilateral y anunció que activará de inmediato los instrumentos de respuesta previstos en su “Ley de Reciprocidad”.
Antecedentes de la fricción comercial
El año pasado Brasil ya había recurrido a medidas similares tras una ronda anterior de aranceles impuesta por Trump, que posteriormente fue anulada por la Corte Suprema de Estados Unidos. Aquella experiencia marcó un precedente importante: demostró tanto la disposición de Brasilia a utilizar vías institucionales como la fragilidad jurídica de algunas de las decisiones ejecutivas estadounidenses en materia arancelaria. Esta vez, sin embargo, la Administración Trump ha construido un expediente más amplio que combina acusaciones de competencia desleal con preocupaciones laborales y ambientales, lo que complica una eventual resolución rápida.
Desde la perspectiva brasileña, los aranceles representan un golpe selectivo a sectores en los que el país ha ganado competitividad en la última década. El sistema Pix, en particular, se ha convertido en un símbolo de la disputa: mientras Brasil lo presenta como una innovación financiera de inclusión y eficiencia, Estados Unidos lo describe como una barrera de facto que desplaza a operadores tradicionales de pagos. La deforestación y la corrupción, por su parte, son temas en los que Brasil ha recibido presión internacional durante años, aunque el Gobierno Lula sostiene que ha avanzado en controles y transparencia.
Posibles escenarios en la OMC y reacciones bilaterales
Las consultas en la OMC suelen durar 60 días. Si no hay acuerdo, Brasil podrá pedir la creación de un panel, proceso que puede extenderse más de un año e incluir eventuales apelaciones. En paralelo, el Ejecutivo brasileño prepara la activación de la Ley de Reciprocidad, que le permite imponer contramedidas arancelarias o no arancelarias de forma simétrica. Analistas comerciales advierten que una escalada bilateral podría afectar no solo el comercio de bienes, sino también la cooperación en foros como el G20 y las negociaciones sobre cambio climático, donde ambos países han buscado puntos de convergencia.
Estados Unidos no ha emitido todavía una respuesta oficial detallada a la solicitud de consultas. Fuentes cercanas a la USTR indicaron, sin embargo, que la Administración considera las medidas “necesarias para proteger a los trabajadores y empresas estadounidenses de prácticas distorsionadoras”. En Brasilia, el tono ha sido de firmeza sin cierre de puertas. El canciller brasileño subrayó que el país “prefiere el diálogo, pero no aceptará imposiciones unilaterales que vulneren reglas multilaterales”. Sectores exportadores, especialmente de maquinaria y productos agroindustriales no exentos, han pedido al Gobierno que acelere las gestiones diplomáticas para minimizar el daño inmediato.
El conflicto se inserta en un contexto más amplio de reconfiguración del comercio global, donde las potencias recurren con mayor frecuencia a herramientas de seguridad económica y a investigaciones de Sección 301 o 232. Para Brasil, el caso pone a prueba su capacidad de defender su modelo de crecimiento basado en exportaciones de commodities y manufacturas de media tecnología. Para Estados Unidos, representa un nuevo capítulo en la estrategia de Trump de utilizar aranceles como instrumento de presión política y comercial. El desenlace en la OMC y las eventuales contramedidas brasileñas definirán, en buena medida, el tono de la relación bilateral durante el resto del mandato de ambos gobiernos.
