La Ciudad de Buenos Aires obtuvo la máxima calificación crediticia nacional de S&P National Ratings, que elevó su nota de largo plazo de raAA+ a raAAA, con perspectiva estable. La decisión, comunicada el 1 de septiembre, también alcanza a sus emisiones y coloca al distrito en el escalón más alto de la escala argentina de la agencia.
El cambio tiene una consecuencia concreta para el mercado: junto con la nota máxima otorgada por Moody’s en julio, cumple el requisito de doble “AAA” exigido por el Fondo de Asistencia Laboral (FAL) para invertir en deuda subnacional. Bajo esa regulación, CABA queda como la única jurisdicción que reúne las condiciones informadas para captar esos recursos, destinados al pago de indemnizaciones.

Respaldo fiscal y acceso restringido
S&P fundamentó la mejora en resultados fiscales superavitarios sostenidos, manejo prudente de las finanzas y acumulación de liquidez. La calificadora destacó que esas fortalezas permitieron reducir el endeudamiento, sostener inversiones en infraestructura y absorber un contexto macroeconómico volátil, incluso tras recortes y demoras en transferencias vinculadas a la coparticipación.
Para 2026-2028, la agencia prevé un balance operativo positivo equivalente, en promedio, al 19,7% de los ingresos corrientes. Proyecta, sin embargo, un déficit leve después de inversión de capital, de 0,3% de los ingresos totales, debido al mayor ritmo de obras. El gasto de capital rondaría el 20% del gasto total, por encima del promedio reciente.
La señal crediticia no elimina los límites regulatorios: el FAL puede destinar hasta 15% de su cartera a deuda provincial y de la Ciudad en conjunto, con un máximo de 5% por jurisdicción. Pero mejora la posición relativa porteña en un universo de inversión muy reducido. Con cerca del 85% de sus ingresos provenientes de recursos propios, la Ciudad exhibe una autonomía fiscal que refuerza su capacidad de financiamiento aun frente a tensiones con la Nación.
