El contraste entre el destino de las cabinas telefónicas en México y las icónicas estructuras rojas del Reino Unido ilustra cómo un mismo avance tecnológico puede generar respuestas opuestas según el contexto económico, cultural y de planificación urbana de cada país.
En México, la penetración masiva de teléfonos inteligentes ha provocado el retiro acelerado de estas infraestructuras en zonas urbanas. Datos del INEGI de 2024 indican que más del 90% de la población utiliza telefonía celular, lo que redujo drásticamente el uso de cabinas de monedas o tarjetas prepago. Esta caída generó problemas de mantenimiento, vandalismo y obstrucción de banquetas en ciudades como Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara, impulsando normativas locales para su desmantelamiento.
El retiro urbano y sus causas
La pérdida de rentabilidad fue determinante. La baja venta de tarjetas prepago hizo inviable el mantenimiento físico de las estructuras. Además, la falta de refacciones para componentes analógicos aceleró el cierre de miles de módulos. Las autoridades priorizaron la recuperación del espacio público y la migración hacia entornos digitales, considerando las cabinas como obstáculos para la movilidad peatonal.
Sin embargo, la telefonía pública no ha desaparecido del todo. En comunidades rurales de alta marginación, donde la cobertura de redes móviles 4G o 5G sigue siendo inestable, estas líneas representan el único vínculo con el exterior. Obligaciones legales de cobertura universal incluidas en las concesiones originales de Telmex obligan a mantener un mínimo de líneas activas en zonas desatendidas.

Utilidad persistente en zonas rurales
En estas localidades aisladas, las cabinas cumplen funciones críticas: atención de emergencias médicas cuando los celulares carecen de señal, contacto con familiares migrantes en Estados Unidos y coordinación de programas sociales o alertas climáticas. Aunque representan un costo elevado para las operadoras, su retiro total afectaría gravemente a poblaciones ejidales y serranas.
El modelo británico de preservación
En el Reino Unido, las cabinas rojas diseñadas por Giles Gilbert Scott en la década de 1920 han seguido un camino distinto. En lugar de eliminarlas, las autoridades y BT Group implementaron programas de conservación patrimonial. La iniciativa “Adopt a Kiosk” permite a comunidades y emprendedores adquirirlas por una libra esterlina, fomentando reconversiones como microbibliotecas, estaciones de desfibriladores, kioscos de café y pequeñas galerías de arte.
Estas estructuras se han convertido en símbolos turísticos equiparables al Big Ben, atrayendo visitantes que priorizan fotografiarlas. El diseño unificado y estético desde su origen facilitó su transición a monumentos protegidos, generando ingresos indirectos mediante el turismo.
Factores detrás de trayectorias divergentes
La diferencia radica en el valor percibido de cada infraestructura. En México, la diversidad de diseños plásticos y metálicos sin valor artístico intrínseco dificultó su reconocimiento como patrimonio cultural. En cambio, el Reino Unido estandarizó un concepto arquitectónico coherente que permitió integrarlo a estrategias de marketing turístico y conservación histórica. Ambos enfoques responden a realidades distintas: uno prioriza la eficiencia digital y el espacio urbano, el otro explota el potencial económico de remanentes analógicos.
Este contraste revela que el destino de tecnologías obsoletas depende menos de la innovación misma que de las decisiones de política pública, el contexto socioeconómico y la capacidad de resignificar elementos del pasado en función de las necesidades presentes.
