El precio del tomate registró una disminución de 23,98 % durante la primera quincena de junio, la más pronunciada en 56 periodos quincenales según el Inegi. Tras alcanzar picos cercanos a 100 pesos por kilogramo en autoservicios, el producto se ubica ahora entre 18 y 30 pesos en mercados tradicionales y entre 16,90 y 59,90 pesos en cadenas como Chedraui, Soriana y Walmart. Aunque la reducción ofrece alivio inmediato, los valores permanecen por encima del rango histórico de 10 a 20 pesos, lo que indica que la normalización aún dista de completarse.

El descenso responde a una combinación de factores que redujeron temporalmente la presión sobre la oferta. Las heladas en Florida impulsaron importaciones estadounidenses, mientras que problemas fitosanitarios en México limitaron la producción local. Sin embargo, el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas señala que los mayores márgenes se concentran en la etapa de comercialización, especialmente en autoservicios que aplican incrementos superiores a los observados en centrales de abasto.
Efectos sobre los hogares y la inflación alimentaria
Para millones de familias mexicanas, el tomate representa un insumo básico cuya volatilidad afecta directamente el gasto semanal. Cuando el precio superó los 40 pesos en mercados populares de la Ciudad de México y alcanzó 98,50 pesos en cadenas, el impacto se concentró en los deciles de menores ingresos, que destinan mayor proporción de su presupuesto a alimentos frescos. La caída actual reduce la carga, pero niveles aún elevados continúan presionando el índice de precios al consumidor. Datos de Profeco muestran que el promedio nacional pasó de 57 pesos en mayo a 44,66 pesos en la primera semana de junio, confirmando una trayectoria descendente que, de sostenerse, podría moderar la inflación en el rubro de hortalizas durante el segundo semestre.
La comercialización como factor estructural
El análisis del GCMA revela que el problema no radica exclusivamente en la producción. Los márgenes más elevados se generan entre la central de abasto y el consumidor final, particularmente en autoservicios que aplican sobreprecios superiores al 100 % en periodos de escasez. Esta dinámica sugiere que reformas en la intermediación y mayor transparencia en los costos de distribución podrían estabilizar precios con mayor eficacia que únicamente incrementos en la siembra. Un caso comparable ocurrió en 2024, cuando la recuperación de la oferta coincidió con una reducción de márgenes minoristas y permitió un regreso más rápido a rangos normales.
Perspectivas de distintos actores
Productores enfrentan costos elevados por insumos y riesgos climáticos, por lo que una caída sostenida de precios podría reducir su rentabilidad si no se acompaña de mejoras en productividad. Distribuidores minoristas, por su parte, defienden sus márgenes como necesarios para cubrir logística y mermas, aunque la evidencia indica que estos se amplían desproporcionadamente durante picos de demanda. Las autoridades, representadas por la presidenta Claudia Sheinbaum, han enfatizado la necesidad de monitorear importaciones y sanidad vegetal. Consumidores, mientras tanto, esperan que la tendencia a la baja continúe, aunque expresan escepticismo ante la posibilidad de regresar a precios de 10-15 pesos sin cambios estructurales en la cadena.
Escenarios futuros y riesgos latentes
La evolución del precio dependerá de tres variables principales: condiciones climáticas en zonas productoras mexicanas, evolución de la demanda estadounidense y capacidad de la cadena comercial para moderar márgenes. Un escenario optimista contempla una estabilización entre 18 y 25 pesos si la producción nacional se recupera sin nuevos choques fitosanitarios. Un escenario adverso, en cambio, podría surgir por sequías prolongadas o incrementos adicionales de exportaciones a Estados Unidos, repitiendo el ciclo de escasez observado a inicios de 2025. El riesgo más significativo radica en la dependencia de factores externos y en la ausencia de mecanismos de estabilización que protejan tanto a productores como a consumidores de fluctuaciones extremas.
La experiencia de junio demuestra que la oferta puede responder con relativa rapidez cuando convergen condiciones favorables, pero también evidencia que los cuellos de botella comerciales prolongan el ajuste de precios. Sin intervenciones que aborden la intermediación y fortalezcan la resiliencia productiva, el tomate continuará sujeto a ciclos de volatilidad que afectan la seguridad alimentaria de los hogares mexicanos.
