Caída en apoyo a Trump por crisis económica y bélica

El segundo mandato de Donald Trump inició con un respaldo del 52 por ciento según los promedios de encuestas del New York Times, cifra que reflejaba la expectativa de muchos votantes tras su regreso a la Casa Blanca. Sin embargo, la combinación de aranceles amplios anunciados como “Día de la Liberación” en abril del año anterior y el estallido de hostilidades con Irán a finales de febrero ha erosionado esa base de apoyo de manera sostenida. Los datos recopilados entre junio y julio de 2026 muestran que la aprobación general se ubica entre 35 y 40 por ciento, mientras que la percepción sobre el manejo económico alcanza mínimos históricos cercanos al 30 por ciento en varias mediciones.

Raíces de la pérdida de confianza

Los aranceles aplicados a múltiples socios comerciales generaron un aumento inmediato en los costos de importación, lo que elevó los precios de bienes intermedios y de consumo. Empresas manufactureras que dependían de cadenas de suministro transfronterizas reportaron márgenes reducidos y, en algunos casos, retrasos en la producción. Al mismo tiempo, la decisión de lanzar ataques contra objetivos iraníes el 28 de febrero elevó el precio del petróleo, con incrementos que superaron el 15 por ciento en las semanas siguientes. Estos dos factores coincidieron en el momento en que los hogares estadounidenses ya enfrentaban una inflación persistente en alimentos y vivienda, amplificando la sensación de deterioro económico.

La encuesta de CNBC realizada entre el 8 y el 12 de julio reveló que el 61 por ciento de los encuestados se muestra pesimista respecto al futuro económico, el nivel más alto desde diciembre de 2023. Este pesimismo no se limita a la percepción coyuntural: el 43 por ciento afirma estar en peor situación financiera que durante la administración de Joe Biden, según el sondeo del Washington Post/Ipsos. La coincidencia temporal entre el conflicto armado y el alza de la gasolina ha reforzado la narrativa de que las decisiones de política exterior afectan directamente el bolsillo de los votantes.

Repercusiones en la contienda legislativa

Las elecciones de mitad de mandato programadas para noviembre de 2026 adquieren un carácter referendario sobre la gestión económica. Una encuesta de Emerson de mayo otorgaba a los demócratas una ventaja de nueve puntos en la intención de voto para el Congreso, con un 9 por ciento de votantes aún indecisos. Históricamente, los presidentes con índices de aprobación inferiores al 40 por ciento enfrentan pérdidas significativas en la cámara baja, y los datos actuales sugieren que esa dinámica podría repetirse. Distritos suburbanos donde el costo de vida constituye el principal motivo de preocupación registran un desplazamiento notable hacia candidatos demócratas.

La comparación con el primer mandato resulta ilustrativa. En julio de 2018, durante su primer período, Trump mantenía un 42 por ciento de aprobación según Gallup. La diferencia actual radica en que la guerra con Irán añade una dimensión de inestabilidad global que no existía en 2018, mientras que los aranceles de 2025 han afectado a sectores más amplios de la economía que los aplicados en 2018 y 2019.

Caída en apoyo a Trump por crisis económica y bélica

Efectos sobre el tejido social y la cohesión política

La percepción de que la economía empeora alimenta divisiones regionales. Estados productores de energía han visto beneficios marginales por el alza del petróleo, mientras que los estados consumidores enfrentan facturas más altas de combustible y transporte. Esta asimetría regional refuerza narrativas contrapuestas dentro del electorado y dificulta la construcción de mayorías legislativas amplias. En paralelo, el 53 por ciento de los encuestados por Associated Press-NORC considera que la acción militar contra Irán fue excesiva, lo que añade una capa de escepticismo hacia la política exterior que se superpone a las preocupaciones económicas.

El bajo apoyo al manejo del costo de vida (22 por ciento en la encuesta Reuters/Ipsos de junio) contrasta con el 29 por ciento que aprobaba la gestión de Biden al final de su mandato. Esta comparación, aunque imperfecta por las diferencias de contexto, se utiliza en campañas demócratas para argumentar que las promesas de prosperidad del actual gobierno no se han materializado. El efecto acumulativo es un electorado más fragmentado, donde la lealtad partidista se ve erosionada por la experiencia cotidiana de precios elevados.

Perspectivas de mediano y largo plazo

La posibilidad de que un acuerdo preliminar con Irán reduzca los precios de la gasolina ofrece un alivio parcial, pero persisten dudas sobre la capacidad de Trump para alcanzar los objetivos declarados respecto al programa nuclear iraní. Si el conflicto se prolonga o se reactiva, la presión sobre los precios energéticos podría extenderse más allá del ciclo electoral de 2026. Al mismo tiempo, la revisión de los aranceles o la negociación de nuevos acuerdos comerciales requerirá tiempo y concesiones que podrían generar tensiones internas dentro del Partido Republicano.

En términos institucionales, un Congreso controlado por la oposición limitaría el margen de maniobra del Ejecutivo en materia presupuestaria y de política exterior durante los dos años finales del mandato. Esta configuración ya se observó entre 2019 y 2021, cuando la Cámara de Representantes demócrata bloqueó varias iniciativas del primer gobierno de Trump. La diferencia ahora radica en que la base de apoyo del presidente es más reducida y el contexto internacional más volátil, lo que aumenta la probabilidad de que las tensiones políticas internas se intensifiquen.

El precedente histórico muestra que los presidentes que enfrentan mínimos de aprobación económica rara vez recuperan terreno antes de las elecciones intermedias sin cambios sustanciales en las variables que determinan el costo de vida. La combinación de aranceles, conflicto armado y expectativas incumplidas ha colocado a la administración en una posición estructuralmente débil de cara a noviembre de 2026, con consecuencias que podrían extenderse a la configuración del poder legislativo y a la capacidad de respuesta ante futuros desafíos económicos.

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