Las restricciones chinas a la exportación de tierras raras están reduciendo de forma visible los flujos hacia Estados Unidos y Japón y añaden una nueva capa de tensión a la disputa comercial entre Pekín y Washington. Entre enero y junio, las ventas chinas de estos materiales restringidos al mercado estadounidense cayeron casi un 30 %, mientras que los envíos a Japón se redujeron aproximadamente a la mitad, según datos citados por Nikkei Asia.
El retroceso se produjo después de que el Ministerio de Comercio chino introdujera el año pasado un sistema de licencias para regular la exportación de siete tierras raras, entre ellas el disprosio y el terbio. En el primer semestre de 2026, las exportaciones hacia Japón bajaron un 51 % interanual y las destinadas a Estados Unidos un 28 %, de acuerdo con el mismo recuento basado en la Administración General de Aduanas de China. En contraste, las exportaciones mundiales totales descendieron un 16 %, una caída menos pronunciada que la registrada en esos dos destinos clave.

Un instrumento con alto valor estratégico
Las tierras raras agrupan 17 metales de uso intensivo en sectores que dependen de materiales de alto rendimiento, como la automoción, la aviación, la electrónica y los sistemas de armamento. China, principal productor mundial, ha convertido ese dominio industrial en una palanca de presión comercial. En octubre de 2025 amplió sus controles para incluir nuevas materias primas y añadió requisitos adicionales para obtener licencias de exportación, aunque después aceptó posponer por un año la entrada en vigor de esas medidas.
El alcance de esas decisiones va más allá del comercio de insumos. Sectores que representan alrededor del 4 % del PIB estadounidense, unos 1,2 billones de dólares, dependen directamente de estas materias primas, lo que explica por qué cualquier restricción genera inquietud en las cadenas de suministro. La dependencia no es absoluta, pero sí suficiente para encarecer la planificación industrial, aumentar los costes de sustitución y reforzar la búsqueda de proveedores alternativos.
La rivalidad volvió a tensarse en junio
En junio, las tierras raras regresaron al centro de la rivalidad entre China y Estados Unidos. En respuesta a nuevas medidas restrictivas de Washington, Pekín impuso controles a la exportación de productos de doble uso destinados a varias empresas estadounidenses y prohibió a entidades estatales comprar productos de 46 compañías del país norteamericano. El intercambio de medidas deja claro que las tierras raras ya no funcionan solo como mercancía industrial, sino también como herramienta de negociación y represalia.
China ha casi triplicado la imposición de restricciones a la exportación en los últimos cinco años y ya había limitado antes el suministro a Washington de ocho elementos de tierras raras. Aun así, su posición dominante empieza a mostrar algunos límites. Nuevos proyectos en Estados Unidos y Malasia redujeron la cuota china en el refinado mundial del 90 % en 2023 al 85 % en 2025, y las previsiones apuntan a una posible caída al 70 % en 2035. El dato no altera el poder inmediato de Pekín, pero sí sugiere que la diversificación de la oferta avanza, aunque de forma lenta y costosa.
Para Washington y Tokio, el desafío no consiste solo en responder a una presión puntual, sino en reordenar cadenas de suministro que tardaron décadas en concentrarse en China. Para Pekín, en cambio, el control de las tierras raras sigue siendo un activo de peso en una disputa donde la ventaja industrial puede traducirse en influencia diplomática. La evolución de las cifras en la primera mitad de 2026 confirma que ese instrumento sigue siendo eficaz, aunque también acelera los esfuerzos de sus clientes por reducir una dependencia que consideran estratégica.
