La economía de China registró en el segundo trimestre de 2026 su expansión más débil en más de tres años. El Producto Interno Bruto avanzó 4.3 por ciento entre abril y junio, por debajo del 5.0 por ciento del primer trimestre y fuera del objetivo anual oficial que oscila entre 4.5 y 5.0 por ciento. La desaceleración se atribuye principalmente a la debilidad del consumo de los hogares, que contrasta con el buen desempeño de la manufactura y las exportaciones.
Los datos, difundidos el 15 de julio, aumentan la presión sobre las autoridades de Pekín para adoptar nuevas medidas de estímulo. No obstante, analistas coinciden en que la próxima reunión del Politburó del Partido Comunista, prevista para finales de julio, difícilmente anunciará paquetes de gran envergadura debido a las preocupaciones por el nivel de deuda pública.
Composición del crecimiento genera preocupación
Los economistas destacan que el problema central no radica en la velocidad de expansión, sino en su estructura. Las ventas minoristas crecieron apenas 1.0 por ciento en junio, mientras que la producción industrial avanzó 5.3 por ciento. Esta disparidad evidencia una fuerte dependencia de la demanda externa de bienes manufacturados en un momento en que varios socios comerciales cuestionan los desequilibrios comerciales chinos.
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El conflicto entre Irán y Estados Unidos añade incertidumbre adicional al panorama global, lo que podría afectar las cadenas de suministro y la demanda internacional en los próximos meses. En este contexto, la fortaleza de las exportaciones chinas se percibe como temporal y vulnerable a cambios en el entorno geopolítico.
Impacto en el sector inmobiliario y el consumo
La crisis inmobiliaria continúa limitando el gasto de los hogares. Jane Hou, propietaria de un negocio de importación de productos europeos en el este del país, reportó que sus ingresos se han reducido a la mitad desde principios de año. Además, un departamento que ofrece en renta lleva más de seis meses desocupado, reflejo del exceso de oferta de viviendas. “Aparte del gasto indispensable en alimentos, ahorro en todo lo que puedo”, explicó Hou.
Esta situación se replica en numerosas ciudades medianas donde el exceso de oferta de vivienda y la caída de precios han erosionado la confianza de los consumidores. El ahorro preventivo se ha convertido en una estrategia común entre las familias ante la incertidumbre sobre el empleo y el valor de los activos inmobiliarios.
Reacciones de los mercados y previsiones
El crecimiento acumulado del primer semestre alcanzó 4.7 por ciento, cifra que se mantiene dentro de la meta oficial anual. Esta circunstancia reduce, según algunos analistas, la urgencia inmediata de un programa de estímulos masivos. Morgan Stanley recortó su previsión de crecimiento para todo 2026 de 4.8 a 4.6 por ciento, reflejando un escenario más cauteloso.
Zhiwei Zhang, economista jefe de Pinpoint Asset Management, considera poco probable que el Politburó autorice un aumento significativo del déficit fiscal. “El gobierno parece reacio a utilizar más recursos fiscales y aumentar la deuda”, señaló. Las exportaciones siguen mostrando solidez y esto, en opinión de Zhang, otorga margen de maniobra sin necesidad de acciones inmediatas de gran escala.
Necesidad de fortalecer la demanda interna
Existe consenso entre responsables de política económica e investigadores sobre la urgencia de reforzar el consumo interno. Sin embargo, persisten discrepancias respecto a los instrumentos más eficaces para lograrlo. Algunas voces abogan por transferencias directas a los hogares, mientras otras prefieren incentivos fiscales focalizados o reformas que mejoren la red de seguridad social.
La debilidad del consumo también se vincula con el deterioro del mercado laboral juvenil y la contención salarial en varios sectores. Estos factores limitan la capacidad de recuperación del gasto en bienes duraderos y servicios, perpetuando la brecha entre la producción industrial y la demanda interna.
Perspectivas para la segunda mitad del año
Los datos del segundo trimestre confirman que el modelo de crecimiento chino sigue dependiendo en gran medida de factores externos. La reunión del Politburó de finales de julio será observada con atención para detectar cualquier señal sobre posibles ajustes en la política fiscal o monetaria. Hasta ahora, las autoridades han optado por medidas graduales que eviten un aumento acelerado de la deuda pública.
El equilibrio entre el impulso exportador y la fragilidad del consumo interno seguirá marcando el ritmo de la economía china en los próximos trimestres. Los analistas coinciden en que cualquier recuperación sostenida requerirá cambios estructurales que eleven la participación del gasto de los hogares en el producto interno.
