El Álamo, un bar emblemático de Palermo que funcionó casi catorce años como punto de encuentro nocturno, anunció el cierre definitivo de su local en Avenida Córdoba 5267 para el 25 de julio. El motivo principal radica en la imposibilidad de renovar el contrato de alquiler, que vence el 31 de julio, ante una exigencia del propietario que casi duplica el valor de mercado. Al mismo tiempo, la sucursal de Recoleta se reconvertirá en agosto bajo el nombre Benjamin’s New York Bar, orientada a cocina neoyorquina, coctelería clásica y transmisión de eventos deportivos, con un perfil adicional dirigido a inversores de mercados bursátiles y criptomonedas.
La decisión refleja presiones estructurales que atraviesan el sector de bares nocturnos en Buenos Aires. El dueño Matthew McCarthy señaló que desde hace más de dos años el alquiler representa un obstáculo insalvable y que el consumo ha caído de manera sostenida por la situación económica y el cambio de hábitos entre los jóvenes. La sucursal de Recoleta, ubicada en Uruguay 1175, permanecerá abierta durante el Mundial 2026 antes de su relanzamiento y no corre riesgo inmediato de cierre.

Presiones económicas que aceleran el cierre
El aumento del alquiler no es un fenómeno aislado. En los últimos tres años, los contratos comerciales en zonas como Palermo y Recoleta han registrado incrementos superiores al 150 % en moneda constante, según datos de la Cámara Argentina de Comercio. Al mismo tiempo, el poder adquisitivo de los clientes habituales de bares nocturnos se contrajo de forma pronunciada. Esta combinación genera un margen operativo estrecho que dificulta cubrir costos fijos y variables. El Álamo no es el primer caso: varios locales de similar perfil cerraron entre 2024 y 2025 en Palermo Soho y Villa Crespo por la misma razón.
Reconfiguración del modelo de negocio
La reconversión de la sede de Recoleta hacia un formato híbrido que incluye apertura diurna desde las 10 de la mañana, ceremonia de apertura y cierre del mercado neoyorquino y espacio para eventos privados revela una estrategia de supervivencia. Al incorporar un público vinculado a criptomonedas y mercados financieros, el nuevo Benjamin’s busca diversificar ingresos más allá del consumo nocturno tradicional. Esta apuesta implica un cambio de clientela y de horarios que puede resultar más estable en un contexto de volatilidad económica, aunque reduce el carácter puramente nocturno que caracterizó al Álamo original.
El uso de los pisos superiores como alojamiento Airbnb desde 2022 anticipa esta lógica de maximización de activos inmobiliarios. El bar ya no es solo un espacio de consumo, sino parte de un conjunto que genera rentabilidad a través de múltiples canales. Otros establecimientos de Buenos Aires han adoptado esquemas similares, combinando bar con hospedaje o coworking, para compensar la caída del ticket promedio nocturno.
Impacto en la cultura nocturna y perspectivas de los actores
Para los clientes habituales, el cierre representa la pérdida de un espacio de sociabilidad que funcionó como “templo” durante casi catorce años. Muchos usuarios expresaron en redes su intención de asistir a las últimas noches de julio para despedirse. Desde la perspectiva de los propietarios, la decisión es defensiva: mantener un local deficitario durante más tiempo pondría en riesgo la supervivencia de la otra sucursal. Los dueños de locales competidores observan con atención el caso, ya que enfrentan las mismas tensiones de alquiler y consumo.
Los arrendadores, por su parte, priorizan la rentabilidad inmobiliaria en un mercado donde la demanda de espacios comerciales premium sigue alta. Esta asimetría de poder entre propietario e inquilino explica por qué varios bares tradicionales han debido cerrar o mudarse a zonas con alquileres más accesibles, como Caballito o Villa Urquiza.
Tendencias futuras y riesgos latentes
Es previsible que más bares nocturnos tradicionales opten por modelos híbridos o cierren definitivamente si no logran renegociar contratos. La reconversión hacia públicos diurnos y corporativos puede estabilizar algunos locales, pero reduce la diversidad de la oferta nocturna porteña. Otro riesgo consiste en la pérdida de identidad cultural: espacios que durante décadas definieron la vida social de ciertos barrios desaparecen y son reemplazados por propuestas más estandarizadas o por usos no gastronómicos.
Además, la dependencia de plataformas como Airbnb introduce nuevos riesgos regulatorios y de reputación, como demostró el video viral que generó confusión sobre si la planta baja de Uruguay 1175 seguía operando como bar. Cualquier cambio en las normas de alquiler temporario podría afectar la viabilidad de estos esquemas combinados.
En conjunto, el caso de El Álamo ilustra cómo la crisis económica actual obliga a una redefinición profunda del sector de bares nocturnos en Buenos Aires, con consecuencias que van más allá de un solo local y afectan tanto la economía de los barrios como la experiencia cultural de sus habitantes.
