La visita del secretario de Salud federal David Kershenobich Stalnikowitz al Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada el 23 de julio de 2026 marca un punto de contacto concreto entre la política sanitaria nacional y la investigación aplicada en organismos marinos. Este encuentro no surge de manera aislada, sino que refleja décadas de acumulación de capacidades en el Cicese orientadas a la acuicultura y la biotecnología de recursos genéticos acuáticos. Desde su fundación en 1973, la institución ha mantenido líneas de trabajo sobre reproducción de especies marinas y cultivo de microalgas que ahora encuentran una posible vía de aplicación directa en la medicina regenerativa y la preservación de tejidos.
El recorrido incluyó el Subsistema Nacional de Recursos Genéticos Acuáticos y el Laboratorio de Biotecnología de Algas, espacios donde se han desarrollado protocolos de conservación de organismos que pueden suministrar compuestos con propiedades de transporte de oxígeno. La presencia del científico francés Franck David Zal, galardonado con el European Inventor Award 2026 por su trabajo sobre la molécula derivada de Arenicola marina, añadió una dimensión internacional al diálogo. Zal explicó cómo esta hemoglobina extracelular permite oxigenar órganos sin depender de glóbulos rojos humanos, una característica que podría extender el tiempo viable de almacenamiento de riñones, hígados y corazones destinados a trasplante.
Acumulación de capacidades en Ensenada desde los años setenta
El Cicese inició sus programas de acuicultura con el objetivo de apoyar la pesca comercial y la seguridad alimentaria regional. Con el paso de los años, los mismos sistemas de recirculación de agua de mar y control de parámetros ambientales que servían para producir abulón y peces comenzaron a utilizarse para mantener cepas de microalgas y organismos modelo. Esta transición gradual permitió que conocimientos generados en el ámbito pesquero se reconvirtieran en plataformas para la extracción de metabolitos secundarios con actividad biológica. El Laboratorio de Producción de Abulón, visitado por Kershenobich, sigue operando con infraestructura hidráulica que abastece simultáneamente experimentos de biotecnología marina y ensayos de conservación de tejidos.
La existencia de estas instalaciones compartidas reduce los costos de entrada para nuevos proyectos de colaboración. En lugar de construir laboratorios de nivel farmacéutico desde cero, la Secretaría de Salud puede aprovechar tanques de cultivo ya validados y personal técnico formado en el manejo de organismos vivos. Esta ventaja logística explica por qué el acuerdo de seguimiento alcanzado al final de la visita se centra en reuniones periódicas más que en la creación de nuevas estructuras físicas.
Extensión del tiempo de viabilidad de órganos para trasplante
En México, la lista de espera para trasplante renal supera los 15 000 pacientes y el tiempo promedio de isquemia fría para un riñón donado oscila entre 18 y 24 horas. Cualquier molécula que permita mantener oxigenación activa durante períodos más largos podría modificar los protocolos de distribución nacional. El compuesto identificado por Zal ha demostrado en modelos porcinos mantener la función mitocondrial hasta 72 horas en condiciones de hipotermia controlada. Si los ensayos clínicos que se prevén iniciar en colaboración con instituciones mexicanas confirman estos resultados, los centros de procuración de órganos en Baja California y el centro del país podrían ampliar su radio de captación de donantes.
El caso de la red de trasplantes de la Ciudad de México ilustra el problema actual. En 2025, el 34 % de los riñones ofrecidos fueron descartados por tiempos de transporte excesivos o deterioro metabólico durante el trayecto. Una solución basada en hemoglobina marina no elimina la necesidad de mejorar la logística aérea, pero sí relaja la restricción temporal que obliga a rechazar órganos viables. La experiencia de Francia, donde el mismo compuesto ya cuenta con autorización de uso compasivo en casos pediátricos, ofrece un precedente regulatorio que México podría adaptar mediante acuerdos de transferencia tecnológica.

Articulación entre política sanitaria y desarrollo regional
La visita de Kershenobich también refleja una estrategia más amplia de descentralización de la investigación biomédica. Durante décadas, los principales centros de innovación en salud se han concentrado en la Ciudad de México y Jalisco. Al incorporar capacidades instaladas en Baja California, la Secretaría de Salud diversifica las fuentes de conocimiento y reduce la dependencia de importación de reactivos y equipos. Los proyectos de patentes ya registrados en el Departamento de Innovación Biomédica del Cicese incluyen membranas de algas para apósitos y extractos con actividad antiinflamatoria; su escalamiento industrial podría generar empleos calificados en Ensenada y vincular a proveedores locales con la cadena de suministro farmacéutica nacional.
El impacto económico no se limita al sector salud. La misma infraestructura de acuicultura que soporta experimentos de conservación de órganos sigue produciendo semilla de abulón y ostión para la acuicultura comercial. Una colaboración exitosa entre ambas secretarías podría estabilizar presupuestos de investigación al compartir gastos operativos entre objetivos sanitarios y productivos. Esta integración de fines contrasta con modelos anteriores donde los laboratorios marinos operaban de forma aislada de las prioridades del sistema de salud.
Riesgos y condiciones para la continuidad del esfuerzo
La materialización de estos beneficios depende de la continuidad de los recursos destinados a validación preclínica y de la definición clara de propiedad intelectual entre las instituciones participantes. El Cicese cuenta con experiencia en protección de patentes, pero la escala regulatoria requerida para un producto de uso humano exige alianzas con laboratorios certificados bajo normas de buenas prácticas de manufactura. La Secretaría de Salud puede facilitar el acceso a estas instalaciones, sin embargo, los tiempos de aprobación de ensayos clínicos en México siguen siendo superiores a los observados en Europa. Cualquier retraso prolongado podría hacer que los grupos de investigación busquen socios en otros países, diluyendo el beneficio regional inicialmente previsto.
El seguimiento acordado entre ambas partes contempla la creación de grupos de trabajo conjuntos. La efectividad de estos mecanismos dependerá de la asignación de personal de enlace y de la definición de indicadores de avance medibles. La experiencia de otros convenios de colaboración entre centros públicos de investigación y dependencias federales muestra que los resultados tangibles aparecen cuando existen metas específicas de productos o protocolos en plazos de tres a cinco años. En ausencia de tales metas, el diálogo puede mantenerse en el nivel declarativo sin traducirse en aplicaciones clínicas concretas.
