Colombia enfrenta una emergencia aún abierta después del terremoto de magnitud 7.4 que golpeó el país el 10 de agosto. El balance más alto, reunido por Reuters con reportes regionales, ya suma al menos 254 muertos, mientras el Gobierno mantiene una cifra nacional de 181 fallecidos, 2 mil 595 heridos y 195 desaparecidos. La brecha entre ambos conteos refleja el verdadero problema de fondo: la información sigue fragmentada porque varias zonas continúan incomunicadas.

El presidente Abelardo de la Espriella decretó tres días de duelo nacional y ordenó izar la bandera a media asta, al tiempo que el país mantiene la búsqueda de sobrevivientes en Pereira y Cali, donde se concentran los mayores daños urbanos. El sismo tuvo su epicentro en San José del Palmar, Chocó, a 103 kilómetros de profundidad, y el Servicio Geológico Colombiano advierte que pueden seguir las réplicas. La prioridad inmediata ya no es solo rescatar: es cerrar con precisión el balance de víctimas, restablecer servicios básicos y medir el alcance real de una tragedia que sigue evolucionando.
