CIUDAD DE MÉXICO.— El encarecimiento de la vivienda está modificando la manera en que muchas personas organizan sus finanzas. Compartir un departamento con amigos, dividir el pago de servicios y realizar compras conjuntas dejaron de ser prácticas asociadas exclusivamente con estudiantes o jóvenes que comienzan su vida laboral. En ciudades donde la renta absorbe una parte creciente del ingreso mensual, estas alternativas se extienden entre adultos de distintas edades como una estrategia para contener el costo de vida.
Un análisis de Zillow Research calculó que un inquilino en Estados Unidos paga, en promedio, 10 mil 470 dólares adicionales al año cuando vive solo frente a quienes comparten vivienda. La cifra equivale a 180 mil 835 pesos mexicanos, de acuerdo con la conversión utilizada en el estudio. El cálculo no representa un cobro oficial ni una obligación fiscal, sino una comparación del gasto individual que implica mantener un hogar sin dividir los costos fijos.
El llamado “impuesto a la soltería”
Zillow denomina a esa diferencia “singles tax”, expresión que puede traducirse como “impuesto a la soltería”. El concepto describe el sobrecosto que enfrenta una persona al asumir por cuenta propia la renta, el internet y otros servicios cuyo precio no necesariamente aumenta en la misma proporción cuando se incorpora otro residente. Por ello, el ahorro no depende únicamente de pagar menos renta, sino de distribuir gastos que permanecen relativamente estables.
Con base en sus estimaciones, dos personas que comparten vivienda pueden ahorrar en conjunto 20 mil 940 dólares anuales, equivalentes a 361 mil 669 pesos mexicanos con el mismo tipo de cambio. La diferencia individual calculada por la firma alcanza hasta 10 mil 470 dólares al año, aunque el monto real varía según la ciudad, el tamaño de la vivienda, el tipo de contrato y el nivel de los servicios incluidos.

La empresa informó que el incremento anual de este indicador fue de 146 dólares respecto de su estimación anterior, el aumento más bajo registrado por Zillow en los últimos cinco años. Sin embargo, advirtió que las cifras de 2026 no son directamente comparables con las de ejercicios previos porque modificó su metodología. En esta ocasión incluyó departamentos multifamiliares de distintos tamaños, en lugar de concentrarse únicamente en viviendas de una recámara.
Nueva York encabeza la diferencia
La brecha más amplia entre vivir solo y compartir vivienda se registró en Nueva York, donde el costo adicional anual llegó a 23 mil 400 dólares. Le siguieron San José, con 19 mil 488 dólares, y Boston, con 18 mil 84 dólares. Para elaborar el análisis, Zillow utilizó información de su Zillow Observed Rent Index, conocido como ZORI, y datos de StreetEasy para el mercado neoyorquino.
Estos resultados reflejan principalmente la presión de los mercados inmobiliarios estadunidenses y no pueden trasladarse de manera automática a México u otros países. Las condiciones de renta, los ingresos, el acceso al crédito y la disponibilidad de vivienda compartida son diferentes en cada ciudad. La conversión a pesos sirve para dimensionar el monto, pero no constituye una estimación del costo de vivir solo en territorio mexicano.
De la renta compartida a las compras conjuntas
La respuesta de los hogares no se limita a compartir el techo. Algunos grupos compran alimentos y artículos de limpieza al mayoreo, distribuyen el costo de plataformas digitales, coordinan el uso de vehículos o dividen servicios como internet y electricidad. El objetivo es reducir gastos recurrentes mediante acuerdos entre personas que mantienen finanzas independientes.
La ventaja económica de estas prácticas depende de que existan reglas claras. Repartir la renta y los servicios puede aliviar el presupuesto, pero también exige acordar anticipadamente los pagos, el uso de los espacios comunes, las visitas, la limpieza y la duración del arreglo. Sin esos acuerdos, el ahorro puede verse afectado por conflictos, pagos atrasados o una distribución desigual de las responsabilidades domésticas.
Vivir solo no equivale a estar aislado
El debate económico también se relaciona con las redes de amistad y el bienestar. En octubre de 2025, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos publicó el informe Social Connections and Loneliness in OECD Countries, dedicado a analizar la influencia de las relaciones sociales en la salud, el empleo, la educación y la calidad de vida.
El organismo señaló que las personas que viven solas tienen 1.5 veces más probabilidades de manifestar insatisfacción con sus relaciones personales frente al promedio de la población analizada. La OCDE, sin embargo, precisa que vivir solo no implica necesariamente experimentar soledad. La frecuencia y la calidad de los vínculos dependen de las circunstancias individuales, la comunidad y la posibilidad de mantener contacto significativo con familiares o amigos.
El informe también encontró que más de dos terceras partes de las personas encuestadas en países miembros mantienen contacto diario con familiares o amistades, aunque advirtió que la frecuencia de las interacciones no siempre refleja el grado de satisfacción con esas relaciones. En ese sentido, compartir vivienda puede ofrecer compañía y reducir gastos, pero no garantiza por sí mismo una mejor integración social.
Una transformación en la demanda habitacional
El crecimiento de los hogares unipersonales y, al mismo tiempo, de los arreglos de vivienda compartida plantea retos distintos para el mercado inmobiliario. Mientras algunas personas buscan espacios pequeños para conservar su independencia, otras necesitan viviendas con más habitaciones y áreas comunes que permitan distribuir costos sin perder privacidad.
La expansión de estas decisiones muestra que compartir vivienda responde cada vez menos a una etapa específica de la vida y más a la presión financiera de las ciudades. Para los inquilinos, dividir gastos puede ser una herramienta inmediata de ajuste presupuestario; para las autoridades y el sector inmobiliario, el fenómeno evidencia la necesidad de considerar hogares y redes de convivencia más diversos al planear la oferta habitacional.
