La orientación emitida por la Condusef sobre el uso responsable del crédito llega en un momento en que el endeudamiento de los hogares mexicanos ha alcanzado niveles sin precedentes. Tras décadas de expansión del sistema financiero formal, el país enfrenta una dualidad clara: el crédito puede convertirse en palanca de movilidad social o en factor de fragilidad económica según las decisiones que tomen las familias.
Expansión del crédito tras la apertura comercial
Desde la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, los bancos comerciales ampliaron sus carteras de consumo de manera acelerada. La llegada de tarjetas de crédito masivas y préstamos personales sin garantía modificó los patrones de gasto de millones de personas que antes solo accedían a financiamiento informal. Esta transformación permitió el surgimiento de una clase media endeudada que utilizó el crédito para adquirir vivienda, vehículos y educación, pero también expuso a sectores vulnerables a productos con tasas elevadas.
El crecimiento sostenido de la cartera de consumo entre 2000 y 2019 coincidió con periodos de estabilidad macroeconómica que redujeron la percepción del riesgo. Sin embargo, la pandemia evidenció las fragilidades acumuladas cuando millones de trabajadores perdieron ingresos mientras mantenían obligaciones mensuales fijas.
Patrimonio versus consumo: la línea divisoria
La distinción que establece la Condusef entre deuda que incrementa activos duraderos y deuda que financia gasto corriente tiene raíces en la teoría económica del ciclo de vida. Un crédito hipotecario o educativo puede elevar el valor neto de un hogar a lo largo de décadas, mientras que el financiamiento de viajes o dispositivos electrónicos suele depreciarse rápidamente. Esta diferencia cobra relevancia cuando se observa que el 37 por ciento de los usuarios de tarjetas de crédito en México destina más del 30 por ciento de sus ingresos al servicio de la deuda.

El límite del 30 por ciento propuesto por la autoridad regulatoria no es arbitrario. Estudios del Banco de México han demostrado que superar ese umbral reduce significativamente la capacidad de absorber choques externos como pérdida de empleo o incremento en gastos médicos. Las familias que respetan esta proporción mantienen mayor margen para el ahorro preventivo y enfrentan menor probabilidad de reestructuración de pasivos.
Efectos en la movilidad intergeneracional
Cuando el crédito se destina a educación superior o capitalización de pequeños negocios, se observa un efecto multiplicador sobre los ingresos futuros de los hijos. En contraste, el uso reiterado de tarjetas para cubrir necesidades básicas perpetúa ciclos de baja acumulación patrimonial. Datos del Inegi muestran que los hogares con deudas productivas presentan tasas de transmisión de activos un 22 por ciento superiores a aquellos que solo mantienen obligaciones de consumo.
Esta dinámica influye directamente en la distribución de la riqueza. Los jóvenes que acceden a financiamiento educativo con tasas controladas logran insertarse en empleos mejor remunerados, mientras que quienes inician su vida laboral con saldos negativos en tarjetas enfrentan restricciones para comprar vivienda o iniciar emprendimientos.
Presión sobre el sistema de protección al consumidor
El aumento del sobreendeudamiento ha elevado la demanda de servicios de la Condusef y de las unidades de atención de la Profeco. Los casos de reestructuración de deudas y quejas por cobros excesivos se incrementaron 41 por ciento entre 2019 y 2023. Esta carga administrativa refleja la necesidad de reforzar mecanismos de educación financiera desde la educación básica, un aspecto que las políticas públicas han abordado de forma fragmentada.
Las instituciones financieras también enfrentan riesgos sistémicos. Un incremento simultáneo de incumplimientos podría presionar la solvencia de bancos medianos y cooperativas de ahorro, especialmente en regiones con alta informalidad laboral donde los ingresos resultan volátiles.
Perspectivas de regulación y cultura financiera
La recomendación de liquidar primero los saldos menores y convertirse en usuario totalero de tarjetas apunta a modificar patrones conductuales arraigados. Sin embargo, su efectividad depende de que las entidades emisoras ofrezcan productos con mayor transparencia en el costo total anual y de que las campañas de educación financiera alcancen a poblaciones con menor acceso a canales digitales.
En el mediano plazo, la consolidación de burós de crédito más inclusivos y la promoción de productos de ahorro vinculados a metas patrimoniales podrían reducir la brecha entre deudas sanas y deudas tóxicas. La experiencia de países que implementaron techos de endeudamiento por ingreso sugiere que la combinación de límites regulatorios y alfabetización financiera genera resultados más sostenibles que cualquiera de estas medidas por separado.
El mensaje de la Condusef trasciende la recomendación individual. Señala la necesidad de que México desarrolle un ecosistema crediticio donde el financiamiento sirva como instrumento de desarrollo y no como mecanismo de extracción de ingresos futuros de los hogares más vulnerables.
