El Indicador Global de Opinión Empresarial de Confianza (IGOEC) se mantuvo en 48.2 puntos durante junio, repitiendo el nivel de mayo y acumulando ya 16 meses consecutivos por debajo del umbral de 50. Esta cifra refleja una percepción generalizada de cautela entre los directivos mexicanos ante el desempeño económico y las condiciones para invertir.
Orígenes del estancamiento prolongado
El IGOEC, elaborado por el Inegi, combina percepciones sobre la situación económica presente y futura del país, así como la idoneidad del momento para invertir. Desde abril de 2024, el indicador no ha logrado superar el nivel de optimismo. La racha actual se explica por una combinación de factores: desaceleración del crecimiento del PIB en 2025, presiones inflacionarias persistentes en alimentos y energía, y la incertidumbre derivada de la renegociación de tratados comerciales con Estados Unidos y Canadá. En mayo de 2025 se registró un breve repunte de 0.1 puntos que rompió temporalmente una secuencia de tres meses a la baja, pero el retroceso posterior evidenció que las mejoras eran frágiles.
La construcción es el sector que mejor ilustra esta fragilidad. Su indicador cayó 1.5 puntos en junio hasta 46.3, acumulando 22 meses por debajo del umbral. La principal causa fue la disminución de 2.4 puntos en la percepción sobre si es momento adecuado para invertir, directamente vinculada a la reducción de obra pública federal y al encarecimiento de materiales importados.

Diferencias sectoriales y señales mixtas
No todos los sectores evolucionan de manera uniforme. El comercio registró un avance de 0.6 puntos hasta 48.9, impulsado por mejoras en la percepción de la situación económica presente (+1.5) y del momento para invertir (+1.4). Este comportamiento se asocia al repunte del consumo interno durante el segundo trimestre, favorecido por remesas y programas sociales. Sin embargo, el sector sigue 22 meses consecutivos en zona de contracción.
El sector manufacturero subió 0.5 puntos hasta 48.0, beneficiado por la percepción más positiva sobre la economía futura (+0.9). No obstante, la debilidad de la demanda externa, especialmente de Estados Unidos, limita un repunte más sólido. Los servicios privados no financieros retrocedieron 0.3 puntos hasta 48.2, reflejando menor optimismo sobre la situación económica futura del país.
Impactos en la inversión y el empleo
La persistencia del IGOEC por debajo de 50 tiene consecuencias directas sobre las decisiones de capital. Empresas de construcción han postergado proyectos de infraestructura privada por valor estimado en 180 mil millones de pesos durante 2025 y 2026, según estimaciones de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción. Esta postergación reduce la demanda de acero, cemento y mano de obra calificada, afectando a proveedores en estados como Nuevo León y Jalisco.
En el ámbito laboral, la debilidad de la confianza empresarial se traduce en menor creación de empleos formales. El pronóstico de la Secretaría del Trabajo para el segundo semestre de 2026 apunta a una generación de apenas 380 mil puestos, cifra inferior al promedio de los últimos cinco años. Sectores como servicios y manufacturas han comenzado a sustituir contrataciones indefinidas por esquemas de temporalidad, elevando la rotación laboral y reduciendo la capacidad de consumo de los hogares.
Consecuencias macroeconómicas y sociales
A nivel agregado, la cautela empresarial frena el crecimiento potencial. El Banco de México ha revisado a la baja su estimación de expansión del PIB para 2027 hasta 1.8 %, en parte por la debilidad de la inversión privada. Una menor formación de capital reduce la productividad futura y limita la capacidad de México para competir en cadenas globales de valor más sofisticadas.
En el plano social, el estancamiento de la confianza amplifica desigualdades regionales. Estados del norte con mayor exposición a la manufactura de exportación mantienen niveles de empleo relativamente estables, mientras que entidades del sur, dependientes de obra pública y servicios locales, enfrentan mayor deterioro. Esta brecha puede traducirse en mayor migración interna y presión sobre servicios públicos en zonas metropolitanas.
Perspectivas de mediano plazo
La recuperación de la confianza requerirá señales más claras de estabilidad macroeconómica y reglas claras para la inversión. La evolución del nearshoring dependerá de que las empresas perciban certidumbre regulatoria y disponibilidad de infraestructura energética. Mientras tanto, el IGOEC por debajo de 50 durante más de un año indica que las decisiones de inversión seguirán condicionadas por una visión prudente, con efectos acumulativos sobre el empleo, la productividad y la cohesión social del país.
