Durante más de tres décadas, el Perú ha construido una red de veinticuatro acuerdos comerciales que vinculan su economía con los principales mercados globales. Esa decisión, tomada en un contexto de apertura que comenzó a fines de los años noventa, transformó al comercio exterior en uno de los pilares del crecimiento. Sin embargo, la ausencia de una red equivalente de convenios para evitar la doble imposición ha dejado un vacío que afecta directamente la capacidad del país para competir por capitales productivos.
El legado de la apertura comercial
La estrategia comercial peruana se consolidó con tratados que redujeron aranceles y establecieron reglas claras para el intercambio de bienes y servicios. Empresas de sectores como agroexportación, minería y manufacturas ligeras lograron acceder a mercados de Estados Unidos, Europa y Asia en condiciones preferenciales. Ese marco redujo la incertidumbre para los exportadores y generó empleos directos e indirectos en regiones que antes dependían de actividades de menor valor agregado. No obstante, la misma lógica que impulsó los tratados de libre comercio no se aplicó con igual intensidad a los flujos de inversión.
Instituciones que evalúan los inversionistas
Los convenios para evitar la doble imposición forman parte del conjunto de instituciones que los inversionistas revisan antes de decidir dónde ubicar una planta, desarrollar un proyecto minero o expandir operaciones de servicios. Estudios del Banco Interamericano de Desarrollo señalan que estos acuerdos reducen la doble tributación y ofrecen mecanismos de resolución de conflictos que otorgan mayor previsibilidad. Cuando un país carece de tales instrumentos con socios clave, los inversionistas incorporan primas de riesgo adicionales que encarecen el costo del capital.

La evidencia empírica respalda esta observación. Investigadores de la London School of Economics documentaron que la firma de convenios de este tipo genera incrementos estadísticamente significativos en los flujos de inversión extranjera directa entre los países firmantes. El efecto no es automático ni aislado: se potencia cuando coincide con estabilidad macroeconómica, instituciones sólidas e infraestructura adecuada, según revisiones del Centro Interamericano de Administraciones Tributarias.
Brechas frente a competidores regionales
Chile ha firmado convenios con la mayoría de sus principales socios comerciales e inversionistas, incluyendo Estados Unidos, España, Alemania, Francia y China. Perú, en cambio, mantiene una cobertura considerablemente más limitada. La ausencia de acuerdos con estas economías obliga a las empresas a operar bajo regímenes fiscales menos predecibles, lo que afecta tanto la reinversión de utilidades como la repatriación de dividendos. Esta diferencia se traduce en una desventaja competitiva cuando las compañías evalúan ubicaciones alternativas en América del Sur.
Efectos en cadenas de valor y transferencia tecnológica
La falta de convenios también influye en la transferencia de tecnología. Empresas europeas y asiáticas que podrían establecer centros de investigación o alianzas con universidades peruanas evalúan el costo fiscal de repatriar resultados. En sectores como energías renovables o biotecnología, donde los retornos tardan varios años en materializarse, la certidumbre tributaria resulta determinante. Sin acuerdos, los proyectos que requieren financiamiento internacional enfrentan mayores obstáculos para estructurar su modelo de negocio.
Impacto en el empleo y la productividad regional
Las regiones que dependen de proyectos de inversión de largo plazo, como las zonas mineras del sur o los corredores logísticos del norte, serían las más beneficiadas por una red ampliada de convenios. La llegada de capitales con estándares más exigentes suele elevar los niveles de productividad local a través de encadenamientos con proveedores nacionales. Sin embargo, cuando la competencia se libra únicamente con incentivos tributarios temporales, el efecto multiplicador sobre el empleo calificado tiende a ser menor.
Riesgos de inacción y caminos futuros
Mantener la situación actual implica aceptar que Perú compite en condiciones desiguales por inversiones que buscan marcos regulatorios modernos. La competencia global ya no se limita a aranceles o exenciones puntuales; incluye la calidad de las instituciones fiscales y la capacidad de resolver disputas de manera previsible. Ampliar la red de convenios representa un paso coherente con la estrategia comercial iniciada hace tres décadas y podría convertirse en un factor diferenciador si se acompaña de reformas que mejoren la gestión pública y la infraestructura.
