Los cortes y las intermitencias recientes en el suministro de agua potable en Tijuana no responden, necesariamente, a una ausencia inmediata del recurso. De acuerdo con Julio César Urías Soto, presidente de Comice TTR Tijuana, Tecate y Rosarito, detrás de las suspensiones se encuentran dos procesos simultáneos: el desgaste de tuberías que llevan años en operación y la ampliación de la red para conectar nuevas zonas habitacionales. La explicación desplaza el foco de una contingencia puntual hacia un problema estructural: una ciudad que crece con mayor rapidez que la capacidad de renovación de su infraestructura hidráulica.
La diferencia es relevante para entender el alcance del episodio. Cuando una línea principal presenta una ruptura o debe conectarse a un nuevo desarrollo, la Comisión Estatal de Servicios Públicos de Tijuana (Cespt) tiene que cerrar temporalmente el flujo para trabajar con seguridad y evitar el desperdicio de agua. La interrupción puede durar menos que una crisis de abastecimiento, pero afecta de forma directa a hogares, comercios, escuelas y pequeñas empresas que no siempre cuentan con reservas suficientes.
Una ciudad que extendió sus límites antes que sus tuberías
Tijuana ha experimentado durante décadas una expansión urbana marcada por el crecimiento poblacional, la llegada de nuevos residentes y la construcción de fraccionamientos en zonas cada vez más alejadas de los núcleos consolidados. Ese proceso exige mucho más que pavimentar calles o autorizar viviendas: cada colonia necesita redes de agua potable, drenaje, bombeo, almacenamiento y conexiones capaces de operar de manera coordinada.
El problema aparece cuando la expansión se apoya en una infraestructura diseñada para una ciudad más pequeña. Las tuberías antiguas pueden seguir funcionando durante años, pero su deterioro aumenta el riesgo de rupturas, fugas y reparaciones imprevistas. Una línea que alcanza el final de su vida útil no falla únicamente por su antigüedad; también está expuesta a cambios de presión, movimientos del terreno, tráfico pesado y obras urbanas. Cada factor eleva la probabilidad de una avería que obliga a cerrar una sección completa de la red.
La conexión de nuevos desarrollos añade otra presión. Para llevar el servicio a una colonia en expansión no basta con colocar tubería dentro del fraccionamiento. Es necesario enlazarla con conductos existentes, ajustar válvulas, verificar presiones y, en algunos casos, modificar la operación de sectores completos. Por eso una obra destinada a aumentar la cobertura puede producir cortes temporales en zonas que ya contaban con agua. El beneficio futuro se presenta, en el corto plazo, como una molestia para usuarios que no participan directamente en el proyecto.

El costo oculto de reparar siempre después de la falla
La situación descrita por Comice revela una tensión habitual en los servicios públicos: reparar una tubería cuando se rompe suele ser más visible, pero no necesariamente más barato que sustituirla antes de la avería. Una ruptura repentina puede inundar calles, dañar pavimento, interrumpir el tránsito y dejar sin servicio a miles de usuarios. Además, obliga a movilizar cuadrillas y materiales con poca anticipación, mientras que un programa preventivo permite ordenar las obras por prioridad y reducir el impacto operativo.
La dependencia de reparaciones reactivas también dificulta conocer el estado real de la red. Si la autoridad sólo interviene los puntos donde la falla ya ocurrió, las zonas con riesgo elevado permanecen ocultas hasta que generan una interrupción. La modernización requiere inventarios confiables, monitoreo de presiones, detección de fugas y una programación multianual que considere la edad, el material y la importancia de cada tramo. Una tubería secundaria y una línea que abastece a varias colonias no pueden evaluarse con el mismo criterio.
El desafío es especialmente delicado en una ciudad con estrés hídrico permanente. Cuando el margen entre la demanda y la capacidad de suministro es reducido, una falla local tiene más posibilidades de convertirse en una afectación extendida. La vulnerabilidad no depende sólo de cuánta agua exista en las fuentes, sino de la capacidad de transportarla, almacenarla y distribuirla sin interrupciones.
La interrupción no afecta a todos por igual
Para una vivienda con tinaco o cisterna, un corte de algunas horas puede ser manejable. Para una familia que almacena el agua en recipientes pequeños, la misma suspensión puede alterar la preparación de alimentos, la higiene y el cuidado de personas mayores o enfermas. La recomendación de instalar sistemas de reserva ofrece una herramienta práctica, pero también muestra una desigualdad: quienes tienen recursos pueden amortiguar la falla, mientras que los hogares con menor ingreso quedan más expuestos.
La repercusión se extiende a negocios que dependen del agua para operar. Restaurantes, lavanderías, consultorios, hoteles, salones de belleza y talleres pueden suspender actividades o comprar agua mediante pipas. Ese gasto adicional reduce márgenes, encarece servicios y puede afectar más a los establecimientos pequeños que no cuentan con infraestructura de almacenamiento. En escuelas y centros de atención médica, la falta de agua exige protocolos especiales porque la higiene no puede posponerse indefinidamente.
Por ello, la comunicación pública resulta tan importante como la reparación técnica. Un aviso tardío impide a los usuarios almacenar agua, reorganizar turnos laborales o proteger equipos. La Cespt y las autoridades municipales necesitan informar con claridad las colonias afectadas, la causa del cierre, el tiempo estimado de recuperación y las alternativas disponibles, incluida la solicitud de pipas cuando corresponda. La precisión reduce rumores y permite que el costo de la interrupción no se multiplique por falta de previsión.
Vivienda, permisos y capacidad hidráulica
El debate también alcanza al modelo de crecimiento urbano. Cada nuevo desarrollo habitacional puede ampliar la base de usuarios y generar inversión, pero su autorización debe acompañarse de una evaluación sobre la capacidad real de la red. Si las conexiones se aprueban sin obras de refuerzo, los nuevos residentes compiten por el mismo caudal con colonias ya establecidas. El resultado puede ser una expansión formal en términos inmobiliarios, pero frágil en términos de servicios.
La planeación debería vincular los permisos de construcción con calendarios verificables de infraestructura. Eso implica determinar quién financiará las ampliaciones, qué tramos requieren sustitución, qué capacidad de almacenamiento estará disponible y cómo se distribuirán los costos entre desarrolladores, autoridades y usuarios. Sin esa coordinación, la obra hidráulica queda rezagada respecto de la vivienda y las reparaciones terminan realizándose bajo presión social, después de que el servicio ya fue afectado.
El sector de la construcción puede beneficiarse de una política sostenida de renovación, pero la inversión no debe medirse únicamente por el número de conexiones nuevas. Sustituir tuberías antiguas, instalar válvulas sectorizadas y mejorar la medición también son obras productivas, aunque resulten menos visibles que un nuevo fraccionamiento. Una red más eficiente puede disminuir pérdidas, contener costos operativos y hacer viable el crecimiento sin aumentar proporcionalmente las interrupciones.
La inversión que definirá la próxima década
Urías Soto señaló que el sector empresarial espera conocer los alcances de los proyectos hidráulicos impulsados por la Cespt. Esa expectativa refleja la necesidad de pasar de intervenciones aisladas a una estrategia de largo plazo. La inversión debe incluir no sólo la ampliación de cobertura, sino también mantenimiento preventivo, renovación de activos, sistemas de respaldo y capacidad de respuesta ante emergencias.
Una red resistente requiere priorizar los puntos cuya falla tendría mayor impacto. El reemplazo de una conducción estratégica puede beneficiar a varias colonias, mientras que la reparación de fugas menores puede generar ahorros acumulados si se realiza de manera constante. También es importante dividir la red en sectores operativos: así, un cierre puede limitarse a una zona y no dejar sin agua a una parte extensa de la ciudad.
La digitalización puede complementar estas medidas mediante sensores de presión, medidores inteligentes y plataformas de atención que identifiquen variaciones anormales antes de que ocurran rupturas. No se trata de sustituir el trabajo de las cuadrillas, sino de darles información para actuar con mayor precisión. Cada peso invertido en detectar una fuga temprana puede evitar daños mayores en pavimento, interrupciones comerciales y reparaciones de emergencia.
Del corte temporal a una política de resiliencia
Los cortes actuales pueden ser el resultado inevitable de obras necesarias, pero no deberían convertirse en la forma habitual de administrar una red envejecida. La ciudadanía acepta con mayor facilidad una suspensión cuando conoce su propósito, duración y beneficio; la tolera mucho menos cuando percibe que las fallas se repiten sin un plan visible. La legitimidad de las obras depende, en buena medida, de que exista una ruta pública para resolver el problema de fondo.
La experiencia de Tijuana plantea una decisión de largo alcance. Mantener una infraestructura que se repara sólo después de romperse puede prolongar la incertidumbre y trasladar los costos a las familias y negocios. En cambio, una política que combine renovación, control del crecimiento urbano, almacenamiento doméstico, información oportuna y vigilancia ciudadana puede transformar las interrupciones en una etapa controlada de modernización.
El agua no llega a las colonias únicamente porque exista disponibilidad en una fuente; llega cuando una cadena completa de obras, operación y mantenimiento funciona todos los días. Tijuana enfrenta el reto de fortalecer esa cadena mientras continúa creciendo. La magnitud de las inversiones y la calidad de la planeación determinarán si los cortes seguirán siendo una respuesta recurrente a tuberías agotadas o si marcarán el comienzo de una red más segura, eficiente y preparada para las necesidades futuras.
