Los costos de almacenamiento, preparación de pedidos y distribución urbana volvieron a incrementarse en junio, impulsados por ajustes salariales, actualizaciones tarifarias y el encarecimiento de insumos operativos. Los índices elaborados para CEDOL y AECAUM confirman que la presión sobre la logística se mantiene incluso en los segmentos que no dependen directamente del movimiento de cargas.
Almacenamiento y última milla concentran el alza
El índice de costos logísticos sin transporte registró un aumento mensual de 3,57% y acumuló 21,29% en el primer semestre. Este indicador refleja exclusivamente las operaciones de depósito, administración y gestión interna. En paralelo, el índice de última milla de AECAUM subió 2,81% en el mes, con un acumulado anual de 23,60% y una variación interanual de 42,50%. Ambos registros muestran que la carga de costos sigue desplazándose hacia etapas fijas de la cadena.

El desglose revela que la energía experimentó el mayor salto individual, con 14,66% de incremento por las revisiones tarifarias. Le siguieron seguridad de edificios (3,79%), comunicaciones (3,43%) e IPIM (2,51%). En cambio, rubros como film stretch, pallets y alquileres permanecieron estables, lo que indica que el alza no es uniforme sino selectivo.
Mano de obra explica más de la mitad del aumento
El análisis de AECAUM identifica a la mano de obra como el factor de mayor incidencia. Este rubro creció 3,71% por el nuevo acuerdo paritario, el pago de una suma fija no remunerativa de 30.000 pesos y la actualización del adicional por rama. Su peso explica 64,5% de la variación en servicios postales y 51% en última milla. A este componente se suma el bloque de agua, electricidad y gas, que aportó alrededor de 10,5% de la variación mensual.
La estructura de costos revela un cambio de composición respecto de años anteriores. Mientras el combustible perdió relevancia, los gastos fijos vinculados a la operación de instalaciones y al personal cobraron mayor protagonismo. Este desplazamiento obliga a las empresas a revisar sus modelos de contratación y sus contratos de abastecimiento energético.
El combustible deja de ser el principal impulsor
El gasoil apenas avanzó 0,55% y el GNC 1,64%, cifras muy inferiores a las observadas en otros rubros. En contraste, patentes, tasas e impuestos crecieron 8,84%, el flete aéreo 5%, lubricantes 4% y neumáticos 2,96%. Esta distribución confirma que la presión actual proviene principalmente de costos estructurales y no de variables volátiles como el precio del combustible.
La menor incidencia del combustible modifica la forma en que las empresas proyectan sus márgenes. Antes, una suba abrupta del gasoil podía alterar rápidamente la ecuación de rentabilidad; ahora, los ajustes salariales y tarifarios requieren negociaciones más largas y afectan contratos de mediano plazo.
Presión sostenida sobre la infraestructura logística
Los datos de CEDOL y AECAUM muestran que las operaciones de almacenamiento y última milla absorben el impacto de las actualizaciones salariales y energéticas de manera más persistente que el transporte. Esta tendencia obliga a repensar la asignación de recursos dentro de la cadena de abastecimiento, ya que los costos fijos se vuelven más determinantes que los variables.
Las empresas enfrentan la necesidad de renegociar convenios colectivos, optimizar el consumo energético de sus depósitos y evaluar la automatización de procesos que antes dependían exclusivamente de mano de obra intensiva. El escenario actual sugiere que la contención de costos logísticos dependerá cada vez más de la eficiencia interna que de la evolución del precio del combustible.
