En junio, el crédito al consumo de la banca avanzó 7.6 por ciento real anual, por encima del crédito empresarial y de vivienda, que apenas crecieron 1.3 y 1.5 por ciento. El dato confirma una expansión sostenida de la demanda, pero también expone una economía donde el financiamiento sigue siendo bajo en términos agregados y, a la vez, cada vez más concentrado en hogares con menor margen para absorber una deuda más cara o mal estructurada.

La lectura no es de burbuja general: el crédito al sector privado equivale a cerca de 35 por ciento del PIB y la deuda de los hogares sigue contenida frente a otros países de la región. Pero los focos rojos están en la calidad de la originación. La morosidad del consumo subió a 3.35 por ciento en mayo, las tarjetas bancarias llegaron a 3.73 por ciento en junio y en las sofipos el índice trepó a 9.41 por ciento en abril. Con tasas todavía altas y menor crecimiento, el riesgo ya no está en el promedio nacional, sino en los segmentos más frágiles.
