Crédito automotriz mantiene doble dígito

El crédito automotriz bancario en México sigue creciendo a doble dígito, aunque ya sin el impulso extraordinario observado en 2024 y buena parte de 2025. En junio, la cartera de la banca comercial alcanzó 374,200 millones de pesos, con un avance real anual de 11.6%, de acuerdo con Banxico. La cifra confirma que el financiamiento para la compra de vehículos no solo resistió la desaceleración económica, sino que encontró apoyo en una industria más competida, más abierta a nuevas marcas y más dispuesta a usar el crédito como palanca comercial.

Esa evolución no puede leerse como un fenómeno aislado. Durante el primer tramo de 2024, el salto de la cartera fue excepcional por una operación corporativa concreta: la compra de Cetelem por Inbursa, que elevó de forma abrupta el saldo del sector a partir de abril de ese año. Desde entonces, el mercado regresó a una trayectoria más normalizada, pero sin perder tracción. Lo relevante no es solo el porcentaje de crecimiento, sino la persistencia de la demanda en un entorno de menor dinamismo económico, tasas todavía elevadas y hogares más cautelosos en su endeudamiento.

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La explicación de fondo está en la transformación del mercado automotor mexicano. La llegada de nuevas firmas, en particular asiáticas, ha intensificado la competencia y ha empujado a las instituciones financieras a cerrar alianzas con armadoras para sostener participación. BBVA y Santander han profundizado ese tipo de acuerdos, mientras Banorte reforzó su posición en un segmento donde la velocidad de originación y la capacidad de colocación pesan tanto como el precio del dinero. En un mercado con más marcas y más modelos, el crédito deja de ser un servicio accesorio y se vuelve parte de la estrategia de venta.

Los reportes del segundo trimestre muestran que el impulso sigue vivo en los principales bancos. Banorte cerró junio con una cartera de 76,924 millones de pesos, 26% más que un año antes; Santander México llegó a 67,750 millones, con alza de 18.8%; y BBVA avanzó 14.5%. Estas tasas sugieren que la demanda no depende exclusivamente de un ciclo expansivo general, sino de una reconfiguración más profunda: más consumidores están entrando al financiamiento vehicular y más distribuidores están usando el crédito para convertir el interés en compra efectiva.

El contraste aparece cuando se mira la competencia total del sector. Las financieras de marca conservan 79.8% del mercado entre enero y junio de 2026, contra 19.2% de la banca, según la AMDA. Esa proporción revela dos realidades al mismo tiempo. Por un lado, las armadoras siguen dominando la colocación porque controlan el punto de venta y pueden subsidiar tasas o plazos. Por el otro, la banca ha ganado espacio suficiente para disputar a clientes con mejor perfil crediticio, sobre todo en vehículos ligeros nuevos y seminuevos, donde la decisión final suele depender de la rapidez de aprobación y de la estructura del pago mensual.

BBVA financió 56,674 unidades ligeras en el periodo; Banorte, 31,694; Scotiabank, 22,914; y Santander, 5,964. Detrás de esas cifras hay un mercado que funciona como termómetro de la economía doméstica. Cuando el crédito automotriz avanza, suele indicar que los hogares todavía encuentran margen para comprometer ingresos futuros en un activo durable. También sugiere que las instituciones perciben menor riesgo relativo en este tipo de financiamiento, porque el vehículo sirve como garantía económica y porque el ticket promedio está más acotado que otros créditos de consumo.

El punto de inflexión será la duración de la desaceleración. BBVA ya advirtió un menor dinamismo desde el cuarto trimestre de 2025, señal que no debe ignorarse. Si el enfriamiento económico se prolonga, el crédito automotriz puede seguir creciendo, pero con una base más estrecha: clientes con mayor capacidad de pago, plazos más selectivos y promociones más agresivas de las armadoras. En ese escenario, el riesgo no es un colapso inmediato, sino una gradual pérdida de amplitud del mercado, con exclusión de segmentos de ingreso medio y presión sobre concesionarios que dependen del financiamiento para cerrar ventas.

El efecto más amplio se verá en la cadena automotriz. Un crédito sano sostiene inventarios, acelera rotación en agencias y ayuda a absorber la entrada de nuevas marcas. Pero también puede distorsionar el mercado si la expansión se apoya demasiado en incentivos financieros y no en ingresos reales del comprador. La experiencia reciente muestra que el sector puede crecer con fuerza por operaciones extraordinarias o por competencia comercial intensa; el reto es que ese crecimiento no se vuelva frágil cuando cambie el ciclo económico. En México, el crédito automotriz ya no es un subproducto del sistema financiero: es una pieza central de la pelea por el consumidor y un indicador temprano de cómo se está moviendo la demanda interna.

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