La recogida selectiva de papel y cartón en Córdoba ha alcanzado una nueva dimensión durante el primer semestre de 2026. Entre enero y junio se recuperaron 5.112.506 kilogramos, un 3,6% más que en el mismo periodo del año anterior, cuando se registraron 4.933.878 kilos. El aumento, equivalente a 178.628 kilogramos adicionales, no representa únicamente una mejora estadística: refleja la consolidación de un sistema que combina gestión municipal, participación ciudadana, actividad empresarial y objetivos de inserción laboral.
La cifra adquiere mayor relevancia cuando se observa su regularidad. Enero fue el mes de mayor recogida, con 919.767 kilos, mientras que marzo alcanzó 871.904. En febrero se reunieron 825.017 kilos; en abril, 806.833; en mayo, 848.152, y en junio, 840.833. Salvo abril, todos los meses superaron los 820.000 kilos, y el promedio diario se situó alrededor de 28.246 kilos. No se trata, por tanto, de un repunte aislado, sino de un flujo sostenido que apunta a una mayor estabilidad de los hábitos de separación y de los mecanismos de recogida.
De la conciencia ambiental a una infraestructura estable
El crecimiento de Córdoba se produce en un contexto en el que la gestión de residuos ha dejado de ser un servicio meramente operativo. Las ciudades deben reducir la cantidad de materiales que terminan en eliminación, mejorar la recuperación de recursos y responder a una presión creciente sobre las materias primas. El papel y el cartón ocupan una posición estratégica dentro de ese proceso porque son residuos visibles, frecuentes en los hogares y muy vinculados a la actividad comercial y logística.
La colaboración entre la Empresa Municipal Saneamientos de Córdoba, Sadeco, y Solemccor, entidad dependiente de Cáritas, permite abordar el problema desde dos planos simultáneos. Sadeco aporta la responsabilidad pública, la planificación y la coordinación del servicio, mientras Solemccor ejecuta la recogida mediante un modelo que incorpora itinerarios de inserción sociolaboral. La fórmula convierte una tarea ambiental cotidiana en una política pública con efectos económicos y sociales más amplios.
La distribución de los materiales recogidos muestra por qué no basta con instalar contenedores y esperar una respuesta homogénea. Más de 2,15 millones de kilos procedieron de los depósitos situados en la vía pública, cerca de 1,5 millones se recogieron en polígonos industriales y otros 954.582 kilos llegaron a través del servicio puerta a puerta dirigido a los comercios del centro. Cada origen exige frecuencias, vehículos, horarios y canales de atención diferentes.

El comercio del centro, un laboratorio de gestión urbana
El servicio puerta a puerta concentra una de las claves menos visibles del resultado. Los establecimientos del centro generan grandes cantidades de embalajes, especialmente en momentos de reposición de mercancías, campañas comerciales o aumento de la actividad turística. Si esas cajas se depositan sin plegar o se abandonan junto a los contenedores, ocupan espacio, dificultan la limpieza y transmiten una imagen de desorden que afecta al entorno urbano.
La retirada directa modifica ese comportamiento porque adapta el servicio al punto de generación. El comercio no depende exclusivamente de la capacidad disponible en un contenedor azul y puede entregar el cartón de forma ordenada, con horarios y recorridos diseñados para una zona de alta densidad. Los 954.582 kilos recuperados mediante este canal demuestran que la separación mejora cuando la infraestructura responde a la realidad operativa de quienes deben utilizarla.
Esta experiencia ofrece una lección aplicable a otros flujos de residuos. La responsabilidad individual es necesaria, pero no suficiente cuando los sistemas no consideran las condiciones concretas de viviendas, negocios o áreas industriales. Un pequeño comercio con poco espacio de almacenamiento no afronta el mismo problema que una empresa situada en un polígono; exigirles idéntico procedimiento puede producir incumplimientos no por falta de voluntad, sino por falta de adecuación del servicio.
Una cadena industrial que empieza en la acera
Cada kilo depositado correctamente representa un material que puede volver al ciclo productivo. La recuperación de papel y cartón reduce la necesidad de utilizar fibra virgen y evita que una parte de los residuos sea enviada a procesos de eliminación. Sin embargo, el beneficio ambiental no depende solo del volumen recogido. También importa la calidad del material: las cajas deben plegarse, mantenerse lo más limpias posible y depositarse dentro del contenedor azul, no en el suelo.
La contaminación con restos orgánicos, plásticos u otros residuos puede reducir el valor del cartón recuperado y complicar su clasificación. Por eso, el aumento cuantitativo debe ir acompañado de una mejora cualitativa. Una ciudad puede incrementar los kilos recogidos y, al mismo tiempo, perder eficiencia si una proporción significativa llega mezclada o húmeda. El siguiente desafío para Córdoba será conocer no solo cuánto recupera, sino en qué condiciones llega ese material a las plantas de tratamiento y valorización.
La separación correcta tiene además una dimensión económica. La industria papelera necesita suministros constantes y previsibles de material recuperado, mientras las administraciones buscan reducir los costes asociados al transporte, la clasificación y la eliminación. Un sistema con recogidas más ordenadas puede disminuir incidencias, optimizar rutas y hacer más eficiente el uso de vehículos y personal. La economía circular, en este sentido, no consiste únicamente en reciclar más, sino en organizar mejor cada etapa de la cadena.
Inserción laboral más allá del dato ambiental
El modelo desarrollado por Solemccor introduce una particularidad que diferencia esta experiencia de una recogida convencional. La actividad se integra en itinerarios de inserción para personas trabajadoras, de modo que el servicio genera oportunidades laborales y experiencia profesional mientras resuelve una necesidad urbana. Esta conexión entre empleo y sostenibilidad resulta especialmente importante en contextos donde la transición ecológica puede crear nuevas ocupaciones, pero también exige formación y acompañamiento.
El valor social no debe medirse únicamente por el número de puestos vinculados al servicio. También debe observarse si las personas participantes adquieren competencias transferibles: conducción y logística, mantenimiento, prevención de riesgos, clasificación de materiales, atención a empresas o coordinación de rutas. Cuanto más amplia sea esa formación, mayor será la posibilidad de que la recogida selectiva funcione como una puerta de entrada a otros empleos relacionados con la economía verde.
La colaboración entre una empresa pública y una entidad de economía social muestra que la contratación de servicios urbanos puede incorporar objetivos adicionales a la prestación básica. No obstante, esa dimensión debe sostenerse con indicadores transparentes: continuidad de los contratos, itinerarios completados, acceso posterior a empleos estables y condiciones laborales adecuadas. El componente social será verdaderamente transformador si no queda reducido a una declaración asociada a los resultados ambientales.
El reto de sostener el crecimiento sin perder calidad
El incremento del 3,6% es positivo, pero también obliga a plantear preguntas sobre la capacidad futura del sistema. Si el volumen continúa aumentando, Sadeco y Solemccor tendrán que revisar rutas, frecuencias, disponibilidad de contenedores y medios para atender los puntos de mayor generación. Un contenedor que se desborda con frecuencia puede provocar que los usuarios abandonen el material fuera, precisamente la conducta que el servicio pretende evitar.
La evolución mensual ofrece información útil para anticipar esas necesidades. El máximo de enero puede estar relacionado con la actividad comercial acumulada tras el periodo navideño, mientras los niveles elevados de marzo, mayo y junio sugieren que el flujo no depende de una sola campaña. La planificación debería combinar estos datos con información por barrios, sectores comerciales y polígonos industriales. Las medias generales ocultan diferencias territoriales que pueden ser decisivas para distribuir los recursos.
También será necesario fortalecer la comunicación. Recordar que las cajas deben plegarse y depositarse dentro de los contenedores parece una indicación sencilla, pero su cumplimiento depende de que los mensajes lleguen a residentes, empresas, comunidades de propietarios y visitantes. En el caso del comercio, la información debe ser práctica: qué días se realiza la retirada, cómo solicitar el servicio y qué materiales no deben mezclarse. Las campañas genéricas tienen menos eficacia que las instrucciones ligadas a situaciones concretas.
Una señal para las políticas urbanas de largo plazo
Los datos del primer semestre permiten interpretar el reciclaje de papel y cartón como un indicador de la madurez ambiental de Córdoba, aunque no como una medida completa de su desempeño. El aumento confirma que existe margen para movilizar más material mediante una combinación de infraestructura y colaboración. También revela que la transición hacia una economía circular depende de decisiones muy locales: dónde se coloca un contenedor, cómo se recoge el cartón de una tienda y quién acompaña a una persona en su incorporación al empleo.
A largo plazo, el modelo puede influir en otras políticas municipales. La información de las rutas puede ayudar a ordenar la carga y descarga comercial, reducir desplazamientos innecesarios y coordinar la limpieza urbana. Los datos de los polígonos pueden servir para diseñar servicios específicos para empresas y mejorar la separación en origen. Incluso la experiencia del centro puede orientar futuras soluciones para envases y otros residuos comerciales cuya gestión también exige respuestas diferenciadas.
El resultado alcanzado no elimina las dificultades. Persisten los riesgos de abandono en la vía pública, mezcla de residuos, desigualdad en el acceso a los servicios y dependencia de la implicación voluntaria. Pero el crecimiento registrado ofrece una base concreta para avanzar: más de cinco millones de kilos recuperados en seis meses, una red con varios canales de recogida y una alianza que vincula la limpieza urbana con la inclusión social. La continuidad de esa trayectoria dependerá de que Córdoba convierta el buen comportamiento ciudadano en una estructura cada vez más precisa, accesible y capaz de medir no solo cuánto recicla, sino también qué beneficios ambientales y sociales produce.
