Los resultados del Censo Nacional 2025, difundidos por el INEI, confirman que Lima Metropolitana mantiene su posición como el principal núcleo demográfico del Perú, con 9,6 millones de habitantes. Este dato no surge de manera aislada: refleja un proceso de urbanización que se remonta a mediados del siglo XX, cuando las reformas agrarias y la crisis del campo impulsaron flujos migratorios hacia la capital. Desde entonces, la concentración de oportunidades laborales y servicios ha reforzado un patrón que hoy enfrenta límites evidentes de sostenibilidad.
Raíces históricas de la migración interna
La transición demográfica peruana se aceleró tras las reformas de los años sesenta y setenta. Familias enteras abandonaron las sierras y selvas en busca de empleo industrial o informal en Lima. Este movimiento generó barriadas que luego se consolidaron como distritos densos, entre ellos San Juan de Lurigancho, hoy el más poblado del país con 1,125 millones de habitantes. El censo actual muestra que esa tendencia persiste, aunque a ritmos más moderados: Lima creció 1,1% anual entre 2017 y 2025, mientras provincias como Lambayeque alcanzaron 2,5%.
La menor movilidad registrada entre 2020 y 2025, que pasó de 1,43 millones a 1,22 millones de personas, indica que el ciclo de migración masiva comienza a estabilizarse. Factores como el envejecimiento relativo de la población joven y la aparición de polos regionales explican parte de este cambio.

Concentración económica y sus efectos territoriales
La primacía de Lima no es solo numérica. El jefe del INEI, Gaspar Morán Flores, recordó que la capital y el Callao concentran el mayor potencial comercial e industrial del país. Esta realidad genera un círculo virtuoso para algunos sectores, pero también profundiza brechas con regiones del sur y norte. Arequipa y Trujillo superan ya el millón de habitantes cada una, sin embargo carecen de la misma densidad de inversión privada y servicios especializados.
El dato de 27 provincias con más de 200 mil habitantes revela una jerarquía urbana cada vez más definida. Cuando solo cuatro de ellas rebasan el millón, el riesgo de sobrecarga en Lima se vuelve tangible: presión sobre el transporte, abastecimiento de agua y disposición de residuos. Las autoridades locales han debido ampliar redes de georreferenciación de las 13,8 millones de viviendas censadas para planificar emergencias con mayor precisión.
Presencia extranjera y tensiones habitacionales
El censo también documenta que más de un millón de extranjeros residen en el Perú, con 65,5% ubicados en Lima Metropolitana. De ellos, cerca de 900 mil son venezolanos. El 99% de esta población vive en alquiler, lo que expone la informalidad del mercado de arrendamiento y las dificultades para regular contratos sin documentación formal. El INEI recurrió a estrategias de censo fuera de las viviendas para alcanzar a inquilinos que de otro modo quedarían invisibles.
Esta situación plantea desafíos concretos para la política social. La falta de acceso a vivienda propia limita la capacidad de ahorro de estas familias y dificulta su integración estable. Al mismo tiempo, los datos sobre acceso a servicios básicos y tecnología permiten identificar dónde focalizar subsidios o programas de regularización.
Perspectivas de descentralización y riesgos futuros
La sugerencia de Morán Flores de impulsar polos en Arequipa, Tacna, Lambayeque, Piura y La Libertad responde a la necesidad de redistribuir carga demográfica. Sin embargo, el éxito de esa estrategia depende de inversiones sostenidas en infraestructura y empleo calificado. Hasta ahora, la reducción de población en San Román y Puno muestra que algunas zonas intermedias pierden atractivo cuando no logran retener a sus residentes.
En el largo plazo, la consolidación urbana observada en distritos que superan los 5 mil habitantes podría traducirse en mayor eficiencia de servicios, pero también en mayor vulnerabilidad ante eventos climáticos o sanitarios si la planificación no acompaña el ritmo de crecimiento. El censo ofrece una base georreferenciada que, bien utilizada, permite anticipar esas presiones antes de que se conviertan en crisis.
El equilibrio entre desarrollo capitalino y fortalecimiento regional determinará si el Perú logra transformar el dato demográfico de 2025 en una oportunidad de cohesión territorial o en un factor de desigualdad persistente.
