El incremento del 35 por ciento en las exportaciones de aguacate mexicano hacia Estados Unidos durante los primeros cuatro meses de 2026 revela una cadena productiva capaz de mantener su ritmo pese a las incertidumbres que rodean al T-MEC y a posibles ajustes arancelarios. Los datos oficiales muestran que se enviaron 501 mil 824 toneladas entre enero y abril, frente a las 370 mil 551 toneladas del mismo periodo de 2025. Este avance se concentra principalmente en Michoacán, Jalisco, Estado de México y Nayarit, regiones donde el cultivo genera empleo directo e indirecto para decenas de miles de familias y aporta divisas significativas al país.
Beneficios para la economía regional
El dinamismo de las ventas externas fortalece los ingresos de los productores y de toda la cadena que incluye empacadoras, transportistas y proveedores de insumos. En Michoacán, principal zona productora, el aguacate representa una fuente estable de divisas que permite a los municipios mantener obras de infraestructura y servicios públicos. El aumento del 57 por ciento registrado solo en marzo indica que la demanda estadounidense sigue siendo robusta y que los compradores valoran la calidad y la inocuidad certificada del fruto mexicano. Esta preferencia sostiene precios relativamente estables y reduce la dependencia de mercados alternativos que aún no alcanzan el mismo volumen ni los mismos márgenes.
Presiones derivadas de la renegociación del T-MEC
Sin embargo, el mismo crecimiento expone a la industria a riesgos derivados de las negociaciones en torno al tratado comercial. Cualquier modificación en las reglas de origen o la imposición de aranceles de represalia podría encarecer el producto en el mercado estadounidense y reducir su competitividad frente a proveedores de Perú o Chile. Los productores michoacanos ya han enfrentado en el pasado bloqueos temporales por cuestiones fitosanitarias; una escalada en las disputas comerciales podría repetir esos episodios con mayor frecuencia y duración. Además, la concentración de las exportaciones en un solo destino limita la capacidad de reacción ante cambios bruscos de política.

Impactos en la sostenibilidad productiva
El aumento de la demanda también presiona los recursos naturales de las zonas de cultivo. La expansión de huertos en laderas ha provocado deforestación y pérdida de suelos en algunas áreas de Michoacán, lo que eleva el riesgo de deslizamientos y reduce la capacidad de retención de agua. Las autoridades y los organismos certificadores exigen cada vez más prácticas de manejo integrado y trazabilidad, pero el cumplimiento de estas normas implica costos adicionales que no todos los productores pueden absorber con la misma facilidad. Si los estándares ambientales se endurecen como parte de futuras revisiones del T-MEC, algunos predios podrían quedar fuera del circuito exportador.
Desafíos para pequeños y medianos productores
Los beneficios del crecimiento no se distribuyen de manera uniforme. Los grandes empacadores y exportadores concentran la mayor parte de los volúmenes y las ganancias, mientras que los productores de menor escala enfrentan dificultades para acceder a certificaciones y a líneas de crédito que les permitan mantener la productividad. Un eventual aumento de aranceles reduciría los márgenes y podría acelerar la concentración de la tierra en manos de quienes poseen capital para invertir en tecnología y cumplimiento normativo. Esta dinámica podría generar tensiones sociales en comunidades que dependen del cultivo como principal actividad económica.
Incertidumbres climáticas y sanitarias
El cambio climático añade otra capa de riesgo. Variaciones en los patrones de lluvia y temperaturas extremas afectan la floración y el cuajado del fruto, lo que puede traducirse en menores cosechas o en fruta de menor calibre que no cumple con los requisitos del mercado estadounidense. Al mismo tiempo, la aparición de plagas o enfermedades nuevas obligaría a aplicar medidas de control más estrictas y costosas. Cualquier interrupción prolongada del suministro por causas sanitarias o climáticas podría erosionar la posición de México como proveedor principal y abrir espacio a competidores que ya buscan ampliar su presencia en el mismo mercado.
Perspectivas de diversificación y adaptación
Frente a estos escenarios, algunas organizaciones de productores exploran la apertura de mercados en Asia y Europa, aunque los volúmenes y los precios aún no igualan los del mercado estadounidense. La inversión en variedades más resistentes y en sistemas de riego tecnificado representa una estrategia de largo plazo que podría mitigar tanto riesgos climáticos como comerciales. Las autoridades federales y estatales podrían apoyar estas transiciones mediante programas de asistencia técnica y financiera orientados a reducir la dependencia de un solo destino y a mejorar la resiliencia de la cadena productiva.
El comportamiento de las exportaciones en los próximos trimestres permitirá evaluar si el crecimiento actual se mantiene o si las tensiones comerciales comienzan a reflejarse en volúmenes y precios. Mientras tanto, la capacidad de adaptación de productores, empacadores y autoridades determinará si el aguacate mexicano conserva su liderazgo o enfrenta una etapa de mayor volatilidad.
