Cuando emprender exige adaptarse cada día

Tras casi una década construyendo negocios en la Argentina, el emprendedor detrás de BARDO sostiene que el principal activo para avanzar no es esperar un escenario ideal, sino aprender a actuar cuando cambian los costos, el consumo y la competencia. Su conclusión surge de una experiencia atravesada por decisiones constantes y por la necesidad de sostener una propuesta propia en un mercado exigente.

El punto de partida fue anterior a su llegada al país. A los 24 años, en Venezuela, desarrolló un complejo de tres canchas de fútbol 5, su primera experiencia empresarial. Allí incorporó una idea que luego trasladaría a otros rubros: administrar no se limita a seguir los números, sino que también requiere entender al cliente, formar equipos y lograr que quienes eligen una propuesta quieran regresar.

Ya en la Argentina, la gastronomía se convirtió en el terreno donde puso a prueba ese aprendizaje. Se trata, según plantea, de una actividad atractiva pero marcada por márgenes finos y una competencia intensa. Cuando una categoría funciona, aparecen rápidamente nuevas alternativas; por eso, contar con buena carne, pan o ingredientes deja de alcanzar como única diferencia.

En ese proceso decidió volver a apostar por las hamburguesas, uno de los segmentos más disputados de Buenos Aires. BARDO nació de la idea de que innovar no siempre implica crear algo desconocido: también puede consistir en tomar un producto familiar y trabajar de manera sostenida para mejorarlo. En mercados saturados, la identidad de una marca y la experiencia que ofrece pasan a ocupar un lugar central.

El crecimiento posterior le dejó otra definición: expandirse no equivale necesariamente a abrir más locales. Frente a la presión por sumar puntos de venta y exhibir resultados, considera que consolidar un concepto puede ser más conveniente que acelerar. Antes de multiplicar una operación, señala, debe comprobarse que funciona, que puede conservar su identidad y que cuenta con una estructura preparada para acompañarla.

Esa estructura, remarca, no depende solo del capital. Durante un período buscó revisar y decidir cada aspecto del negocio, hasta advertir que un emprendimiento no puede crecer de forma real si queda atado a una sola persona. Delegar, incorporar talento y aceptar otras perspectivas pasó a ser parte de la construcción de una empresa capaz de sostenerse más allá de quien tuvo la idea inicial.

La incertidumbre, la competencia y las variaciones en los hábitos de consumo no desaparecen, pero pueden obligar a desarrollar capacidad de reacción y diferenciación. Para el empresario, emprender en la Argentina supone justamente transitar esos cambios: no encontrar un camino sin obstáculos, sino aprender a moverse cuando las condiciones se modifican.

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