El mapa económico estatal de los últimos tres años deja una señal relevante: el crecimiento en México no avanza de manera uniforme y, en algunos territorios, la combinación de inversión, actividad productiva y capacidad de جذبarse proyectos ha generado una dinámica muy distinta al promedio nacional. Hidalgo encabezó ese movimiento con una tasa media anual de 3.56%, apoyado en la construcción, el turismo y las manufacturas, además de una inversión privada histórica y nuevos polos de desarrollo. Chiapas ocupó el segundo lugar con 3.32%, sostenido por minería, comercio y servicios turísticos. Más atrás, pero todavía con un desempeño sólido, Colima y Tamaulipas superaron el umbral de 2%, mientras el país en conjunto mostró una caída promedio de 0.16% y solo 17 entidades lograron crecer.
Ese contraste no es menor. Cuando algunas economías locales avanzan a un ritmo claramente superior al nacional, suelen convertirse en focos de atracción de capital, empleo y proveedores. En el caso de Hidalgo, la combinación de infraestructura, manufactura y energías limpias puede ampliar la base industrial y generar encadenamientos con pequeñas y medianas empresas. Si la inversión privada se mantiene, el estado podría consolidarse como un corredor de crecimiento fuera del centro tradicional del país, con efectos en vivienda, servicios, logística y recaudación local.

Chiapas ofrece una lectura distinta. Su avance muestra que sectores históricamente rezagados pueden reaccionar cuando encuentran financiamiento, promoción y demanda turística; sin embargo, también revela una fragilidad estructural. La dependencia de actividades como minería, comercio y turismo lo expone a choques de precios, seguridad, movilidad e inversión pública. El dato positivo, por sí solo, no garantiza una trayectoria sostenida si persisten los problemas de coordinación gubernamental y de ejecución de obra, que pueden limitar la expansión productiva y frenar el impacto social del crecimiento.
En Colima y Tamaulipas, el desempeño por arriba de 2% sugiere resiliencia en contextos distintos. Colima puede beneficiarse de su posición logística y de la actividad asociada al comercio exterior; Tamaulipas, de su peso manufacturero y fronterizo. Pero ese mismo perfil los hace sensibles a la desaceleración industrial de Estados Unidos, a cambios en cadenas de suministro y a cuellos de botella en infraestructura. Un crecimiento moderado pero estable puede ser más valioso que una expansión rápida y volátil, siempre que no dependa de un solo sector ni de un ciclo temporal de inversión.
El mayor riesgo aparece en la parte baja del mapa. Campeche y Tabasco volvieron a resentir la inestabilidad del petróleo y la caída en la construcción, una combinación que deja al descubierto la vulnerabilidad de las economías ancladas en recursos extractivos. Cuando el precio internacional del crudo se debilita o se frena la inversión asociada al sector energético, el impacto se traslada con rapidez al empleo, al comercio local y a la recaudación estatal. El problema no es solo coyuntural: también limita la capacidad de esas entidades para diversificar su estructura económica y atraer actividades menos expuestas a la volatilidad externa.
La fotografía nacional obliga a matizar cualquier lectura triunfalista. Que 17 estados hayan crecido no significa necesariamente una recuperación amplia, sino una dispersión marcada del dinamismo económico. Esa asimetría puede agrandar brechas regionales en ingresos, infraestructura y oportunidades laborales, sobre todo si los estados más dinámicos concentran más inversión privada mientras los rezagados dependen de pocos motores. En el mediano plazo, esa diferencia podría traducirse en mayor presión migratoria interna, desigualdad territorial y competencia más intensa por recursos públicos limitados.
El reto para los gobiernos estatales y federal será transformar estos focos de crecimiento en bases duraderas. Eso implica cuidar la continuidad regulatoria, acelerar permisos, fortalecer seguridad para la actividad económica y orientar la inversión hacia sectores con mayor capacidad de permanencia. También exige una política de diversificación en entidades petroleras y un seguimiento más fino de los proyectos que hoy empujan a los estados líderes. Sin esa disciplina, el actual dinamismo podría quedarse en un episodio favorable, útil para el corto plazo pero insuficiente para corregir el rezago estructural del país.
