Cuba finalizó la reconexión de su Sistema Electroenergético Nacional tras casi 40 horas de apagón general, sin embargo la Unión Eléctrica anunció que el 55 % del país sufrirá desconexiones programadas durante las horas pico de la tarde y la noche. El incidente del domingo se originó en una falla de la línea de 220 kilovatios entre Santa Clara y Sancti Spíritus, la cuarta caída del sistema en lo que va de 2026.
El déficit estructural que la reconexión no resuelve
La capacidad disponible se limitó a 1 473 megavatios frente a una demanda máxima proyectada de 3 200 MW. El déficit de 1 727 MW obliga a la desconexión controlada de 1 757 MW adicionales. Siete de las dieciséis unidades termoeléctricas permanecen fuera de servicio por averías o mantenimientos programados. Esta brecha no es coyuntural: las plantas que generan el 40 % del mix con crudo nacional acumulan décadas de operación sin renovaciones sustanciales.

La presión externa y las limitaciones internas se retroalimentan
El bloqueo petrolero estadounidense impuesto desde enero de 2026 ha restringido el acceso a diésel y fueloil importados, que representan otro 40 % del mix. Sin embargo, las averías recurrentes en las termoeléctricas locales demuestran que la obsolescencia del parque generador precede a la medida de Washington. Los cálculos independientes sitúan entre 8 000 y 10 000 millones de dólares la inversión necesaria para estabilizar la red; esa cifra supera con creces los recursos disponibles bajo las actuales restricciones financieras.
Protestas como termómetro de la tolerancia social
Los cortes prolongados en La Habana, superiores a 35 horas consecutivas en algunos barrios, han derivado en manifestaciones diarias. Los cacerolazos y bloqueos de calles exigen electricidad, agua potable y alimentos básicos. Estas movilizaciones no se limitan a la capital: en varias provincias se reportan hasta tres días sin servicio. La frecuencia de las protestas indica un umbral de tolerancia superado, donde la carencia energética actúa como catalizador de demandas más amplias.
Perspectivas divergentes entre actores clave
El Gobierno atribuye la crisis principalmente al embargo y reclama apoyo internacional. Los técnicos de la Unión Eléctrica destacan la necesidad de repuestos y mantenimiento inmediato, mientras que analistas independientes señalan la falta de diversificación del mix como factor estructural. Los ciudadanos, por su parte, perciben que las promesas de estabilización se repiten sin resultados tangibles. Esta divergencia de diagnósticos dificulta la construcción de consensos para una solución sostenida.
El papel de las renovables y el financiamiento chino
El 20 % restante del mix corresponde a gas natural y fuentes renovables respaldadas por acuerdos con China. Aunque estas tecnologías ofrecen una vía de escape a mediano plazo, su participación actual resulta insuficiente para compensar las plantas térmicas inactivas. La dependencia de importaciones de combustible para los motores diésel mantiene al sistema expuesto a interrupciones externas, mientras que las inversiones chinas en solar y eólica avanzan a ritmo más lento que la degradación del parque existente.
Riesgos de escalada y escenarios de estabilización
Si las averías no se atienden antes de la temporada de mayor demanda estival, el sistema podría registrar nuevas desconexiones en cascada. El costo económico de los apagones ya afecta la producción industrial y el almacenamiento de alimentos refrigerados. Un escenario de estabilización requeriría tanto la reparación urgente de unidades térmicas como la aceleración de proyectos renovables, pero la escasez de divisas limita ambas opciones simultáneamente. La combinación de presión social creciente y capacidad de respuesta reducida configura un riesgo de mayor inestabilidad si no se modifica el ritmo de las intervenciones técnicas.
