Miguel Figueroa, conocido como Matty, pasó de llenar cuadernos con caricaturas y personajes de videojuegos a convertirse en tatuador profesional con nueve años de experiencia en Mexicali. Originario de la ciudad, trabaja en Estudio 36 y transformó un pasatiempo de infancia en una carrera que inició durante la preparatoria tras descubrir, a través de internet y la música, una estética de diseños tradicionales y marítimos.
Su primer tatuaje a los 16 años despertó la curiosidad por el proceso técnico. Sin recursos formales, aprendió de manera autodidacta con una máquina prestada y videos limitados en YouTube. Los primeros trabajos, realizados en su propia piel y en amigos, fueron imperfectos pero esenciales para perfeccionar la técnica. Las redes sociales ampliaron el acceso a información y cursos, aunque también intensificaron la competencia; Matty destaca que la comunidad de tatuadores sigue siendo un espacio de aprendizaje constante.

Actualmente se especializa en tatuajes personalizados que adaptan la idea del cliente al espacio corporal y al estilo del artista. Cada pieza representa una historia que debe perdurar en el tiempo. En el marco del Día del Tatuador, Matty señala que la profesión le ha permitido viajar, conocer personas y madurar tanto artística como personalmente, demostrando cómo la práctica constante convierte una afición en una forma de expresión profesional sostenible.
