Depreciación del peso: T-MEC y riesgos globales

La ligera depreciación del peso mexicano registrada el 1 de julio de 2026 no representa un evento aislado, sino la manifestación de tensiones acumuladas en el sistema comercial norteamericano y en la geopolítica energética. La moneda alcanzó 17.5098 unidades por dólar, un retroceso del 0.15 por ciento respecto al cierre previo, en un contexto donde los inversionistas evalúan simultáneamente el inicio formal de la revisión del T-MEC y la escalada de conflictos en Medio Oriente.

Antecedentes del acuerdo comercial

El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá surgió en 2020 como sucesor del TLCAN de 1994. A diferencia de su predecesor, el T-MEC incorporó cláusulas de revisión quinquenal que obligan a las partes a renegociar términos cada cinco años. La primera de estas revisiones formales comienza precisamente en julio de 2026. Durante el periodo 2020-2025, las exportaciones mexicanas de automóviles y autopartes crecieron 34 por ciento, concentrándose en gran medida en cadenas de suministro integradas con empresas estadounidenses. Cualquier modificación en las reglas de origen o en los mecanismos de solución de controversias podría alterar estos flujos de manera estructural.

El precedente más cercano se encuentra en la renegociación de 2018-2019, cuando la incertidumbre generó una depreciación acumulada del peso superior al 8 por ciento en seis meses. Aquella experiencia demostró que los mercados financieros reaccionan con mayor intensidad a la expectativa de cambios que a los propios cambios una vez implementados.

El factor geopolítico y su transmisión

Las tensiones en Medio Oriente han elevado el precio del petróleo Brent por encima de los 92 dólares el barril. México, aunque no exportador neto de crudo, importa productos refinados y depende de flujos de capital extranjero para financiar su déficit de cuenta corriente. Cuando los inversionistas perciben mayor riesgo sistémico, redirigen recursos hacia activos refugio como el dólar o los bonos del Tesoro estadounidense. Esta dinámica explica por qué la depreciación del peso coincide con una apreciación simultánea del dólar frente a otras monedas emergentes como el real brasileño y el rand sudafricano.

El análisis técnico de Banorte señala que la superación de 17.55 pesos por dólar activaría una presión adicional hacia el nivel de 17.68. Este pronóstico se basa en patrones observados durante episodios anteriores de aversión al riesgo, donde el tipo de cambio exhibió movimientos de 0.20 a 0.30 pesos en jornadas consecutivas.

Impactos sectoriales y cadenas de valor

El sector automotriz mexicano, responsable de más del 25 por ciento de las exportaciones totales, enfrenta riesgos concretos. Empresas como Volkswagen de México y General Motors han invertido más de 8 mil millones de dólares en plantas de Guanajuato y Coahuila durante los últimos cinco años. Una modificación en las reglas de contenido regional del T-MEC podría obligarlas a reubicar parte de la producción o a absorber costos adicionales por aranceles. El efecto no se limitaría a las grandes armadoras: proveedores de segundo y tercer nivel, muchos de ellos pequeñas y medianas empresas mexicanas, verían reducida su capacidad de negociación.

En el sector agroalimentario, la revisión del T-MEC podría afectar las exportaciones de aguacate y berries, que en 2025 superaron los 12 mil millones de dólares. Estos productos dependen de ventanas de mercado específicas y de la certidumbre en los procedimientos aduaneros. Cualquier endurecimiento de requisitos sanitarios o fitosanitarios derivado de la renegociación encarecería los costos logísticos y reduciría márgenes ya ajustados.

Consecuencias macroeconómicas de mediano plazo

Una depreciación sostenida del peso incrementa el costo de la deuda denominada en dólares, que representa aproximadamente el 35 por ciento del endeudamiento total del sector corporativo mexicano. Empresas como Pemex y varias constructoras tendrían que destinar mayor proporción de sus ingresos a servicio de deuda, reduciendo recursos disponibles para inversión. Al mismo tiempo, las remesas enviadas por trabajadores mexicanos en Estados Unidos, que alcanzaron 63 mil millones de dólares en 2025, ganarían poder adquisitivo en pesos, proporcionando un amortiguador parcial al consumo interno.

El Banco de México enfrenta un dilema de política monetaria. Mantener tasas de interés elevadas para defender el peso podría frenar el crecimiento interno, mientras que una relajación prematura arriesgaría mayor salida de capitales. La experiencia de 2022, cuando la Reserva Federal endureció su política y el peso perdió 12 por ciento en cuatro meses, ilustra la estrechez de este margen de maniobra.

Perspectivas de largo plazo para la economía regional

Más allá de la coyuntura inmediata, la revisión del T-MEC redefine las reglas del juego para la integración productiva de América del Norte. Si las partes logran modernizar el tratado incorporando disposiciones sobre comercio digital y cadenas de suministro resilientes, México podría consolidarse como plataforma de nearshoring para industrias estratégicas como semiconductores y equipo médico. Sin embargo, si prevalecen posturas proteccionistas, el país enfrentaría competencia creciente de Vietnam y India por los mismos flujos de inversión.

La volatilidad observada el 1 de julio de 2026 sirve como recordatorio de que la estabilidad cambiaria mexicana depende tanto de factores internos como de decisiones tomadas en Washington y en los mercados energéticos internacionales. Los próximos meses determinarán si la depreciación actual es un ajuste temporal o el inicio de una nueva fase de mayor incertidumbre estructural.

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