La posible candidatura de Victor Montagliani contra Gianni Infantino introduce un elemento de competencia real en unas elecciones que hasta ahora parecían destinadas a transcurrir sin oposición. Este escenario modifica la dinámica interna de la FIFA y plantea interrogantes sobre la estabilidad de las decisiones que afectan al fútbol mundial en los próximos años. El rechazo de varias confederaciones al proyecto de filial comercial ha actuado como detonante, pero sus consecuencias van más allá de una sola votación.
El equilibrio de poder entre las confederaciones podría experimentar ajustes significativos si Montagliani logra consolidar apoyos. La Concacaf, la UEFA y la Confederación Asiática suman 143 federaciones, una cifra que representa más de dos tercios del total. Cualquier alineación coordinada de estas asociaciones modificaría el margen de maniobra que Infantino ha mantenido durante una década. Al mismo tiempo, la Conmebol ha expresado respaldo público al presidente actual, lo que sugiere que las divisiones regionales podrían endurecerse en lugar de resolverse mediante negociación interna.

Reconfiguración de alianzas regionales
La renuncia de Carlos Cordeiro, asesor cercano a Infantino, evidencia que el proyecto de inversión externa ha generado fisuras incluso dentro del círculo inmediato del presidente. Esta salida no es un hecho aislado; refleja tensiones acumuladas sobre la rapidez con que se presentó la propuesta y la escasa participación previa de los órganos consultivos. Si más figuras intermedias adoptan posturas similares, la capacidad de Infantino para movilizar votos en el congreso de Marruecos podría verse reducida de forma gradual.
Desde una perspectiva positiva, la competencia electoral puede incentivar mayor transparencia en la gestión de los recursos de la FIFA. Montagliani cuenta con experiencia directa en la organización del Mundial 2026 y en la reconstrucción de la Concacaf tras los escándalos de corrupción. Su eventual participación obligaría a Infantino a defender con mayor detalle tanto el modelo financiero propuesto como los resultados deportivos alcanzados en los últimos mandatos. Esta dinámica de rendición de cuentas suele traducirse en mejoras operativas cuando los candidatos perciben riesgo real de derrota.
Incidencias en la preparación del Mundial 2026
El proyecto de filial comercial afecta directamente los ingresos previstos para el ciclo 2027-2031. Una disputa prolongada entre candidaturas podría retrasar la definición de estrategias de patrocinio y distribución de fondos. Las federaciones nacionales que dependen de los programas FIFA Forward para el desarrollo de infraestructura y formación de árbitros enfrentan incertidumbre sobre la continuidad de esos recursos si el nuevo liderazgo decide revisar los términos del acuerdo con inversores externos.
Al mismo tiempo, la rivalidad podría reforzar el compromiso de las confederaciones con la transparencia presupuestaria. La posición adoptada por la Concacaf y la UEFA ya ha forzado a la FIFA a emitir comunicados aclaratorios sobre la propiedad del control deportivo. Esta presión pública, si se mantiene, reduce el margen para decisiones unilaterales y eleva el estándar de documentación que cualquier futura propuesta debe cumplir antes de someterse a votación.
Riesgos de fragmentación institucional
La historia de la FIFA muestra que las divisiones entre confederaciones han derivado en boicots o en la creación de estructuras paralelas cuando las tensiones no se resuelven mediante diálogo. Aunque el escenario actual no alcanza ese nivel, la posibilidad de que 143 federaciones voten de manera coordinada contra una iniciativa respaldada por Infantino introduce un precedente de bloque regional. Si Montagliani decide postularse, las campañas podrían polarizar aún más las posiciones y complicar la gobernanza cotidiana de las competiciones internacionales.
Otro riesgo radica en la percepción externa del organismo. Los patrocinadores y organismos gubernamentales que financian eventos de la FIFA observan con atención cualquier señal de inestabilidad interna. Una elección disputada podría generar titulares sobre divisiones en lugar de sobre el fútbol, afectando el valor de marca que la organización ha intentado reconstruir tras los escándalos de 2015. Esta erosión de confianza no siempre se refleja de inmediato en los balances financieros, pero sí influye en las negociaciones de derechos de transmisión a mediano plazo.
Efectos sobre federaciones medianas
La Federación Mexicana de Fútbol ha indicado que revisará la documentación antes de definir su postura. Este tipo de cautela se replica en otras asociaciones que no forman parte de los bloques dominantes. Para estas federaciones, una elección competitiva representa tanto una oportunidad de influir en decisiones futuras como un desafío logístico: deben evaluar plataformas de dos candidatos con trayectorias distintas y anticipar cómo cada una afectaría los flujos de financiamiento para sus ligas y selecciones juveniles.
La experiencia de Montagliani al frente de Canada Soccer y su participación en el comité organizador del Mundial 2026 le otorgan credibilidad ante federaciones que buscan mayor peso en la distribución de ingresos. Sin embargo, Infantino conserva redes de apoyo construidas a través de visitas constantes y programas de desarrollo en continentes con menor visibilidad mediática. El resultado de la elección dependerá en buena medida de cuántas federaciones prioricen estabilidad frente a cambio de liderazgo.
Perspectivas de estabilidad a largo plazo
Independientemente del resultado electoral, el episodio actual marca un punto de inflexión en la relación entre la presidencia de la FIFA y las confederaciones. La exigencia de mayor consulta previa y la amenaza de una candidatura alternativa obligan al organismo a institucionalizar mecanismos de revisión que antes se manejaban de forma más centralizada. Esta evolución puede fortalecer la legitimidad de las decisiones que finalmente se adopten, siempre que el proceso no derive en parálisis operativa.
Las federaciones nacionales tienen ahora un incentivo adicional para participar activamente en los órganos de consulta de la FIFA. Una participación más amplia reduce el riesgo de que propuestas controvertidas avancen sin suficiente escrutinio. Al mismo tiempo, la ausencia de reglas claras sobre la duración de las campañas y el uso de recursos institucionales durante el periodo preelectoral podría generar disputas adicionales que desvíen atención de los objetivos deportivos.
El desenlace de marzo de 2027 determinará si la FIFA logra convertir esta competencia en un mecanismo de mejora continua o si las tensiones acumuladas afectan la capacidad de respuesta ante desafíos externos como la regulación de agentes, el calendario de partidos y la sostenibilidad financiera de las competiciones femeninas. La experiencia de las confederaciones que han cuestionado el proyecto comercial sugiere que el margen para decisiones unilaterales se ha reducido de forma permanente.
