La Fiscalía General del Estado de Baja California ha emitido un llamado público para localizar a Alfonso Buenrostro Gámez, de 66 años, visto por última vez el 29 de diciembre de 2025 en la avenida Melchor Ocampo, en la Zona Centro de Tijuana. La descripción física detalla a un hombre de 1.50 metros de estatura, complexión delgada, 45 kilos de peso, tez morena, cejas rectilíneas, ojos color café claro y cabello rizado entrecano, con un tatuaje que lleva el nombre “Dolores” en uno de los hombros y una cicatriz en la ceja derecha. Estos datos, aunque precisos, evidencian las limitaciones estructurales que enfrentan las autoridades cuando se trata de personas de la tercera edad en zonas de alta movilidad fronteriza.

El caso de Buenrostro Gámez ilustra un patrón recurrente en Tijuana: la desaparición de adultos mayores que, por razones de salud o aislamiento social, salen de sus entornos habituales sin dejar rastro. La zona centro, caracterizada por su densidad comercial y constante flujo de personas, complica las labores de rastreo porque las cámaras de vigilancia suelen ser escasas o estar mal posicionadas, y los testimonios de testigos resultan fragmentarios debido a la rotación de transeúntes.
La frágil red de apoyo comunitario ante desapariciones
Cuando una persona mayor desaparece, el primer recurso disponible suele ser la colaboración ciudadana a través de números como el (664) 683-9643 o el 089 para denuncias anónimas. Sin embargo, esta dependencia de la denuncia voluntaria revela una debilidad sistémica: las familias de bajos recursos carecen de acceso inmediato a tecnología de geolocalización o a redes de apoyo profesional. En Tijuana, donde una proporción significativa de adultos mayores vive sola o depende de pensiones mínimas, el tiempo que transcurre entre la desaparición y el reporte oficial puede extenderse varios días, reduciendo drásticamente las probabilidades de localización exitosa.
Impacto en los sistemas de atención geriátrica y policial
Las fiscalías estatales enfrentan una carga adicional cuando los casos involucran a personas con posibles problemas cognitivos o enfermedades crónicas no diagnosticadas. El perfil de Buenrostro Gámez, con su complexión delgada y estatura reducida, sugiere mayor vulnerabilidad ante condiciones climáticas extremas o riesgos de explotación. Las unidades especializadas en personas desaparecidas deben competir por recursos con investigaciones de mayor prioridad mediática, lo que genera cuellos de botella operativos. Esta competencia interna afecta especialmente a los casos de adultos mayores, cuya desaparición rara vez genera la misma cobertura que incidentes vinculados al crimen organizado.
Desde la perspectiva de las organizaciones de derechos humanos, la falta de protocolos diferenciados para personas de la tercera edad representa un vacío normativo. Mientras que los menores de edad activan automáticamente alertas Amber, los adultos mayores dependen de mecanismos más lentos que no consideran factores como deterioro cognitivo o dependencia de medicamentos. Esta disparidad genera tensiones entre familiares y autoridades, quienes a menudo señalan la escasez de personal capacitado en gerontología.
Perspectivas contrastantes de familiares y autoridades
Los familiares de personas desaparecidas suelen enfatizar la necesidad de mayor transparencia en los avances de las investigaciones y el uso de tecnología como drones o análisis de datos de telefonía móvil. Por otro lado, las autoridades destacan las limitaciones presupuestarias y la dificultad de obtener información confiable en zonas con alta rotación poblacional. Esta divergencia de expectativas puede erosionar la confianza pública y reducir la disposición de los ciudadanos a reportar información relevante.
Tendencias demográficas y riesgos emergentes
El envejecimiento acelerado de la población en Baja California proyecta un incremento sostenido de casos similares en los próximos años. La combinación de migración interna, separación familiar por cruces fronterizos y escaso acceso a servicios de salud mental eleva el riesgo de que adultos mayores se pierdan en entornos urbanos complejos. Además, la presencia de redes informales de transporte y alojamiento en la zona centro facilita desplazamientos no registrados que dificultan el seguimiento posterior.
Los riesgos asociados incluyen no solo la exposición a condiciones adversas, sino también la posibilidad de que personas vulnerables sean objeto de fraudes o abusos por parte de terceros. La ausencia de un registro unificado de adultos mayores con condiciones médicas preexistentes impide una respuesta preventiva más efectiva por parte de las instituciones de salud y seguridad.
La experiencia acumulada en otras ciudades fronterizas indica que la integración de aplicaciones móviles comunitarias con bases de datos oficiales podría acortar los tiempos de respuesta. Sin embargo, la implementación de tales herramientas requiere coordinación interinstitucional que actualmente enfrenta obstáculos regulatorios y de protección de datos personales.
