La deuda acumulada en tarjetas de crédito de los hogares estadounidenses llegó a USD 1,26 billones durante el segundo trimestre de 2026, según el informe trimestral de deuda de los hogares publicado el 11 de agosto por la Reserva Federal de Nueva York. El monto quedó a escasa distancia del máximo histórico de USD 1,28 billones registrado al cierre de 2025 y confirma que el crédito rotativo sigue siendo una fuente central de financiamiento para una parte relevante de los consumidores.
El saldo aumentó USD 21.000 millones frente al trimestre anterior, una expansión de 1,7% en tres meses. La cifra surge de una muestra anónima y representativa de reportes de crédito de Equifax, una de las principales agencias de información crediticia del país. Aunque el crecimiento trimestral no implica por sí solo un deterioro generalizado, se produce en un contexto de presupuestos familiares exigidos por el costo de alimentos, combustibles y otros bienes básicos.

El gasto cotidiano sostiene el uso del crédito
La tendencia ascendente se observa desde mediados de 2022. Economistas y especialistas vinculan el fenómeno con una inflación que, aun cuando pueda moderarse en algunos rubros, continúa afectando la capacidad de compra de los hogares. Las tarjetas permiten cubrir desajustes temporales entre ingresos y gastos, pero su utilización prolongada transforma esa solución inmediata en una obligación de alto costo por las tasas de interés aplicadas a los saldos no pagados.
Matt Schulz, analista jefe de crédito de LendingTree, señaló a CNBC que el aumento de las deudas en tarjetas, líneas de crédito sobre el valor de la vivienda y otros préstamos refleja la búsqueda de mecanismos para extender el presupuesto. Brad Stroh, cofundador y codirector ejecutivo de Achieve, advirtió que las deudas de corto plazo suelen comenzar como una respuesta a vacíos de liquidez, pero pueden consolidar una presión persistente cuando se combinan el elevado costo de vida y los intereses acumulados.
La vulnerabilidad se concentra en quienes mantienen saldo
Unos 175 millones de estadounidenses poseen al menos una tarjeta de crédito. De ese grupo, cerca del 60% mantiene deuda renovable de un mes a otro, de acuerdo con investigadores de la Reserva Federal de Nueva York. Esta distinción es relevante: quienes cancelan el total de sus consumos antes del vencimiento utilizan la tarjeta principalmente como medio de pago, mientras que quienes sostienen saldos quedan expuestos a intereses, cargos y a una menor capacidad de reaccionar ante una pérdida de empleo, una emergencia médica o una reparación imprevista.
Un estudio separado de Achieve, basado en una encuesta a 2.000 personas realizada en junio, indicó que el 55% de los consumidores recurre a las tarjetas para afrontar gastos esenciales. Además, el 56% de quienes tienen deuda estimó que necesitaría seis meses o más para liquidarla. Los datos no establecen que todos esos hogares estén en incumplimiento, pero sí sugieren que una parte considerable enfrenta compromisos cuya duración excede una necesidad puntual.
Autos y líneas hipotecarias también baten marcas
La deuda total de los hogares estadounidenses ascendió a USD 18,8 billones entre abril y junio. Dentro de ese agregado, los préstamos para automóviles alcanzaron un récord de USD 1,71 billones. Las líneas de crédito garantizadas por el valor de la vivienda, conocidas como HELOC por sus siglas en inglés, también ganaron participación dentro del crédito total durante el año. En sentido contrario, la deuda hipotecaria y la estudiantil disminuyeron en el trimestre.
La composición de ese endeudamiento aporta una señal adicional sobre las decisiones de los hogares. El mayor uso de HELOC puede responder a propietarios que aprovechan el patrimonio acumulado en sus viviendas para financiar gastos o consolidar obligaciones, mientras que el crecimiento de los préstamos para vehículos refleja el peso de un bien esencial para muchas zonas del país. No obstante, estas alternativas no tienen el mismo perfil de riesgo: las tarjetas carecen de garantía, pero concentran intereses generalmente más elevados; las líneas sobre vivienda pueden ofrecer mejores condiciones, aunque vinculan la deuda al patrimonio inmobiliario.
La morosidad exige una lectura matizada
El porcentaje de saldos de tarjetas con más de 90 días de atraso pasó de 7,6% a mediados de 2022 a 12,8% a comienzos de 2026. Para los investigadores de la Reserva Federal de Nueva York, ese incremento despierta preocupación porque los atrasos se aproximan a ritmos que no se observaban desde la Gran Recesión. La tasa de nuevos saldos que ingresaron en morosidad se mantuvo estable, aunque elevada: 6,97% en el último año.
El banco central regional también pidió cautela al interpretar la cifra de morosidad grave. El indicador es rezagado y puede incluir deudas antiguas que continúan registradas en los historiales crediticios, por lo que no equivale necesariamente a un repunte inmediato de nuevos incumplimientos. La estabilidad de las transiciones recientes hacia mora atenúa parcialmente la señal, pero no elimina el riesgo para los hogares con poca capacidad de ahorro.
La evolución en los próximos meses dependerá de la trayectoria de la inflación, los ingresos reales y las condiciones del mercado laboral. La Reserva Federal de Nueva York describe un escenario económico con rasgos de “K”: mientras algunos hogares conservan capacidad de gasto y ahorro, otros viven de quincena en quincena. Para estos últimos, el aumento sostenido de los saldos de tarjetas puede convertir una presión cotidiana en un problema financiero más profundo si los costos básicos no ceden o si deben recurrir nuevamente al crédito para cubrirlos.
