El déficit comercial de Estados Unidos se redujo ligeramente en junio, aunque el resultado quedó por debajo de las expectativas del mercado. La balanza de bienes y servicios registró un saldo negativo de 73 mil 300 millones de dólares, informó este martes el Departamento de Comercio, frente a los 77 mil 600 millones de dólares contabilizados en mayo.
La disminución fue consecuencia de una caída más pronunciada de las importaciones que de las exportaciones. Sin embargo, el ajuste fue menor al previsto por los analistas, quienes calculaban que el déficit se ubicaría en 72 mil 900 millones de dólares, de acuerdo con el consenso recopilado por Briefing.com.
Un descenso moderado en junio
La cifra de mayo no sufrió modificaciones en la revisión publicada junto con los datos de junio. Con ello, el déficit mensual se redujo en 4 mil 300 millones de dólares, una contracción cercana a 5.5 por ciento respecto al mes anterior. El comportamiento refleja una menor demanda de bienes importados, pero también una evolución desigual entre los distintos componentes del intercambio estadounidense.

Las exportaciones retrocedieron principalmente por la caída de los precios de la energía. Al disminuir el valor de los hidrocarburos vendidos al exterior, se redujeron los ingresos generados por las exportaciones estadounidenses, incluso sin que necesariamente se produjera una contracción equivalente en los volúmenes comercializados. Este factor restó fuerza al desempeño exportador de junio.
El descenso de las exportaciones de bienes fue parcialmente compensado por los servicios. Las ventas estadounidenses de servicios aumentaron, impulsadas sobre todo por los viajes y los servicios financieros. En el caso del turismo, el Departamento de Comercio relacionó el avance con la celebración del Mundial durante junio y julio, torneo que tuvo a Estados Unidos como una de sus sedes.
Importaciones: menos bienes de inversión
Del lado de las compras externas, la reducción se concentró en los bienes de inversión. Entre los rubros más afectados estuvieron los equipos informáticos, además de los productos farmacéuticos. La evolución puede indicar una moderación temporal en las adquisiciones empresariales, aunque un solo mes no permite establecer si se trata de un cambio persistente en los planes de inversión o de una corrección posterior a los movimientos registrados durante los meses anteriores.
Las importaciones de servicios, en contraste, aumentaron ligeramente. Esta diferencia entre bienes y servicios muestra que la reducción del déficit no obedeció a una contracción general de la actividad comercial, sino a una combinación específica de menores compras de determinados productos, menores ingresos por exportaciones energéticas y un mejor desempeño de algunos servicios vendidos al extranjero.
El efecto de la anticipación arancelaria
A pesar del resultado mensual, el déficit comercial acumulado en la primera mitad del año mantiene una reducción considerable: alrededor de 33.8 por ciento frente al mismo periodo del año anterior. La comparación, no obstante, está condicionada por el comportamiento observado en el primer semestre del año pasado, cuando las empresas adelantaron compras ante la expectativa de nuevos aranceles impulsados por el presidente Donald Trump.
En aquel periodo, las compañías importaron grandes cantidades de mercancías para protegerse de posibles aumentos de costos y alteraciones en las cadenas de suministro. Ese adelanto elevó de manera extraordinaria las importaciones y amplió el déficit, por lo que la disminución registrada este año refleja tanto una moderación efectiva de las compras como un efecto de base estadística. La magnitud de la caída debe interpretarse, por ello, con cautela.
El comportamiento de junio también sugiere que los aranceles y la incertidumbre comercial siguen teniendo efectos diferenciados. Las empresas parecen haber reducido algunas adquisiciones de bienes de capital y productos farmacéuticos, mientras el comercio de servicios conserva dinamismo. No obstante, los datos disponibles no permiten atribuir de forma exclusiva a la política arancelaria los cambios mensuales, pues también intervienen los precios energéticos, la temporada turística, los ciclos de inversión y las condiciones de la demanda interna.
Una señal mixta para la economía
La reducción del déficit suele interpretarse como una contribución positiva al crecimiento económico, porque implica que una menor proporción de la demanda se satisface mediante productos extranjeros. Sin embargo, esa lectura depende de la causa del ajuste. Una caída de las importaciones por menor inversión empresarial puede ser menos favorable que una reducción derivada de un aumento de la producción interna o de una mejora de la competitividad exportadora.
En junio se observaron elementos de ambas dinámicas, aunque con un balance desigual: las importaciones de ciertos bienes disminuyeron, las exportaciones energéticas perdieron valor y los servicios registraron avances. La combinación produjo un déficit menor, pero todavía superior al pronóstico del mercado. La evolución de los próximos meses permitirá determinar si la reducción acumulada del déficit se consolida o si parte del ajuste responde principalmente al efecto excepcional de las compras anticipadas realizadas el año anterior.
