Divorcios grises aumentan entre mujeres mayores en Asia

Los divorcios entre personas de 50 años o más, conocidos como divorcios grises, muestran un incremento sostenido en varios países de Asia. Según datos recientes difundidos por CNN, un número creciente de mujeres decide poner fin a matrimonios de décadas una vez que sus hijos son adultos y ellas alcanzan una etapa de mayor independencia económica y social.

Una mujer que se separó al cumplir 60 años relató que durante su matrimonio se encargó de las tareas domésticas, el cuidado de los hijos y aportó ingresos al hogar. Tras la separación describió su estado emocional como una sensación de libertad sin precedentes. Este tipo de relatos se repite en Japón, Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y China continental, donde las sociedades enfrentan simultáneamente envejecimiento poblacional y cambios en las expectativas de vida.

Cambios demográficos que redefinen la madurez

La longevidad ha alterado el cálculo personal de muchas mujeres. Llegar a los 50 o 60 años ya no representa el final de la vida activa, sino la posibilidad de disponer de dos o tres décadas adicionales. Sangyoub Park, profesor asociado de Sociología en la Universidad de Washburn, señaló que la Generación X fue la primera en Asia en crecer en un entorno más globalizado, donde los valores individuales adquirieron mayor peso frente a las obligaciones familiares tradicionales.

Las tasas de natalidad bajas y el rápido envejecimiento de la población amplifican el fenómeno. En Corea del Sur se registraron aproximadamente 91 mil divorcios en 2024, una cifra que representa una reducción del 1,3 % respecto al año anterior, según Statistics Korea. Sin embargo, la proporción de separaciones entre personas mayores dentro del total ha crecido de manera constante. Este aumento no implica necesariamente que los matrimonios largos se rompan con más frecuencia, sino que existe una base demográfica más amplia de adultos mayores.

Divorcios grises aumentan entre mujeres mayores en Asia

Reformas legales que reducen barreras económicas

Durante años la dependencia financiera constituyó el principal obstáculo para las mujeres que deseaban separarse. Japón introdujo en 2007 un mecanismo para dividir derechos de pensión tras el divorcio. Corea del Sur amplió en 2014 los bienes susceptibles de reparto, incluyendo ciertas pensiones futuras e indemnizaciones. Estas medidas reconocen explícitamente que el trabajo doméstico y el cuidado de los hijos permitieron al otro cónyuge desarrollar su carrera y acumular patrimonio.

Aun así, la desigualdad persiste. Los salarios más bajos, las trayectorias laborales interrumpidas y la escasez de ahorros propios dejan a muchas mujeres divorciadas en situación de vulnerabilidad. La OCDE estima que cerca del 40 % de las personas mayores de 65 años en Corea del Sur viven en pobreza relativa, la tasa más alta entre sus países miembros. En Japón la proporción supera el 20 %. Una de las entrevistadas recomendó a cualquier hija no abandonar su empleo ni siquiera después del matrimonio.

Historias personales y percepciones cambiantes

Iman Lau, de 50 años y residente en Hong Kong, creció con la expectativa de que el matrimonio representaba una vida estable aunque monótona. Esa idea persistió a pesar de años de infidelidad por parte de su esposo. Fue él quien solicitó la separación. Lau intentó mantener la relación hasta que comprendió que permanecer equivalía a negarse a salir de una jaula abierta. Tras el divorcio su visión cambió: considera que una separación no debe interpretarse como una mancha permanente ni como un fracaso personal. “En realidad, este mundo es extraordinario”, afirmó.

Las experiencias no son uniformes. Una separación tardía puede implicar pérdida de ingresos, aislamiento o dificultades para acceder a vivienda y cuidados. Para quienes cuentan con condiciones mínimas de independencia, sin embargo, también representa la posibilidad de decidir cómo vivir los años restantes sin las restricciones de un matrimonio insatisfactorio.

Implicaciones para las sociedades asiáticas

El aumento de estos divorcios puede modificar la composición de los hogares durante la próxima década. Más adultos mayores podrían vivir solos y requerir vivienda adaptada, atención médica, ingresos y redes de acompañamiento público. Los sistemas de bienestar en la región, diseñados en gran medida bajo el supuesto de que las familias extensas proveerían apoyo, enfrentan ahora la necesidad de ajustes estructurales.

Al mismo tiempo, el fenómeno refleja transformaciones culturales más amplias. El estigma asociado al divorcio ha disminuido entre las cohortes nacidas en las décadas de 1960 y 1970, mientras que el acceso a educación superior y al mercado laboral ha otorgado a las mujeres mayor margen de maniobra. Estas tendencias sugieren que las decisiones individuales continuarán ganando terreno frente a las presiones colectivas tradicionales, aunque las desigualdades económicas seguirán condicionando quiénes pueden ejercer esa opción con seguridad.

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