El dólar estadounidense abrió el 2 de julio en Colombia a 3370 pesos y descendió hasta mínimos de 3354, niveles no vistos desde enero de 2020. La Tasa Representativa del Mercado se ubicó en 3403 pesos, lo que representó una caída de hasta 40 pesos en la jornada. El volumen negociado alcanzó 6,28 millones de dólares en operaciones puntuales, mientras el índice DXY global retrocedía 0,68 % hasta 100,47 unidades. Detrás de este movimiento se combinan datos laborales débiles en Estados Unidos, flujos de carry trade hacia mercados emergentes y la expectativa de una Reserva Federal menos agresiva en sus alzas de tasas.
El empleo no agrícola de junio en Estados Unidos sumó apenas 57 000 puestos, muy por debajo de los 114 000 esperados. Esta cifra reforzó la idea de que el ciclo de endurecimiento monetario podría moderarse. Al mismo tiempo, el Brent cayó 1,5 % hasta 70,5 dólares el barril y el WTI bajó 2 % a 67,2 dólares, presionando aún más las monedas de países exportadores de materias primas.

El carry trade como motor temporal
Una de las explicaciones más repetidas es el atractivo de las tasas locales colombianas frente a las de economías desarrolladas. Sin embargo, este flujo presenta límites estructurales. El empalme entre el gobierno saliente de Gustavo Petro y el equipo de Abelardo de la Espriella introduce incertidumbre fiscal que puede revertir el interés de inversionistas de corto plazo. Si el nuevo equipo técnico no logra transmitir credibilidad en el manejo del déficit, los capitales que hoy compran pesos podrían salir con rapidez, elevando de nuevo el tipo de cambio por encima de 3500 pesos antes de finalizar el tercer trimestre.
Impacto diferenciado en sectores productivos
La apreciación del peso beneficia directamente a importadores de bienes de capital y a hogares que consumen productos importados. Las empresas que financian deuda en dólares ven reducirse su carga de intereses. En cambio, los exportadores de café, flores y manufacturas enfrentan márgenes más estrechos. Un peso más fuerte también encarece el turismo receptor y reduce la competitividad de zonas francas. Datos históricos muestran que cada 100 pesos de apreciación del peso frente al dólar recorta aproximadamente 0,4 puntos porcentuales al crecimiento del sector exportador no minero en el trimestre siguiente.
Perspectivas desde el sector financiero y el nuevo gobierno
Analistas de Corficolombiana y JP Tactical Trading coinciden en que el sesgo bajista puede extenderse hacia 3360 pesos si el mercado Next Day sigue marcando mínimos. No obstante, el designado ministro de Hacienda Miguel Gómez y el vicepresidente electo José Manuel Restrepo enfrentan la tarea de definir reglas fiscales claras. Cualquier señal de mayor gasto sin fuente de financiamiento podría activar ventas de pesos por parte de fondos de pensiones y compañías de seguros que hoy mantienen posiciones largas. El contraste entre la narrativa de estabilidad institucional y la realidad de un déficit proyectado superior al 4 % del PIB genera tensión que el mercado aún no ha descontado plenamente.
Riesgos de reversión y escenarios alternativos
El principal riesgo radica en una reacción más fuerte de la Reserva Federal si la inflación subyacente no cede. Un repunte del DXY por encima de 102 unidades podría borrar en pocas semanas la ganancia acumulada por el peso. Otro factor es la evolución de los precios del petróleo: si el Brent se estabiliza por debajo de 68 dólares, las cuentas fiscales colombianas se tensarán y el peso perdería apoyo. Escenarios de estrés indican que el tipo de cambio podría alcanzar 3550 pesos en un lapso de 90 días si ambos riesgos se materializan simultáneamente. Por el contrario, un acuerdo fiscal creíble y datos de empleo estadounidenses que confirmen debilidad sostenida podrían llevar la divisa hacia 3320 pesos antes de octubre.
La transición política añade una capa adicional de volatilidad. Aunque el proceso de empalme ha sido descrito como ordenado, las críticas opositoras sobre su costo y la legitimidad del presidente electo generan ruido que los inversionistas observan con atención. Cualquier retraso en la presentación del plan de ajuste fiscal podría amplificar las salidas de capital en un momento en que los flujos de carry trade ya muestran signos de saturación.
