El dólar estadounidense cerró las operaciones del 31 de julio en Panamá a una cotización de 1 balboa, lo que representó un incremento del 2,27 por ciento frente al valor anterior de 0,98 registrado en la jornada previa, según los datos suministrados por Dow Jones. Esta paridad se mantiene dentro de los márgenes habituales de la economía panameña, donde la divisa norteamericana funciona como moneda de curso legal desde hace más de un siglo.
Durante la última semana el tipo de cambio no registró variaciones significativas, manteniendo una variación semanal del 0 por ciento. En términos interanuales, sin embargo, el dólar avanzó un 2,21 por ciento frente al balboa. La volatilidad actual del par se ubicó en 20,35 por ciento, por encima del nivel de referencia del 19,14 por ciento, lo que refleja un grado de inestabilidad superior al promedio observado en periodos anteriores.
Perspectivas de crecimiento económico
Las proyecciones oficiales y de analistas privados coinciden en que Panamá alcanzará un crecimiento del producto interno bruto cercano al 4 por ciento durante 2026. Los sectores que impulsarán esta expansión incluyen la logística, la banca, el turismo, la construcción y la operación del Canal de Panamá. La agencia inmobiliaria Casa Solution destacó que la posición geográfica estratégica del país y su economía dolarizada constituyen factores determinantes para mantener esta senda positiva.
La ausencia de riesgo cambiario derivada del uso del dólar como moneda oficial permite a Panamá evitar las presiones inflacionarias que afectan a otros países de la región. Esta estabilidad monetaria se proyecta hacia el próximo año, cuando se espera que el balboa panameño conserve su relación histórica de uno a uno con el dólar estadounidense.

Contexto externo y desempeño de bonos
El informe de UBS señala que el entorno internacional presenta mejores perspectivas para Panamá en 2026. La menor volatilidad en el comercio mundial, las condiciones favorables de financiamiento y el impacto decreciente de choques previos como la sequía y la suspensión temporal de la mina de cobre contribuyen a este panorama. Los bonos panameños denominados en dólares registraron en 2025 un rendimiento superior al 24 por ciento, superando el desempeño de otros activos emergentes.
Para 2026 las expectativas se presentan más equilibradas. Panamá sigue ofreciendo diferenciales de rendimiento atractivos frente a los bonos estadounidenses, aunque persisten riesgos específicos vinculados al rumbo fiscal y a la coyuntura política interna. Entre los principales desafíos identificados figuran un posible deterioro de las cuentas públicas, un incremento de la deuda que pueda comprometer el grado de inversión, la persistencia de tensiones políticas y los resultados de litigios contractuales relevantes.
Antecedentes de la moneda panameña
El balboa panameño, abreviado como PAB, es la moneda de curso legal en el país y se divide en 100 centésimos. A diferencia de otras divisas, no se trata de una moneda independiente sino de una versión local del dólar estadounidense. El gobierno emite monedas en centésimos y balboas que equivalen en valor al dólar, aunque estas piezas no circulan en Estados Unidos.
Esta vinculación se estableció en 1904 tras la Convención Nacional de Panamá. En 2010 entró en circulación la moneda de un balboa, de la cual se acuñaron 40 millones de unidades. Los panameños no adoptaron de inmediato la nueva pieza y la denominaron informalmente “Martinelli” en referencia al entonces presidente Ricardo Martinelli, quien impulsó su emisión. Proyectos posteriores para introducir monedas de dos y cinco balboas fueron cancelados.
En la actualidad circulan monedas de uno y cinco centésimos, así como de un décimo, un cuarto y medio balboa, además de la pieza de un balboa. Esta estructura monetaria refuerza la integración económica con Estados Unidos y elimina la necesidad de mecanismos de cobertura cambiaria para las transacciones internacionales.
Riesgos y estabilidad a largo plazo
Los analistas advierten que factores externos como cambios en la política comercial estadounidense o eventos globales que afecten la demanda de servicios logísticos podrían influir en los flujos de capital hacia Panamá. No obstante, la paridad cambiaria continúa funcionando como un ancla que protege la estabilidad de precios y facilita el acceso a mercados financieros internacionales.
El desempeño del tipo de cambio durante julio de 2026 confirma que la economía panameña mantiene su capacidad de absorber variaciones moderadas sin alterar la relación de uno a uno entre el dólar y el balboa. Esta característica estructural sigue siendo un elemento central en las proyecciones de crecimiento y en la percepción de riesgo país para el próximo ejercicio fiscal.
