El dólar estadounidense abrió este 11 de agosto en Bolivia con un precio promedio de 11,8 bolivianos, lo que supone un aumento de 1,06% frente al cierre previo de 11,68 bolivianos, según datos de Dow Jones. El movimiento confirma una secuencia reciente de alzas moderadas, aunque dentro de una volatilidad que hoy luce más acotada que en otros momentos del año.
En la última semana, la divisa acumuló una caída de 1,4%, pero en la comparación interanual todavía muestra un salto de 72,01%. Esa combinación de corrección de corto plazo y tensión estructural de fondo ayuda a explicar por qué el mercado cambiario boliviano sigue siendo uno de los principales termómetros de la economía local. La cotización de apertura no refleja una tendencia lineal, sino una negociación todavía sensible a expectativas, liquidez disponible y señales de política económica.

Un mercado todavía bajo presión
La variación actual del tipo de cambio, situada en 11,26%, es inferior a la volatilidad de referencia del 41,23%, lo que sugiere una fase de mayor estabilidad relativa. Ese dato no implica normalización completa. Más bien indica que, tras episodios de fuerte tensión en 2025, el mercado entró en una etapa de ajuste menos brusca, aunque todavía alejada de un equilibrio plenamente consolidado.
En los primeros meses de 2026, el mercado paralelo llegó a mostrar una estabilidad temporal en torno a los 9,64 bolivianos por dólar, impulsada por las expectativas de reformas cambiarias y por el anuncio de un financiamiento externo de 4.500 millones de dólares del BID para el periodo 2026-2028. Ese flujo potencial de recursos ayudó a moderar las presiones, pero no resolvió el problema de fondo: la brecha entre el tipo oficial y los valores de mercado sigue marcando el comportamiento de empresas, importadores y hogares.
Las señales de la política económica
El Gobierno boliviano busca reducir el déficit fiscal al 7% este año, mientras proyecta una inflación de hasta 17%. El FMI había advertido que, sin un control efectivo de la emisión monetaria, la inflación podría superar el 15%, aunque mantiene cautela ante la falta de certezas sobre la trayectoria macroeconómica. A la vez, el Banco Mundial prevé una recesión de -1,1% del PIB para 2026, mientras la CEPAL anticipa un crecimiento marginal de 0,5%. La dispersión de pronósticos muestra un diagnóstico común: la economía entra en 2026 con margen reducido para absorber nuevos shocks.
En paralelo, avanza un proceso de unificación cambiaria para el primer semestre que contempla la liberación gradual de dólares en el sistema financiero y la publicación diaria de valores referenciales por parte del Banco Central de Bolivia. Esos precios, ubicados recientemente alrededor de Bs 9,21 para la compra y Bs 9,40 para la venta, empiezan a funcionar como referencias más útiles para las transacciones cotidianas que el tipo oficial de Bs 6,96, cada vez menos determinante en la práctica comercial.
La lectura de fondo es que Bolivia transita una corrección cambiaria incompleta, condicionada por escasez de divisas, fragilidad fiscal y expectativas inflacionarias persistentes. La apertura de este 11 de agosto no marca un quiebre, pero sí confirma que el dólar sigue siendo el centro de gravedad de la economía boliviana y uno de los indicadores más sensibles para medir la eficacia de la transición en marcha.
