El dólar estadounidense inició la jornada del 5 de agosto de 2026 con una cotización de 24 pesos cubanos en el mercado oficial, según los datos difundidos para la apertura. El valor apenas modificó el precio previo y registró una variación de -0,01%, una estabilidad nominal que contrasta con la volatilidad reciente del mercado cambiario y con las dificultades estructurales que atraviesa la economía cubana.
En el balance de los últimos siete días, la moneda estadounidense acumula un avance de 0,09%, mientras que la variación interanual alcanza 0,47%. Aunque se trata de movimientos reducidos, el comportamiento más reciente del tipo de cambio frente al peso cubano mantiene una tendencia negativa y encadena jornadas de descenso. La volatilidad se ubicó en 3,85%, por encima del nivel de referencia de 3,58%, señal de que la aparente calma de la cotización no elimina la incertidumbre sobre la disponibilidad de divisas.

Una cotización estable en una economía bajo presión
La tasa oficial de 24 pesos por dólar ofrece una referencia para determinadas operaciones formales, pero no refleja por sí sola todas las condiciones que enfrentan hogares y empresas. La escasez de moneda extranjera, la creciente dolarización de algunas transacciones y la existencia de circuitos informales pueden ampliar la distancia entre el valor regulado y el precio efectivo al que se adquieren divisas. Por ello, una variación diaria casi nula no necesariamente implica una mejora general en el acceso a dólares.
El comportamiento cambiario también debe leerse junto con la inflación. Para 2026, el Gobierno cubano prevé un aumento de 10% en los precios del mercado formal, cinco puntos porcentuales menos que la inflación interanual registrada al cierre de 2025, cuando alcanzó 14,07%. La meta supone moderar el ritmo de encarecimiento, pero no revertirlo: incluso si se cumple, los precios continuarían aumentando y seguirían afectando el poder adquisitivo de los ingresos denominados en pesos.
El Gobierno mantiene una previsión de crecimiento de 1%
Las autoridades proyectan para 2026 un crecimiento económico de 1%, la misma tasa estimada para el año anterior y que finalmente no se habría alcanzado debido a la contracción del producto interno bruto. El ministro de Economía y Planificación, Joaquín Alonso, describió el contexto como una “economía de guerra”, marcada por amenazas, riesgos y tensiones que podrían intensificarse durante el próximo año.
La previsión oficial descansa principalmente en una recuperación del turismo y en un mejor desempeño de los servicios de exportación, especialmente los médicos. Estos últimos constituyen una fuente relevante de ingresos externos para la isla, en un momento en que las exportaciones de bienes y el acceso al financiamiento internacional continúan limitados. La dependencia de unas pocas fuentes de divisas, sin embargo, deja al crecimiento expuesto a factores externos como la llegada de visitantes, la demanda de servicios y las restricciones financieras.
El déficit fiscal previsto asciende a 74.500 millones de pesos cubanos, equivalentes a unos 3.100 millones de dólares calculados al tipo de cambio oficial utilizado para empresas. El monto es similar al del año anterior y refleja la dificultad de sostener el gasto público mientras se debilitan los ingresos y aumentan las necesidades de importación. Una brecha fiscal persistente puede limitar la capacidad de estabilizar los precios y, si se financia mediante expansión monetaria, añadir presión sobre el peso.
Retroceso acumulado y obstáculos para la recuperación
La economía cubana se contrajo 11% entre 2020 y 2024. Solo en 2024, el PIB retrocedió 1,1%, con lo que sumó el segundo año consecutivo de caída. Esta trayectoria explica por qué una expansión de 1% tendría un alcance limitado: permitiría detener parcialmente el deterioro, pero no recuperar en el corto plazo el nivel de actividad perdido durante los años anteriores.
Entre los problemas reconocidos por las propias autoridades figuran la escasez de productos básicos, los apagones, la inflación elevada, la dolarización creciente y la fuerte migración. Estos factores se refuerzan entre sí. Los cortes de electricidad afectan la producción y los servicios; la menor producción reduce la oferta; y la escasez de bienes, combinada con una limitada disponibilidad de divisas, sostiene la presión sobre los precios.
El Gobierno ha planteado atraer más inversión extranjera mediante un entorno “más dinámico y transparente”, con mayores facilidades y garantías para los inversores. La propuesta busca ampliar las fuentes de capital y tecnología, pero su aplicación enfrenta obstáculos financieros, energéticos e institucionales. La confianza empresarial dependerá no solo de los incentivos anunciados, sino también de la posibilidad de repatriar utilidades, operar con reglas previsibles y acceder efectivamente a mercados y divisas.
Del peso convertible a la unificación monetaria
El peso cubano es la moneda de curso legal y se divide en 100 centavos. El peso cubano convertible dejó de existir como moneda de curso legal el 1 de enero de 2021, cuando comenzó el proceso conocido como “Día Cero” de unificación monetaria. La medida eliminó la coexistencia formal de ambas monedas y estableció una nueva referencia para el sistema cambiario, aunque para una parte de la población significó, en la práctica, una devaluación y una pérdida de capacidad de compra.
Antes de esa reforma, el peso convertible había mantenido una relación cercana a la paridad con el dólar, mientras el peso cubano se negociaba a una tasa distinta. En años posteriores, la demanda de divisas impulsó un mercado informal en el que el dólar llegó a alcanzar valores muy superiores a los oficiales. Esa experiencia sigue siendo relevante para interpretar la cotización actual: la tasa publicada por las autoridades es un dato institucional, pero la percepción del valor del peso también depende de la oferta real de moneda extranjera y de los precios observados fuera del circuito formal.
La presión cambiaria se intensificó durante los últimos años. El exministro de Economía Alejandro Gil Fernández atribuyó parte del incumplimiento de las metas de 2022 a la imposibilidad de alcanzar los ingresos previstos por exportaciones, junto con la disminución del turismo. En ese periodo, la inflación llegó a rondar 40%, encareciendo la cesta de bienes y servicios. Según la explicación oficial, la falta de disponibilidad de divisas fue uno de los factores que alimentó ese aumento.
La apertura del dólar en 24 pesos muestra, por ahora, una variación limitada en el mercado oficial. El desafío para Cuba es convertir esa estabilidad puntual en una tendencia sostenible, algo que dependerá de recuperar la producción, ampliar los ingresos externos, contener el déficit y reducir la brecha entre la cotización regulada y las condiciones efectivas de acceso a divisas.
